En las últimas semanas, miles de vídeos en redes sociales muestran una escena casi mágica: un vehículo entra en un túnel bajo un sol radiante y, apenas dos kilómetros después, emerge entre niebla densa, lluvia torrencial y un descenso brusco de la temperatura.
Los usuarios los han bautizado como ‘túneles del tiempo’, un nombre sugerente para una experiencia que parece de ciencia ficción, pero que responde a principios consolidados de la física atmosférica y la geografía.
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Aunque hoy los asociamos a autopistas modernas, salvar accidentes orográficos mediante pasajes subterráneos es una técnica antigua. Uno de los precursores documentados es el túnel romano de Pansilippo (Nápoles), construido en el año 36 a. C. con 1,5 kilómetros de longitud.
En España, obras como el túnel del puerto de Lizárraga (Navarra, 1859) abrieron camino a una red de carreteras del Estado que hoy supera los 400 túneles, encabezados por el transfronterizo túnel de Somport (8,6 kilómetros en total). Muchos de ellos albergan un marcado contraste climatológico.
La ciencia tras el fenómeno: el efecto Föhn (o Foehn)
¿Por qué cambia el clima de forma tan radical de un extremo al otro del túnel? La respuesta técnica reside en el efecto Föhn, un fenómeno meteorológico desencadenado cuando las masas de aire chocan contra grandes cordilleras.
Cuando el aire cálido y húmedo asciende obligado por la ladera expuesta al viento (barlovento), se enfría a medida que sube. Esto provoca la condensación del vapor de agua, generando precipitaciones, nubes bajas o niebla.
Sin embargo, al superar la cumbre y descender por la ladera opuesta (sotavento), el aire —ya seco— se comprime y se calienta rápidamente (aproximadamente 1 °C por cada 100 metros de descenso). El resultado a ambos lados de la montaña es drástico: condensación y humedad en barlovento; cielo despejado y ambiente más cálido en sotavento.
Los ‘túneles del tiempo’ más impactantes de España
Aunque el efecto Föhn puede suceder en muchos de los más de 400 túneles con los que cuenta la red de carreteras española, los más sorprendentes son estos tres:
- Túnel de La Cumbre (La Palma, Canarias): En la carretera LP-3, sus 2.665 metros y más de 200 metros de desnivel atraviesan la dorsal de la isla. Es el túnel del tiempo viral por excelencia: separa la vertiente este (húmeda por los vientos alisios) de la vertiente oeste (seca y soleada).
- Túnel del Negrón (AP-66, Asturias – León): Con sus 4,1 kilómetros a través de la Cordillera Cantábrica, actúa como frontera entre el clima oceánico asturiano (abundante lluvia y nubosidad) y el clima continental leonés (seco y de temperaturas más extremas).
- Túnel de Guadarrama (AP-6, Madrid – Segovia): Un clásico del centro peninsular que separa con frecuencia las densas nieblas de la meseta norte de los cielos despejados de la vertiente madrileña.
Riesgos invisibles al salir del túnel
Atravesar un ‘túnel del tiempo’ no es solo una experiencia visual; implica cambios bruscos en las condiciones de la vía que exigen una adaptación inmediata del conductor:
- Pérdida repentina de adherencia (aquaplaning): Entrar a 100 km/h en un túnel seco y salir a un firme mojado o con placas de hielo requiere haber reducido la velocidad dentro del túnel para evitar derrapes.
- Empañamiento exprés del parabrisas: La diferencia radical de temperatura y humedad al salir puede congelar o empañar los cristales por condensación. Se recomienda activar la luneta térmica y el climatizador antes de la salida.
- Golpes de viento lateral: En las salidas de sotavento, las rachas de viento seco que bajan por la ladera suelen ser fuertes y racheadas. Al perder la protección de la montaña, el vehículo puede sufrir sacudidas laterales.
- Deslumbramiento y contraste de luz: Pasar de la iluminación artificial del túnel a la luz solar brillante (o a un muro de niebla blanca) provoca un retardo en la adaptación ocular conocido como el efecto agujero negro.
En definitiva, los ‘túneles del tiempo’ nos recuerdan la escala microclimática de nuestra geografía. No obstante, más allá del impacto en redes sociales, la clave ante estos pasos subterráneos es la seguridad vial y la anticipación: moderar la velocidad, sujetar el volante con firmeza y encender el alumbrado adecuado antes de descubrir qué clima espera al otro lado.

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