Hay un momento durante un viaje por carretera en el que la visibilidad puede cambiar de forma repentina, aunque hasta entonces todo parezca estar bajo control y el trayecto transcurra con normalidad.
La situación resulta especialmente delicada cuando el conductor necesita reaccionar con rapidez, ya que cualquier alteración delante del parabrisas puede dificultar la percepción de otros vehículos, señales u obstáculos.
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Un gesto aparentemente inofensivo
El verano deja en el parabrisas mucho más que restos de insectos. Polvo, arena y suciedad terminan acumulándose sobre el cristal y pueden pasar desapercibidos hasta que el conductor necesita utilizarlo.
El problema aparece cuando esa capa se mezcla con una circunstancia muy habitual en carretera: el sol incidiendo directamente sobre el parabrisas. Es entonces cuando un movimiento cotidiano puede jugar una mala pasada.
Carglass lleva tiempo alertando de esta situación en sus recomendaciones para mantener los cristales del vehículo en buenas condiciones. La compañía especializada en lunas señala que activar el sistema en ese momento puede generar reflejos que dificulten temporalmente la visión.
No se trata únicamente de que el cristal quede peor después de un barrido. La combinación entre suciedad, líquido y luz solar puede crear una especie de pantalla delante del conductor durante unos segundos.
Más de 30 metros sin ver correctamente
La situación adquiere otra dimensión cuando ocurre en una autopista o autovía. A 120 km/h un vehículo avanza unos 33 metros cada segundo.
Eso significa que basta con perder una parte importante de la visibilidad durante un instante para recorrer una distancia considerable sin controlar correctamente lo que sucede delante.
El riesgo aumenta todavía más si el vehículo que circula delante se encuentra cerca. Una pérdida momentánea de visión puede dificultar la reacción ante una frenada, un cambio de carril o cualquier imprevisto.
Por eso, el estado del parabrisas no debería considerarse únicamente una cuestión estética. La visión es uno de los elementos fundamentales de la conducción, y cualquier obstáculo que la limite puede tener consecuencias.
El verano juega en contra
Durante los meses cálidos se acumulan varios factores que favorecen este problema. Las altas temperaturas, el viento y la presencia de polvo en suspensión facilitan que pequeñas partículas terminen adheridas al cristal.
También los insectos dejan restos difíciles de retirar, especialmente después de circular durante varios kilómetros. Si a todo ello se suma un parabrisas que no está completamente limpio, el barrido puede resultar mucho menos efectivo.
Carglass recuerda además que las primeras lluvias después de un periodo seco pueden generar una situación complicada. La suciedad acumulada se mezcla con el agua y forma una película que afecta tanto a la calzada como a las lunas.
Las escobillas también tienen mucho que decir
Hay otro elemento que suele pasar desapercibido hasta que empieza a fallar: las escobillas limpiaparabrisas. Con el tiempo pierden eficacia y dejan zonas del cristal sin limpiar correctamente.
Una goma deteriorada puede arrastrar la suciedad en lugar de retirarla y generar marcas sobre la superficie. Si además el conductor tiene el sol de frente, esas irregularidades pueden resultar todavía más molestas.
También conviene vigilar el nivel del líquido limpiaparabrisas. Llevar suficiente cantidad permite afrontar con mayor facilidad la aparición de insectos, polvo u otros residuos durante un trayecto largo.
El parabrisas no solo sirve para mirar
La importancia de mantener esta superficie limpia va más allá de la visión directa del conductor. Muchos vehículos actuales incorporan cámaras y sensores de sistemas ADAS situados en la zona del parabrisas.
Estas tecnologías utilizan la información captada delante del automóvil para ofrecer funciones de asistencia a la conducción. Por eso, cualquier elemento que interfiera en esa zona puede tener importancia.
Carglass sitúa precisamente la visión como uno de los grandes pilares de la seguridad al volante. Según los datos que maneja la compañía, el 90% de la información que recibe el conductor procede de la vista.
Lo que conviene hacer con arena y polvo
Existe además otro error relacionado con el mantenimiento de las lunas que puede terminar dañándolas. Cuando el coche ha quedado cubierto de arena o polvo seco, activar directamente las escobillas no es la mejor opción.
Las partículas quedan atrapadas entre la goma y el cristal y pueden actuar como pequeñas partículas abrasivas. El movimiento repetido puede terminar provocando arañazos en la superficie.
Por ello, se debe retirar primero la mayor parte de la suciedad utilizando agua. Después ya será posible realizar una limpieza más profunda sin someter al parabrisas a ese desgaste innecesario.
Es especialmente importante tras aparcar cerca de la playa o cuando el vehículo ha permanecido expuesto durante horas a viento, arena y polvo.
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