Hay historias que explican mejor que cualquier dato lo que significa realmente el automóvil. No hablan de potencia ni de consumo, sino de la relación que se crea entre una persona y su coche con el paso del tiempo. La de Fabián Figueroa es una de esas en las que ese vínculo deja de ser circunstancial para convertirse en algo inseparable.
Este argentino de 64 años decidió hace más de dos años transformar su vida y su vehículo en un viaje con un destino especifico: el Mundial de fútbol 2026. Y lo hizo al volante de un clásico muy especial, un Ford Falcon Ranchero de 1977, convertido en hogar y compañero de ruta.
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Un clásico
El protagonista de esta historia no es un coche cualquiera. El Ford Falcon Ranchero es uno de esos modelos profundamente ligados a la historia del automóvil en Argentina.
Basado en la plataforma del Falcon, este vehículo combina la estructura de un turismo con la versatilidad de una pick-up ligera. Durante décadas fue sinónimo de fiabilidad y sencillez mecánica, dos cualidades clave para un viaje de estas características.
Su motor robusto, su mecánica sencilla y su facilidad de reparación lo convierten en un coche pensado para perdurar en el tiempo. No es casualidad, por tanto, que casi 50 años después siga recorriendo carreteras.
Una casa sobre ruedas
Antes de iniciar el viaje, Fabián preparó el vehículo con lo justo para afrontar la aventura. Optó por rehacer el motor, pero mantuvo elementos originales como la caja de cambios de tres marchas al volante, un detalle que refuerza el carácter clásico del modelo.
El resto de la transformación fue mucho más personal. El Ranchero dejó de ser solo un coche para convertirse en un espacio habitable con cocina portátil, utensilios básicos, espacio para dormir y un equipo de mate imprescindible como buen argentino. El Ranchero no es solo un medio de transporte, es su hogar y su forma de vida.
50.000 kilómetros
El viaje comenzó en el sur de Argentina y, desde entonces, no ha dejado de sumar kilómetros. El recorrido incluye algunos de los trayectos más exigentes del continente: Ushuaia, Ruta 40, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos, Canadá y Alaska.
En total, más de 50.000 kilómetros recorridos, una cifra que resume la magnitud de la aventura. El propio Fabián lo explica para TN de forma sencilla: “Puse el contador a cero cuando salí y ya marca más de 50.000”.

Un coche que sorprende según el lugar
Uno de los aspectos más curiosos del viaje es la reacción que genera el coche en cada país. En Estados Unidos, el Ranchero se percibe como una rareza. Un vehículo antiguo, fuera de los estándares actuales.
Mientras que en Hispanoamérica, la percepción es muy distinta. Allí se valora su resistencia. “Esto se arregla con nada”, comenta, reflejando una cultura mecánica donde la sencillez es una ventaja.
Un destino claro
Aunque el viaje ha sido largo y lleno de experiencias, el objetivo siempre ha estado claro. El protagonista calculó desde el inicio que llegaría a Estados Unidos coincidiendo con el Mundial de fútbol 2026.
Y lo consiguió. Llegó a Dallas, una de las sedes del torneo, con la intención de ver a la selección argentina. Lo explica sin rodeos: “Vine por el Mundial, aunque también diga que voy a ver amigos”, por lo que el fútbol ha sido el motor emocional detrás de todo el viaje.
Y de momento está saliendo más que bien, puesto que Argentina ha ganado sus dos partidos de la fase de grupos con un total de cinco goles a favor y cero en contra. La historia del Ford Ranchero de Fabián demuestra que un coche puede ser mucho más que un vehículo, puede ser un hogar, un compañero y una forma de vida.

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