Durante el verano, los coches están sometidos a una circunstancia extrema que afecta negativamente a su funcionamiento: el calor. Las elevadas temperaturas pueden ser perjudiciales para los automóviles en múltiples aspectos, lo que combinado con desplazamientos más largos de lo habitual puede resultar en averías inesperadas que den al traste con las vacaciones.
De hecho, es algo que afecta tanto a los vehículos que en la época estival las averías más habituales entre los automóviles incluso difieren de las que suceden en otras temporadas del año.
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Según los datos recopilados por Carly, empresa especializada en diagnósticos, hay cinco problemas que destacan por encima del resto y, en los peores casos, pueden suponer un desembolso de varios miles de euros en su reparación.
La batería de 12 voltios es uno de los elementos que más se puede ver afectado, porque el calor acelera su desgaste y aumenta las probabilidades de que deje de funcionar de forma repentina. Esto es un inconveniente enorme porque directamente impide el arranque del vehículo.
Esto se debe a que las altas temperaturas favorecen la evaporación del electrolito y, además, pueden provocar picos de tensión que obliguen a sustituir la batería. Su reparación o reemplazo tiene un coste aproximado de entre 95 y 305 euros.

En segundo lugar se encuentra el sistema de refrigeración. Durante el verano es más fácil que el motor alcance temperaturas excesivas si el circuito de refrigeración presenta algún problema: un nivel insuficiente de refrigerante, que conviene revisar antes de salir de viaje; un radiador en mal estado o una bomba de agua averiada. Estos fallos pueden terminar causando averías de gran importancia que impliquen una factura de entre 70 y 820 euros.
Otro problema recurrente tiene que ver con el aire acondicionado, que es uno de los protagonistas del coche en verano. Las elevadas temperaturas obligan al sistema de climatización a trabajar de forma continuada y forzando más de lo habitual, lo que aumenta el riesgo de averías. Los problemas más habituales son las fugas de gas refrigerante, los fallos del compresor o los problemas en el condensador. Su reparación puede costar entre 80 y 1.220 euros.
La importancia del aceite y los neumáticos
En cuarto lugar está el aceite del motor y de la transmisión. El calor reduce la capacidad lubricante del aceite y acelera su degradación, lo que puede derivar en un incremento del desgaste interno de los componentes mecánicos.
Es algo de lo que conviene estar pendiente durante todo el año, pero que se acentúa en la época estival. Y conviene estar atentos a ello, porque, si no se actúa a tiempo, el problema puede desembocar en averías muy costosas que pueden llevar incluso a la rotura del motor o de la caja de cambios. Como cabría imaginarse, se trata de algunas de las situaciones más costosas que se pueden producir en un vehículo, con un coste de la reparación que puede ir de los 75 a los 3.540 euros.

Por último, los neumáticos. Son un elemento que siempre está expuesto a potenciales problemas, pero en verano el aumento de la temperatura eleva la presión en el interior de las ruedas, lo que favorece que se produzca un desgaste irregular e incluso el riesgo de reventón.
Comprobar periódicamente la presión y el estado de los neumáticos es una de las medidas preventivas más eficaces. Hay que hacerlo de manera regular, pero especialmente antes de llevar a cabo un viaje largo. Es algo que no cuesta y que es fácil de hacer uno mismo, lo que sale a cuenta ya que un problema con las ruedas puede suponer un desembolso de entre 100 y 820 euros.
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