Cuando Porsche presentó el Cayenne Electric, sacó a la luz el modelo de producción más potente de toda su historia con su versión Turbo. Un título así se merece una campaña de publicidad que esté a la altura, así que la marca alemana ha decidido ponerle a “competir” contra el avión más grande y potente del mundo, el Roc.
No ha sido una carrera al uso, si no de una maniobra que la compañía ha descrito como “prueba de precisión, estabilidad y potencia”. En ella, el SUV eléctrico debía ser capaz de mantener el ritmo con el avión mientras éste despegaba, situándose en una zona muy concreta, ya que fuera de ella corría peligro.
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El Roc es un avión muy peculiar y es que, por su tamaño, cuenta con dos fuselajes, cuando lo habitual es tener solo uno. En la parte exterior de cada uno, cuenta con tres turbinas que, con la potencia que tienen y el aire que expulsan, generan unas turbulencias enormes, tanto que si el Porsche entraba en esa zona, podría perder el control.
El avión es capaz de generar unos 154.448 kilos de empuje, es decir, suficiente como, para que el SUV, si entraba dentro de la corriente, saliera volando. Además, sirve para propulsarlo a una velocidad suficiente como para despegar incluso cuando va con su carga máxima, que es de más de 500 toneladas.
El área óptima para completar la maniobra estaba comprendida entre ambos fuselajes, las alas delanteras y las dos colas del avión. A efectos prácticos es una superficie de varias decenas de metros cuadrados, por lo que el Cayenne entraba sin problema, pero el problema está en que esa zona está en movimiento y se mueve muy rápido.
No solo velocidad, también precisión
Se trataba, por tanto, de una manobra complicada, como explica Patrick Long, piloto a los mandos del coche: “Probablemente fue uno de los momentos de mayor concentración e intensidad de mi vida. Confiábamos en los datos y sabía que podía contar con el Cayenne y con los pilotos del Roc, formábamos un buen equipo. Comenzamos despacio, con la batería totalmente cargada: utilizaba la potencia mínima y mantenía el coche exactamente donde debía estar, sabiendo que disponía de las prestaciones necesarias para conservar mi posición pasara lo que pasara”.
El Porsche Cayenne Electric Turbo emplea un sistema de propulsión con dos motores que le otorgan una potencia de 850 kW (1.156 CV) y 1.500 Nm de par, rendimiento suficiente como para lanzarle de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos.

“La verdadera aceleración se produjo cuando los seis motores alcanzaron su régimen de giro óptimo. Al superar los 160 km/h, activé el modo Boost y aproveché todo el potencial del Cayenne, manteniéndome justo a la altura del tren de aterrizaje. Fue una sensación increíble: el sonido de aquellos seis motores era ensordecedor y podía sentir cómo la turbulencia golpeaba el coche, pero este se mantuvo firme y estable, incluso después de que el Roc despegara y los motores apuntaran directamente hacia nosotros. En ese instante, eché un vistazo al velocímetro y vi que superaba los 270 km/h antes de levantar el pie del acelerador”, concluye.
La otra parte de la ecuación era Jonathan «Beast» Bearce, piloto jefe de pruebas de Stratolaunch que estaba al frente del Roc: “Confiaba plenamente en Patrick y en el Cayenne para cumplir su cometido, eso significaba que yo simplemente me centraba en hacer el mío. Desde mi posición no podía verlo en absoluto, pero al revisar las imágenes vi que se había colocado a la perfección, aquello requirió mucho valor. Me impresionó enormemente la serenidad de Patrick y cómo el coche respondió bajo presión”.
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