Durante años, los propietarios de coches convivieron con el miedo al robo de catalizadores, faros, llantas o cámaras traseras. Ahora, las bandas han cambiado de objetivo y ponen el foco en una pieza que hasta hace poco pasaba desapercibida.
Lo que parecía un caso aislado empieza a repetirse con más frecuencia. En Francia, policías, aseguradoras y talleres ya alertan del auge de este fenómeno, impulsado por el elevado precio de algunos recambios y la creciente actividad del mercado negro.
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La pieza que ahora buscan los delincuentes
El objetivo de esta nueva oleada de robos son los asientos traseros. Lo que puede parecer un elemento de escaso valor mueve, sin embargo, miles de euros dentro del mercado paralelo de recambios.
Su demanda responde a una necesidad muy concreta. Muchas empresas adquieren vehículos comerciales homologados para dos o tres ocupantes y, posteriormente, buscan instalar una segunda fila para transformarlos en versiones de cinco plazas. Comprar esos conjuntos directamente al fabricante suele implicar un coste muy elevado y largos plazos de espera.
Ahí es donde aparecen los vendedores ilegales. Ofrecen el conjunto completo a un precio muy inferior al oficial, creando un mercado negro especialmente rentable para las organizaciones dedicadas al robo de piezas.
Un robo que apenas requiere unos minutos
A diferencia de otros componentes del vehículo, este elemento no exige herramientas sofisticadas ni conocimientos avanzados de mecánica. En muchos modelos basta con acceder al habitáculo y desmontarlo utilizando una llave convencional, una operación que puede completarse en muy poco tiempo.
Esa facilidad reduce considerablemente el riesgo para los delincuentes. Cuanto menos permanece el ladrón junto al vehículo, menores son las posibilidades de ser descubierto, una circunstancia que ha convertido esta modalidad en una alternativa especialmente atractiva frente a otros robos más complejos.
El problema no termina cuando desaparece la pieza. En numerosos casos, los daños ocasionados para acceder al interior del coche elevan todavía más la factura, ya que las ventanillas rotas, los guarnecidos y distintos elementos del habitáculo también deben sustituirse.
El negocio está en internet
Las investigaciones desarrolladas en Francia apuntan a que buena parte de estas piezas termina casi de inmediato en plataformas de compraventa y redes sociales. Los anuncios aparecen y desaparecen con rapidez, dificultando cualquier intento de seguimiento.
Los expertos explican que el principal atractivo reside en que muchos de estos componentes no incorporan un número de identificación individual, por lo que resulta prácticamente imposible demostrar de qué vehículo proceden una vez han sido desmontados.
Esta ausencia de trazabilidad convierte el mercado de segunda mano en el escenario perfecto para introducir material robado entre piezas de origen legal. A ojos del comprador resulta muy complicado distinguir unas de otras si no existe documentación que acredite su procedencia.
Hay modelos especialmente codiciados
Los especialistas franceses han detectado que algunos vehículos concentran buena parte de los robos. Entre ellos destacan el Renault Clio, tanto en sus generaciones IV como V, y el Citroën C3, dos de los utilitarios más vendidos del país durante los últimos años.
Su enorme difusión facilita encontrar compradores casi de inmediato. Cuanto mayor es el parque circulante de un modelo, más sencillo resulta colocar cualquier componente en el mercado de ocasión.
Precisamente esa elevada demanda explica que los anuncios de asientos completos aparezcan con frecuencia en internet y desaparezcan en cuestión de horas, alimentando un negocio que las autoridades consideran cada vez más profesionalizado.
Reparar el coche puede costar más que su valor
Las consecuencias para los propietarios van mucho más allá del propio robo. Sustituir un juego completo de asientos originales puede convertirse en una operación muy costosa debido al precio del recambio y a la escasa disponibilidad de determinadas referencias.
En algunos casos documentados por medios franceses, las reparaciones han alcanzado facturas superiores a los 10.000 euros, especialmente cuando el robo también provoca daños en la carrocería o en el interior del vehículo.
Incluso existen situaciones en las que las compañías aseguradoras optan por declarar el coche siniestro económico al considerar que el coste de devolverlo a su estado original supera el valor del propio automóvil.
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