En el debate diario sobre qué tecnología de propulsión resulta más rentable para el bolsillo del conductor, las cifras de homologación oficial suelen quedarse cortas frente a la realidad del tráfico cotidiano. La constante oscilación en el precio de los carburantes y las cambiantes tarifas de la electricidad dificultan que el usuario medio determine con precisión qué opción mecánica le conviene más a largo plazo.
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Con el objetivo de aportar luz en este complejo panorama, el medio escandinavo TV 2 ha llevado a cabo una comparativa directa, rigurosa y enormemente esclarecedora junto al organismo automovilístico escandinavo FDM. La metodología empleada en el ensayo ha destacado por una simplicidad tan práctica como reveladora: reunir tres vehículos idénticos de la misma marca y gama, diferenciados únicamente por su sistema de propulsión (gasolina, diésel y 100% eléctrico).
El reto no consistía en evaluar la velocidad máxima ni el equipamiento tecnológico, sino en responder a la gran pregunta que se hace cualquier comprador en el concesionario: cuál de los tres vehículos es capaz de recorrer mayor distancia invirtiendo exactamente el mismo presupuesto inicial en combustible o recarga de energía. Un experimento sobre el terreno diseñado para medir el coste real por kilómetro sin artificios teóricos.
Presupuesto idéntico en combustible
Para garantizar la máxima equidad a lo largo de todo el ensayo, el equipo de pruebas de TV 2 fijó una partida económica idéntica de 100 coronas suecas (8,87 euros) destinada al repostaje de carburante y a la carga de la batería. A partir de ese punto de partida presupuestario, los tres automóviles emprendieron un recorrido simultáneo bajo las mismas condiciones de tráfico, estado de la calzada y temperatura ambiental, avanzando hasta agotar de manera precisa el importe asignado.
Los resultados analizados tras completar la prueba no han dejado margen para la duda ni la especulación. En el peldaño más bajo de la eficiencia económica se situó la versión de gasolina. Esta mecánica se vio claramente lastrada por el mayor precio por litro en el surtidor y por un rendimiento térmico intrínsecamente menos eficiente en ciclos mixtos de conducción, lo que provocó que agotase su crédito presupuestario en una distancia sensiblemente inferior a la de sus rivales.
Por su parte, la variante alimentada por gasóleo logró defenderse con notable solidez. El motor diésel sacó partido a la elevada densidad energética de su combustible y a su tradicional capacidad para mantener consumos contenidos en carretera, superando con holgura la autonomía alcanzada por la versión de gasolina. Sin embargo, a pesar de su buen rendimiento en distancias largas, la brecha frente a la electrificación total terminó resultando del todo insalvable.
La electricidad se hace con el galardón
El coche 100% eléctrico se coronó como el vencedor indiscutible del enfrentamiento al multiplicar la distancia recorrida en comparación con las alternativas de combustión interna. Al nutrir su batería a través de tarifas energéticas eficientes, la arquitectura de cero emisiones demostró una superioridad incontestable en términos de rendimiento económico por kilómetro, dejando muy atrás los registros tanto del diésel como de la gasolina.
No obstante, las conclusiones de la prueba introducen un matiz analítico fundamental que condiciona el triunfo del coche eléctrico: el origen del suministro energético y la tipología del punto de recarga utilizado.
Si bien la recarga vinculada en el hogar o el uso de redes lentas nocturnas permite maximizar de forma drástica la distancia recorrida por cada moneda invertida, el escenario cambia cuando se recurre de forma exclusiva a la infraestructura pública de carga ultrarrápida en carretera.
En este último supuesto, el elevado coste del kilovatio hora puede reducir drásticamente esa ventaja competitiva, equiparando el gasto por kilómetro al de un vehículo diésel eficiente de última generación.
Radiografía para la decisión de compra
Las evidencias extraídas por el medio nórdico dibujan un mapa muy claro sobre el estado de la transición energética en el sector de la automoción. Para el conductor que realiza la mayoría de sus trayectos diarios en entornos urbanos o interurbanos y dispone de la posibilidad de recargar en su domicilio con tarifas reducidas, la tecnología eléctrica no tiene rival en lo que a ahorro económico se refiere.
Por el contrario, el diésel mantiene su lógica funcional como la herramienta más idónea para aquellos perfiles profesionales o particulares que acumulan grandes tiradas de kilómetros anuales en autopista sin margen para planificar paradas. La gasolina, finalmente, queda relegada a un plano de menor eficiencia financiera en largos recorridos, siendo una opción enfocada a usos más moderados.
En definitiva, el ensayo demuestra que la rentabilidad de un automóvil ya no depende únicamente del motor elegido, sino de la estrategia de repostaje y del patrón de uso real de cada conductor. Así, las diferencias exactas de recorrido con un presupuesto fijo de 100 coronas o 8,87 euros (tomando como referencia el coste real por kilómetro de cada tecnología) se traducen en los siguientes rangos de kilometraje:
| Motorización / Recarga | Autonomía lograda con 100 coronas (8,87 euros) | Rendimiento aproximado |
| Coche eléctrico (carga en casa) | ~300 – 320 kilómetros | Máxima rentabilidad por euro invertido |
| Coche Diésel | ~100 – 110 kilómetros | Rendimiento intermedio |
| Coche de Gasolina | ~85 – 95 kilómetros | Menor distancia recorrida |
| Coche eléctrico (carga rápida en ruta) | ~90 – 110 kilómetros | Similar a un diésel moderno |
Las claves numéricas del estudio
- El eléctrico arrasa en casa: cuando el vehículo se recarga con tarifas domésticas eficientes (aproximadamente a la tarifa base de red), la variante 100% eléctrica llega a recorrer más de tres veces la distancia de un coche de combustión, superando holgadamente los 300 kilómetros.
- La gasolina se queda corta: con el mismo importe en el surtidor, la versión de gasolina es la primera en detenerse, quedándose sensiblemente por debajo de los 100 kilómetros de autonomía debido al mayor precio del litro y a un rendimiento energético inferior en ciclo mixto.
- El diésel aguanta el tipo: consigue superar los 100 kilómetros de recorrido gracias a la densidad energética del gasóleo, situándose como la opción de combustión más eficiente.
- El matiz de la recarga pública: el informe destaca que, si el coche eléctrico se carga exclusivamente en puestos de carga rápida o ultrarrápida en carretera, el coste por kilovatio se encarece drásticamente, haciendo que la distancia recorrida con las 100 coronas (8,87 euros) caiga a niveles equivalentes a los del diésel (~100 kilómetros).
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Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.
