Hay situaciones al volante en las que levantar el pie del acelerador no solo deja de ser una opción, sino que puede convertirse en un problema. La clave está en saber cuándo esa forma de circular deja de estar justificada.
No todas las carreteras funcionan con las mismas reglas, y una diferencia aparentemente pequeña puede cambiar por completo la consideración de una maniobra. La normativa contempla varios escenarios que conviene tener presentes.
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No solo importa cuánto se corre
Cuando se habla de infracciones relacionadas con el velocímetro, lo habitual es pensar en los conductores que superan los límites establecidos. Sin embargo, el Reglamento General de Circulación también contempla el caso contrario.
El artículo 49 establece que ningún conductor debe entorpecer la marcha normal de otros usuarios circulando, sin una causa justificada, a una velocidad anormalmente reducida. La norma busca evitar que una diferencia excesiva de ritmo genere situaciones peligrosas.
Por tanto, no se trata simplemente de que exista una cifra por debajo de la cual siempre haya multa. La clave está en que el vehículo circule a una velocidad excesivamente baja sin una razón que lo justifique y pueda dificultar la circulación de los demás.
La cifra que marca la diferencia
En autopistas y autovías existe una referencia especialmente importante: 60 km/h. La normativa prohíbe circular por estas vías por debajo de esa velocidad cuando no existe una circunstancia que lo justifique.
Eso no significa que un conductor pueda mantener siempre esa cifra como si fuera una obligación absoluta. La velocidad debe adaptarse a las condiciones de la circulación, de la carretera y del propio vehículo.
También establece una regla diferente para el resto de vías. En estos casos, la velocidad mínima se sitúa en la mitad de la velocidad máxima genérica que corresponda a la vía y al vehículo.
Para entenderlo mejor, basta con un ejemplo. Si un turismo circula por una carretera convencional cuyo límite máximo genérico es de 90 km/h, la referencia mínima será de 45 km/h. En cambio, un camión tiene en estas vías un límite máximo genérico de 80 km/h, por lo que su referencia mínima será de 40 km/h.
Cuándo está justificado reducir el ritmo
La norma contempla numerosas circunstancias en las que conducir más despacio no solo está permitido, sino que resulta necesario. El estado de la vía o lo que ocurre alrededor del vehículo puede obligar a modificar la velocidad.
La presencia de peatones, animales, ciclistas, autobuses detenidos o zonas con poca visibilidad son algunos ejemplos. También hay que extremar la precaución al aproximarse a intersecciones, pasos de peatones, glorietas o estrechamientos.
Las condiciones meteorológicas tienen igualmente un papel importante. La lluvia intensa, la nieve, la niebla densa, el humo o el polvo pueden hacer necesario reducir considerablemente la marcha para mantener el control del vehículo.
Cuando el coche no puede alcanzar la velocidad mínima
Existe además un supuesto especialmente importante: que el vehículo tenga algún problema que le impida mantener la velocidad exigida.
Si un automóvil sufre una avería y ya no puede avanzar al ritmo habitual, el conductor debe advertir al resto de usuarios cuando exista peligro de alcance. Para ello, la normativa contempla el uso de la señal de emergencia durante la circulación.
En una autovía o autopista, además, la recomendación es abandonar la vía por la primera salida posible cuando una circunstancia excepcional impida mantener una velocidad adecuada. El objetivo es evitar que un vehículo demasiado lento quede expuesto a una circulación mucho más rápida.
La sanción no depende solo del velocímetro
La consideración de infracción grave es lo que puede convertir una circulación injustificadamente lenta en un problema para el conductor. La sanción prevista para este tipo de comportamiento es de 200 euros, sin pérdida de puntos del permiso.
Pero hay una diferencia esencial entre conducir despacio porque el tráfico, la carretera o el tiempo lo exige y hacerlo sin causa justificada, creando una situación de riesgo o entorpeciendo la marcha de los demás.
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