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Mariá y Marta, 14 años viajando en furgoneta por el mundo: “Nos cuesta menos que vivir en España”

Madrid |

La pareja gastaba 400 euros al mes mientras recorría América y asegura que la gasolina se lleva la mitad de su presupuesto.

Mariá y Marta, de Furgo en ruta.

Foto: Youtube: Furgo en ruta.

En 2012, Marià Miño y Marta Tibau tomaron una decisión que a ojos de muchos parecía una locura. Dejaron atrás sus trabajos en Andorra, compraron una furgoneta y la enviaron a Argentina con la idea de recorrer América sin fecha de regreso.

Más de una década después siguen viviendo sobre ruedas. Primero unieron Ushuaia y Alaska a bordo de una Volkswagen camperizada. Ahora recorren Australia a bordo de Toyota Land Cruiser 4×4 transformada en vivienda. Y 14 años después, en una entrevista con EL MOTOR, aseguran que una de las mayores sorpresas de este estilo de vida ha sido el coste. 

No hay que ser millonarios

Uno de los grandes mitos de la vida nómada es el económico. La imagen de una pareja recorriendo el mundo durante años suele asociarse automáticamente a grandes ahorros o a una fortuna familiar detrás del proyecto. Su experiencia, sin embargo, ha sido muy distinta. 

La mayoría de viajeros de larga duración que hemos conocido tienen una economía media. Mucha gente piensa que para hacer esto hay que ser millonario, pero no es así”, explica Marià.

Según sus cálculos, durante buena parte de su recorrido por América Latina lograron mantener unos gastos muy reducidos. Hubo épocas en las que gastábamos apenas 400 euros al mes entre los dos”, recuerda Marta.

La furgoneta como vivienda

Gran parte de ese ahorro tiene una explicación y es que mientras muchas familias deben asumir alquileres o hipotecas, ellos eliminaron de la ecuación los principales gastos de cualquier hogar. 

“Nuestra primera furgoneta costó 15.000 euros y fue nuestra casa durante 12 años”, explica Marià. 

La electricidad procede en gran medida de las placas solares instaladas en el vehículo y el consumo de agua está muy optimizado. “Con los años, aprendes a vivir con menos y te das cuenta de que realmente no necesitas tantas cosas”, asegura la pareja. 

Eso no significa que viajar sea gratis. “La gasolina representa aproximadamente el 50% de nuestros gastos mensuales”, explican. Aunque eso sí, la cifra depende de los kilómetros recorridos, del país y del vehículo utilizado. 

La importancia del vehículo

Después de tantos años rodando por algunos de los lugares más remotos del planeta, la pareja tiene muy claro qué busca en un vehículo. Por encima del diseño o de la tecnología, priorizan la fiabilidad

“Lo importante es que tenga espacio para vivir y que pueda repararse en cualquier lugar”, afirma Marià. Esa fue una de las razones que les llevó a elegir una Toyota para Australia. “Sabemos que aquí hay piezas en cualquier pueblo. Además es un vehículo con muy poca electrónica y una mecánica muy sencilla”, continúan.

Una filosofía que nace de la experiencia, ya que durante su aventura americana llegaron a permanecer tres meses bloqueados en Colombia por una compleja avería que nadie conseguía diagnosticar correctamente.

Matrícula de un Toyota Land Cruiser.

La verdadera riqueza 

Después de atravesar más de una veintena de países, sufrir averías y miles de horas al volante, la pareja no duda en decir lo más valioso de este estilo de vida: la libertad. “Lo mejor es ser dueño de tu tiempo”, comentan. 

Y no se olvidan tampoco de algunos de los lugares más espectaculares donde han conducido, como la península de Baja California, en México, o la Carretera Austral chilena, cuando se les pregunta por el mejor recuerdo no hablan ni de carreteras ni de vehículos.  

“Lo que más nos llevamos de estos 14 años son los abrazos, la hospitalidad y la ayuda de la gente. La mayor lección de la carretera es que la inmensa mayoría de personas son buenas”. 

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Antonio Ramos del Olmo Perfil de Antonio Ramos del Olmo en Linkedin

Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.

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