Hay logotipos que no necesitan presentación y otros que solo reconocen los verdaderos aficionados. Este, con dos piezas mecánicas cruzadas en su interior y ahora con un acabado más limpio y contemporáneo, pertenece a una de las firmas más singulares de la industria alemana. Durante décadas fue sinónimo de berlinas rapidísimas capaces de devorar autopistas sin estridencias. Hoy inicia una nueva etapa bajo el paraguas de BMW.
La histórica Alpina, fundada en los años sesenta en Buchloe, siempre ocupó un lugar peculiar, no era exactamente un preparador ni tampoco una división deportiva al uso. Sus coches combinaban cifras de potencia muy elevadas con un confort de marcha impropio de un modelo de altas prestaciones. Una fórmula que conquistó a quienes buscaban viajar rápido, muy rápido, pero sin llamar la atención.
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Desde el 1 de enero de 2026, Alpina opera como entidad independiente dentro del grupo bávaro. Y su carta de presentación es este nuevo emblema que, más allá de un simple rediseño gráfico, simboliza un cambio estratégico de calado.
Un logo que mira al pasado sin renunciar al presente
El nuevo distintivo conserva los dos elementos históricos que han acompañado a la firma durante más de medio siglo: el cuerpo de mariposa y el cigüeñal, referencias directas a su origen técnico y a su obsesión por la ingeniería del motor. La diferencia está en el tratamiento. Las líneas son ahora más precisas, el conjunto adopta un acabado transparente y la tipografía que rodea el escudo abandona los rasgos asimétricos setenteros para ganar claridad.
No es un gesto estético sin más. Es la manera elegida por BMW para situar a Alpina en su propia jerarquía interna. La marca ocupará el escalón más alto dentro de la denominada “capa de lujo” del grupo, por encima de los BMW convencionales y con un enfoque distinto al de la división deportiva M. Si estos últimos apuestan por la radicalidad, Alpina seguirá defendiendo la velocidad sin estridencias y el confort de larga distancia.
De taller artesanal a producción integrada
Durante casi 60 años, los modelos Alpina se ensamblaban parcialmente en fábricas de BMW y se terminaban en la planta de Buchloe, donde recibían ajustes específicos de chasis, motor e interior. Esa etapa ha terminado. A partir de ahora, los futuros BMW Alpina se producirán íntegramente en instalaciones del grupo alemán adaptadas a los estándares de esta nueva marca.
Buchloe mantendrá su papel como centro de recambios, servicio posventa y custodia del legado histórico. Pero la industrialización del proceso anticipa un salto en volumen y posicionamiento.
Más personalización y un lujo menos ostentoso
Se mantendrán los colores exteriores icónicos, ese azul profundo y el verde característico, y regresarán las clásicas llantas multirradio de 20 radios reinterpretadas. En el interior, el cuero de alta calidad será de serie, acompañado de una amplia gama de materiales y combinaciones pensadas para clientes que buscan exclusividad sin necesidad de exhibicionismo.
El primer modelo de esta nueva etapa se presentará a finales de año y todo apunta a que será una gran berlina. Su misión no será batir récords en circuito, sino ofrecer altísimas prestaciones a velocidades sostenidas, con un aislamiento y una calidad de rodadura que marquen distancias.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
