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El primer semáforo de España cumple 100 años: tenía seis luces y revolucionó para siempre el tráfico 

Madrid |

Fue recibido como una gran novedad en una ciudad donde coches, tranvías, carruajes y peatones compartían las mismas calles.

Semáforo ámbar

Foto: Getty Images

Hoy están en grandes avenidas, cruces de barrio, carreteras y su función es regular los pasos de peatones. Sin embargo, hubo un tiempo en el que los semáforos no existían y organizar el tráfico dependía exclusivamente de agentes situados en las intersecciones más conflictivas. 

Este año se cumplen 100 años de la llegada del primer semáforo a España, una instalación que transformó la movilidad de Madrid y marcó el inicio de una nueva forma de entender la circulación en nuestras ciudades.

Seis señales luminosas 

Fue inaugurado en marzo de 1926 en pleno centro de la capital, en una zona que ya entonces sufría importantes problemas de tráfico. El sistema se colocó en el entorno del cruce entre la calle Alcalá y la entonces avenida del Conde de Peñalver, hoy conocida como Gran Vía. Aquella intersección era una de las más transitadas de la ciudad y concentraba automóviles, carruajes, tranvías y numerosos peatones.  

En realidad, no se instaló un único aparato, sino un conjunto de seis señales luminosas distribuidas estratégicamente para ordenar los distintos movimientos de tráfico. Algunas regulaban el paso de los vehículos que accedían a la actual Gran Vía y otras controlaban las diferentes direcciones de circulación en la zona.

La inauguración fue todo un acontecimiento, pero no todos entendieron de inmediato cómo funcionaba el sistema. De hecho, fue necesario explicar a conductores y peatones qué significaban los distintos colores y cómo debían comportarse cuando aparecía cada señal luminosa. 

Tres colores y un funcionamiento muy avanzado 

Aunque han pasado 100 años, algunas cosas apenas han cambiado. Aquel sistema ya utilizaba los clásicos colores rojo, amarillo y verde. El rojo ordenaba detenerse, el verde permitía el paso y el amarillo servía como fase intermedia de advertencia. Además, el mecanismo incorporaba timbres acústicos para avisar del cambio de señal, algo especialmente útil en una época en la que pocos usuarios estaban familiarizados con este tipo de dispositivos.  

También contaba con una característica sorprendente para aquellos años: podía funcionar de manera automática, aunque disponía de un sistema manual para continuar operando en caso de avería eléctrica. 

La victoria definitiva del automóvil 

Más allá de su valor tecnológico, la instalación del primer semáforo simbolizaba un cambio mucho más profundo. Durante las primeras décadas del siglo XX, las ciudades españolas comenzaron a transformarse para adaptarse al crecimiento del automóvil.

Las calles, que hasta entonces habían estado dominadas por peatones, tranvías y vehículos de tracción animal, tuvieron que reorganizarse para acoger un número cada vez mayor de coches.  

Los semáforos fueron una de las herramientas que hicieron posible esa transición. Gracias a ellos, el tráfico podía gestionarse de forma más eficiente y se reducía la dependencia de los agentes encargados de regular manualmente la circulación en los cruces más complejos. 

Diferentes coches pasando por la intersección de la Gran Vía madrileña.

De uno a decenas de miles 

Lo que comenzó como un experimento en un único cruce no tardó en extenderse por el resto de la ciudad. A medida que aumentaba el número de vehículos, también lo hacía la necesidad de instalar nuevos sistemas de regulación. 

Un siglo después, Madrid cuenta con miles de semáforos repartidos por toda la ciudad, mientras que, de igual manera, el resto de ciudades españolas dependen de ellos para gestionar millones de desplazamientos diarios.  

Resulta difícil imaginar hoy la circulación sin ellos. Pero hace exactamente 100 años aquellos seis puntos de luz situados en una concurrida esquina madrileña representaban el futuro. Y, visto con perspectiva, no se equivocaban: fueron el primer paso hacia la movilidad urbana moderna que conocemos en la actualidad.

Un semáforo en 2026.

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Antonio Ramos del Olmo Perfil de Antonio Ramos del Olmo en Linkedin

Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.

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