La rebelión de los motores de explosión

Italia y Alemania entre otros se amotinan ante la decisión europea de prohibir las mecánicas tradicionales a partir de 2035.

aditivo gasolina
Cámara de combustión de un motor de gasolina.

Algunos países de la UE consideran precipitada la decisión de vetar la comercialización de coches que lleven motores de explosión a partir del año 2035, fecha aprobada mediante votación en el Parlamento europeo el pasado día 14 de febrero. Argumentan en su postura que el plazo para completar la transición energética es muy restringido y que las inversiones necesarias son poco realistas para sus economías. 

Italia acaba de ratificar su oposición al plan de Bruselas y, aunque comparte los objetivos de descarbonización, propugna una transición energética que sea económicamente sostenible para la industria y además resulte equitativa socialmente.

De paso, resalta las repercusiones negativas que esta decisión tendrá para el empleo y plantea la necesidad de que el coche eléctrico no debe ser el único medio para conseguir el ansiado objetivo de las cero emisiones.  

Es un punto de vista que comparte Alemania, que también acaba de expresar su desacuerdo y la necesidad de modificar los plazos para que la descarbonización pueda llevarse a cabo sin consecuencias desastrosas para la industria automovilística.

Y en este sentido, pide que se consideren otras fórmulas complementarias al coche eléctrico, como el uso de los combustibles sostenibles obtenidos mediante energías renovables y con ellos alargar la vida de los motores de combustión interna. 

Sacrificios imposibles

Este tipo de soluciones transitorias en el camino hacia la completa descarbonización del automóvil amortiguarían el impacto de la prohibición sobre la industria europea. Una opinión expresada en las declaraciones de Gilberto Pichetto Fratin, ministro italiano de Medioambiente: “El uso de carburantes renovables compatibles con los motores térmicos contribuirá a reducir las emisiones sin exigir a los ciudadanos sacrificios económicos, en muchos casos imposibles”. 

Por su parte, Michael Theurer, secretario de Transportes en el gobierno alemán, opina que “el Gobierno europeo debería estudiar las propuestas que tuvieran en cuenta este tipo de combustibles y, aunque el coche eléctrico es el camino acertado, habría que tener en cuenta las posibilidades del desarrollo y uso de los carburantes sostenibles”. 

Así, ambos Gobiernos han expresado su deseo de que los biocombustibles puedan considerarse una alternativa compatible con la transición energética, junto con otras soluciones en desarrollo como el hidrógeno verde.

La polémica está servida y la Unión Europea no da por zanjado el asunto y ya ha manifestado que se abrirá a nuevas conversaciones para evaluar en conjunto estas propuestas. 

Sobre todo, porque a este nuevo frente de oposición abierto por Italia y Alemania, ya se han sumado otros países como Polonia y Bulgaria esgrimiendo argumentos similares.

Acelerar el fin de los motores térmicos a 2035 en Europa pondría en peligro muchos miles de puestos de trabajo y el elevado coste de la transición para los europeos enriquecería aún más a China, principal beneficiaria de una medida que consideran precipitada.

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