Qué es un ‘hormigobot’ y por qué es tan importante la técnica ‘hairpin’

Bosch es una de las empresas más destacadas en la automoción y en su fábrica de sensores de Madrid ya dispone de las tecnologías del futuro.

Un gran número de los vehículos que circulan por el mundo a diario llevan algún componente fabricado por Bosch. Pero esta marca también está presente en muchos hogares en forma de electrodomésticos, en nuevos sistemas de creación de energía y en infinidad de industrias que utilizan máquinas pesadas y complejas herramientas desarrolladas a la medida de sus necesidades. 

Unas pocas cifras explican la importancia de la red global de Bosch, que emplea a 421.338 trabajadores distribuidos en 60 fábricas y 128 centros de investigación tecnológica repartidos por todo el mundo. Y como uno de los mayores proveedores industriales, en 2022 facturó 88.200 millones de euros en ventas. 

En España, la presencia de Bosch viene de largo, ya que se estableció en 1940 y actualmente posee seis fábricas. En Madrid comenzó fabricando las primeras unidades de control electrónico que llevaron los coches modernos y, desde 1998, la planta de la calle Hermanos García Noblejas se ha ido especializando progresivamente en la producción y perfeccionamiento de sensores de aceleración, detectores de ultrasonidos y sensores de presión periféricos, que son los que hacen funcionar, por ejemplo, a los airbags.  

Un Robot Shop4 CF fabricado en España.

Los motores eléctricos de Porsche y Mercedes

A día de hoy, este importante centro y sus 795 empleados producen cada año 120 millones de sensores y facturan 244 millones de euros. Y en sus diferentes departamentos se desarrollan importantes proyectos que atañen a diferentes campos tecnológicos. 

En el campo de los motores eléctricos, Bosch destaca suministrando propulsores a marcas como Mercedes o Porsche y lidera la fabricación de mecánicas de este tipo adaptables a numerosos modelos microhíbridos de 48V, una tecnología en la que también despunta con las cada vez más populares bicicletas de asistencia eléctrica. 

En este campo esencial para la electrificación, la planta española ha desarrollado la tecnología ‘hairpin’, que ahora mismo es la referencia entre las mecánicas a batería más avanzadas.

Consiste en que el tradicional cable de cobre ya no se dispone enrollado en el interior del estator (la pieza fija sobre la que gira el rotor), sino que se sustituye por piezas independientes y asimétricas dobladas en forma de horquilla de pelo, y de ahí su nombre en inglés. Una disposición que aumenta la eficacia del motor y mejora el rendimiento de los coches eléctricos. 

Motores eléctricos Bosch con tecnología interna hairpin.

Robots que se comunican como hormigas

Sin embargo, el trabajo de investigación de la planta madrileña va más allá de la mejora de los motores y mejora día a día el propio proceso de fabricación de la industria en general. Al respecto, destaca el hito conseguido en la automatización de las cadenas de montaje de los sensores producidos en la fábrica. 

Para mejorar su productividad, el proyecto Hormigobots crea entornos productivos flexibles, basados en unos pequeños robots móviles autónomos colaborativos (AMR) que se comunican entre ellos mediante algoritmos que simulan la interacción de las hormigas. De este modo, transportan con la máxima eficacia hasta 150 kilos de materiales desde el almacén hasta a las líneas de producción.

Así, los pequeños hormigobots liberan a los trabajadores de estas penosas tareas, como por ejemplo caminar 30 kilómetros al día por los pasillos de la fábrica. Gracias a esto, los empleados pueden dedicar todo ese tiempo a trabajos de mayor valor añadido. 

Los pequeños hormigobots evitan a los trabajadores los trabajos más penosos.

Los hormigobots no están solos, ya que cuentan con la ayuda del proyecto Shop4F financiado por la Unión Europea dentro del programa Horizon Europe 2020. Dentro de esta iniciativa, la planta española de Bosch ha desarrollado otro AMR que es capaz de suministrar el material a las diferentes cadenas de producción, colocando en ellas con precisión las bandejas de componentes para su posterior ensamblaje. El operario encargado puede así dedicarse a otros trabajos más productivos en el proceso. 

El potencial I+D de esta planta madrileña trasciende el sector de la automoción. El departamento Bosch Manufacturing Solutions (BMG) trabaja en el desarrollo de tecnologías tan innovadoras en el campo de la medicina como el iToBoS. Se trata de un robot asistido por cámaras de lentes líquidas que mapea el cuerpo humano y diagnostica mediante inteligencia artificial el riesgo de padecer un melanoma.

Y aunque está todavía en periodo de desarrollo, el iToBoS ya va a empezar sus pruebas definitivas en el hospital Clinic de Barcelona y simultáneamente también en el de Trieste (Italia). 

IToBoS, el robot para diagnosticar el melanoma.

Y es que la inteligencia artificial va a estar cada vez más presente impulsando infinidad mejoras en los procesos industriales. Un buen ejemplo es el sistema informático QCDI o Digital Twin, un gemelo virtual que piensa como los humanos y a la vez simula y reproduce todas las cosas que pueden suceder para evitar y solventar averías en las plantas industriales.

En la planta Bosch de Madrid este formidable asistente digital es capaz en un solo día de enviar a la nube más de 85.000.000 mensajes, una valiosísima información que ocupa nada menos que 500 gigabits y que posteriormente analiza para configurar un ‘maletín digital’ de herramientas que sirve a los ingenieros de la fábrica para reparar cualquier fallo detectado en las máquinas. 

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