Conducir

Nueve consejos para mantener bien cuidado el parabrisas en verano

Las altas temperaturas, los insectos y el polvo en suspensión son enemigos difíciles para el cristal más importante del coche.

parabrisas

Un parabrisas sucio puede convertirse en un problema de seguridad.

Es el cristal más importante del coche. El parabrisas aporta visibilidad al conductor y le protege al mismo tiempo del azote del aire. También aloja ahora sensores y cámaras vitales para el funcionamiento de las ayudas a la conducción, e incluso cumple cometidos estructurales, porque refuerza la carrocería y debe incluso soportar la presión del airbag del pasajero.

Por seguridad y por evitar una multa, hay que mantenerlo en buen estado: según indica el artículo 19 del Reglamento General de Circulación, “la superficie acristalada del vehículo deberá permitir, en todo caso, la visibilidad diáfana del conductor.

Estos son algunos consejos que pueden ayudar a que en los viajes largos de verano no haya problemas con el parabrisas y otros cristales del coche, que con las altas temperaturas sufren más que en otras épocas del año.

Prevenir y reparar

Las temperaturas extremas y las diferencias térmicas pueden hacer que un pequeño impacto fácil de reparar desemboque en una rotura irreparable. De hecho, el invierno y el verano son las épocas del año en que más cristales se rompen, según datos de la empresa especializada Carglass. Así, si el parabrisas ha sufrido un impacto, hay que acudir al taller lo antes posible y repararlo en lugar de cambiarlo, siempre que exista la posibilidad: un parabrisas reparado recupera sus condiciones y rigidez originales.

Las escobillas, siempre en buen estado

Una creencia extendida es pensar que las escobillas hayan de cambiarse antes de las lluvias del otoño, ya que se habrán estropeado con el calor del verano. No es cierto. Sin embargo, si el coche duerme en la calle, conviene untar la goma con vaselina en verano para que no se dañe con el calor extremo y lleguen así en buen estado al invierno.

En todo caso, deben asegurar una correcta limpieza y visibilidad, porque el polvo y los insectos del verano, mezclado con un aguacero estival, pueden poner a prueba al sistema. Y como no funcione bien, el conductor se queda a ciegas.

El líquido limpiaparabrisas

En verano hay que estar particularmente atentos al nivel del depósito del líquido limpiaparabrisas, ya que se suele recurrir a él a menudo para eliminar el polvo los insectos acumulados. Se trata de evitar quedarse sin líquido en el momento más inoportuno.

El doble riesgo de los insectos

Con el calor del verano, muchos insectos acaban su vida contra el cristal. El problema llega cuando se acumulan en exceso, ya que si entonces se usan las escobillas, los restos secos pueden dañarlas. La solución es usarlas a menudo cuando se circula, e incluso detenerse en un estación de servicio para limpiar el parabrisas.

Polvo en suspensión y arena de la playa

La sequedad, las elevadas temperaturas y los vientos procedentes de África hacen que en verano se levante más polvo y arena. Además, las grietas del asfalto se dilatan por el calor y en ellas se acumula polvo, que los automóviles levantan a su paso. Este polvo se adhiere a los cristales y reduce la visión. Hay que elegir bien cuándo usar los limpiaparabrisas para limpiarlo, porque el barro que se forma en el parabrisas y los reflejos de la luz nos dejarán a ciegas unos segundos.

Por otro lado, los coches estacionados cerca la playa suelen acabar cubiertos por una fina capa de polvo y arena. Al salir de la playa no hay que activar los limpiaparabrisas, ni tampoco los elevalunas, que podrían dañarse y rayar los cristales. La respuesta de manual sería limpiar el coche con aire y agua a presión, algo que en el mundo real es casi imposible de hacer.

Lo que sí se puede hacer es primero abrir las puertas para sacar el aire caliente, subirse, arrancar y poner el coche en movimiento para que el aire levante la capa acumulada. Y después, accionar los limpiaparabrisas para terminar de limpiar el cristal. Por último, sí, lo ideal sería lavar el vehículo.

Ojo con el sol

Un error peligroso será activar el líquido limpiaparabrisas con el cristal sucio y cuando el sol esté de cara: durante unos instantes se perderá casi por completo la visibilidad. Y a 120 km/h, se recorren más de 30 metros por segundo. Este efecto se acentúa, en gravedad y tiempo, con unas escobillas desgastadas.

La lluvia traicionera

Un chaparrón de verano no tiene por qué limpiar el parabrisas, sino más bien al contrario. En estas épocas, el coche suele acumular polvo, que tarda en limpiarse, a lo que se suma el polvo en suspensión en el ambiente, que no desaparece si la lluvia es breve. Como peligro añadido, el asfalto se vuelve muy resbaladizo en estas condiciones.

No estacionar debajo de un árbol

La sombra de un árbol ayuda a combatir el calor cuando el coche se deja en la calle, pero puede traer malas consecuencias. Los excrementos de los pájaros, los frutos maduros y las resinas pegajosas son elementos difíciles de eliminar del parabrisas. Y que además dañan la pintura de la carrocería.

Agua y toalla

Si sobre el parabrisas se acumulan restos de suciedad persistentes, una buena solución es humedecer una toalla con agua y jabón y dejarla actuar durante la noche. Para manchas muy rebeldes se puede utilizar un poco de bicarbonato de sodio en un paño de microfibra.

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