El cuerpo de la mujer está preparado fisiológicamente para un embarazo: cuando se desarrolla de manera normal, no debería suponer una interrupción para las actividades de nuestro día a día. Conducir entra dentro de esta categoría.
Como periodista de motor, una de las primeras preguntas que me hice cuando supe que estaba embarazada fue: ¿hasta cuándo puedo ponerme al volante? Tras investigar y preguntar, supe que la normativa no se pronuncia al respecto: podemos conducir mientras estemos cómodas y, atención, concentradas.
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Eso sí, los profesionales sanitarios sí me explicaron que hay dos momentos en los que conducir entraña más riesgos para una mujer embarazada. ¿Cuáles son? El primer y el tercer trimestre.
En los primeros meses hay menos líquido amniótico y el bebé está menos protegido. Si sufrimos un golpe frontal, podemos sufrir hemorragias en el útero y esto podría provocar una reducción del oxígeno que le llega.
En los últimos meses, como te habrás dado cuenta, su tamaño es considerable y el cinturón puede ser más molesto. Además, incidentes como un frenazo brusco pueden ser sinónimos de un parto prematuro e, incluso, en un accidente, el bebé puede sufrir un traumatismo contra los huesos de nuestra pelvis.

¿Qué pasa con el cinturón de seguridad?
Recuerda la Dirección General de Tráfico (DGT) que es el elemento más importante para la seguridad pasiva porque es el único freno del cuerpo en caso de impacto. Hasta 2006 podíamos ir en el coche sin él, pero desde entonces, según la Alianza Española para la Seguridad Vial Infantil, es obligatorio.
Tenemos que llevarlo en cualquier fase del embarazo, pero debemos hacerlo de forma adecuada: nunca puede ir sobre nuestra barriga. Aquí la DGT vuelve a darnos instrucciones para no fallar:
- Banda inferior: por debajo del abdomen, ajustándose lo máximo posible a la parte ósea de las caderas.
- Banda diagonal: sobre el hombro, sin rozar el cuello, entre las mamas, sin apoyarse en ninguna de ellas y rodeando el abdomen.
- Sin holguras: ninguna de las bandas puede quedar holgada.
Esta es la teoría, pero la práctica es diferente. Si también estás embarazada, habrás comprobado lo incómoda que puede llegar a ser la banda inferior: colocarla en la posición correcta se convertirá en una constante y esto es una distracción para la conducción. Además, en viajes más largos puede terminar siendo molesta.
Será entonces cuando tu atención se divida entre conducir, estar atenta a todo lo que ocurre en la carretera, pensar en la siguiente maniobra y el cinturón. Yo opté por comprar un adaptador homologado.
Estos complementos te protegen a ti y al bebé porque ayudan a desplazar la banda pélvica hacia la parte inferior de la tripa: así la presión del cinturón se transmite a la pelvis y te olvidas de colocarla bien cada pocos minutos. Lo mejor es que no modifica la geometría del sistema de retención de tres puntos.
Lo uso desde el segundo mes de embarazo, aunque, a medida que avanzan los meses, es cuando, realmente, le estoy sacando partido. Existen, también, prolongadores para el cinturón: el problema es que sí pueden interferir en el sistema de retención de tres puntos.
El Allgemeiner Deutscher Automobil-Club (ADAC), lo más parecido al RACE de España, llevó a cabo un estudio en el que concluyó que con ellos empeoran la envoltura y la sujeción de la pelvis. Añade, además, que el gancho (de plástico duro o metal) ubicado en el asiento supone un riesgo adicional de lesiones porque se pueden romper y que el cinturón queda menos ajustado al cuerpo o a las caderas.
Sobre lo que nadie te habla
Hay cantidades ingentes de información sobre el embarazo, pero no tanta sobre la conducción en esta etapa: las instrucciones o los consejos son los mismos desde hace tiempo y ninguna entidad se ha puesto al día de la mano de las propias protagonistas.

Todo el mundo te hablará de conducir hasta que te veas capaz y del cinturón, pero en el coche tienes que tomar otras precauciones. A lo largo de estos nueve meses tendrás que ir regulando el asiento para mantener la espalda lo más recta posible y evitar los inevitables dolores que, tarde o temprano, tendrás.
Por otro lado, vas a tener que aumentar la distancia al volante según avance el embarazo: dicen que el hueco hasta el asiento debe ser de unos 25 centímetros para evitar posibles lesiones en el vientre. La realidad es que no existe una medida válida para todas: ajústalo para no estar pegada y para que tus brazos vayan flexionados.
Cuando esto no sea posible, llega el momento de dejar de conducir: créeme, no es cómodo (ni seguro) llevarlos completamente rectos. Y, por cierto, si alguien te aconseja desconectar el airbag del asiento delantero: ahí no es, amiga.

Consejos que me hubiera gustado recibir
Tanto si tienes que conducir por necesidad o si quieres hacerlo porque te encanta, hay algo que te va a costar más que antes: los trayectos largos. Evítalos: no pasa nada, volverás a hacerlos. Si no te queda más remedio, lleva ropa y calzado cómodos, haz paradas frecuentes para descansar, estirar las piernas, ir al baño… No estará de más que lleves unos frutos secos: son sanos y te ayudarán si te da un bajón.
No se te ha olvidado conducir: la culpa es de los cambios hormonales y ya sabrás que, en este aspecto, el embarazo es la montaña rusa más vertiginosa en la que te has subido. Una de las consecuencias es que nuestra capacidad de concentración se reduce, altera nuestros reflejos y la capacidad de reacción es menor.
Todos estos fallitos y despistes tienen una explicación. Por eso, te aconsejo (y también Tráfico) que reduzcas la velocidad y aumentes la distancia de seguridad para estar más segura y tranquila. Si compruebas que te cuesta centrarte en la conducción, deja el volante a otra persona. Y una última recomendación que me han dado los profesionales sanitarios: a partir de la semana 30, viaja siempre acompañada.
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