Para un taxista, nada es tan importante como el coche con el que trabaja todos los días. Debe ser cómodo, gastar poco y, sobre todo, soportar una cantidad de kilómetros muy superior a la que recorrería la mayoría de los vehículos particulares.
Gregorios Sachinidis, un taxista de Salónica (Grecia), llevó esta última condición hasta un extremo difícil de imaginar. Su compañero de trabajo fue durante 23 años un Mercedes-Benz 240D W115 que acabó acumulando casi 4,6 millones de kilómetros. Y lo más sorprendente es que ni siquiera lo había comprado nuevo.
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Un taxi que ya llegó usado
La historia comenzó en 1981, cuando Sachinidis compró en Alemania un Mercedes-Benz 240D fabricado en 1976. El coche tenía apenas cinco años, pero su anterior propietario le había dado bastante uso: el cuentakilómetros ya marcaba unos 220.000 kilómetros.
Aquella cifra no fue un impedimento para destinarlo al taxi. Y tampoco se limitó a recorrer las calles de Salónica. Sachinidis había vivido en Alemania y hablaba alemán, lo que le permitió trabajar con agencias de viajes y realizar numerosos desplazamientos internacionales. Condujo hasta Alemania, visitó Turquía en ocho ocasiones y viajó más de 90 veces a Bulgaria.
El viejo 240D llegó incluso a tener su particular episodio histórico. En 1993, Sachinidis atravesó la Yugoslavia en guerra acompañando a un camión que transportaba ayuda humanitaria hacia Belgrado.
Todo aquello fue sumando kilómetros hasta alcanzar una cifra extraordinaria. Cuando dejó de prestar servicio en 2004, marcaba 4,6 millones de kilómetros, el equivalente aproximado a dar 115 vueltas alrededor del planeta.
El secreto de su Mercedes 240D
Una historia así invita a pensar en un motor prácticamente indestructible, aunque la realidad tiene algunos matices. El Mercedes-Benz 240D W115 montaba el conocido OM616, un diésel atmosférico de cuatro cilindros y 2,4 litros.
Pero llegar a semejante kilometraje necesitó algo más que una mecánica robusta. Sachinidis prestaba especial atención al mantenimiento, con cambios de aceite, filtros y las reparaciones siempre a tiempo. Además, recurrió a tres motores que iba rotando y reconstruyendo, por lo que la historia no debe interpretarse como la de una mecánica que completó todos esos kilómetros sin intervención alguna.
Precisamente ahí reside buena parte de lo excepcional. En lugar de desechar el vehículo cuando empezaron a acumularse cientos de miles de kilómetros, su propietario continuó manteniéndolo y reparándolo para seguir trabajando con él.
Mercedes recuperó el coche
La historia acabó llegando hasta Mercedes-Benz. En 2004, cuando el taxi llevaba más de dos décadas de servicio, el fabricante quiso incorporar aquel peculiar 240D a su colección y llegó a un acuerdo con su propietario para quedarse con él.
Sachinidis entregó entonces el coche y recibió a cambio un Mercedes nuevo. El veterano W115 puso rumbo a Stuttgart, donde quedó vinculado a la colección histórica de la compañía.
Era un retiro difícil de imaginar aquel día de 1981 en el que un taxista griego compró un coche usado que ya acumulaba 220.000 kilómetros. Después de 23 años trabajando juntos, aquel número que entonces podía parecer elevado había quedado reducido prácticamente a una anécdota.
No es el récord
Por extraordinaria que resulte la cifra alcanzada por Sachinidis, hay otro taxi de la firma alemana que la supera ampliamente. Y está en España. Se trata de un Mercedes-Benz W123 Lang 240D Limousina que ha recorrido más de siete millones de kilómetros sin salir de Gran Canaria. Fue comprado en 1986 por Domingo, conocido como ‘Dominguito’, y comenzó a prestar servicio en agosto de 1988.
Su ritmo de trabajo ayuda a explicar semejante kilometraje. El vehículo, con capacidad para siete pasajeros además del conductor, ha llegado a realizar unos 700 kilómetros diarios, principalmente entre el aeropuerto de Gran Canaria y Maspalomas, aunque también circula por otros puntos de la isla. Tres conductores se reparten su utilización en turnos de ocho horas y el mantenimiento está a la altura: el aceite se cambia semanalmente y el motor recibe una revisión profunda cada millón de kilómetros.
Eso sí, tampoco aquí se puede hablar de siete millones de kilómetros sin intervenciones. El motor original fue sustituido y actualmente monta su segunda mecánica, además de contar con otra de reserva. El coche pasó asimismo por una restauración integral que lo mantuvo parado durante un mes, el único periodo de inactividad desde 1988. Una historia todavía más extrema que demuestra hasta dónde puede llegar un vehículo sometido a un uso intensivo cuando detrás existe un mantenimiento igualmente excepcional.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he encontrando el camino. Ahora lo comunico sin levantar el pie del acelerador.
