Cada verano, miles de conductores salen de viaje pensando que el mayor riesgo será el tráfico o una avería. Sin embargo, hay un elemento del coche que soporta un esfuerzo extremo sin que apenas nadie repare en él.
Aunque pasa desapercibido, puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del ambiente mientras rueda sobre un asfalto abrasador. Los expertos advierten de que conocer su comportamiento puede evitar más de un susto.
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La temperatura del neumático
Cuando el termómetro marca 40 grados, muchos conductores creen que esa es la temperatura que soportan las ruedas. La realidad es muy distinta. El asfalto puede superar fácilmente los 60 o incluso los 70 grados, especialmente durante las horas centrales del día, convirtiéndose en una auténtica fuente de calor.
A ese calor procedente de la carretera se suma otro igual de importante: la fricción constante entre el neumático y el pavimento. Cada giro genera energía térmica que hace que la goma aumente progresivamente su temperatura mientras el vehículo continúa circulando.
Por ese motivo, un neumático de turismo trabaja habitualmente entre los 50 y los 80 ºC, una cifra completamente normal para la que ha sido diseñado. En recorridos largos, con el coche cargado o circulando a velocidades elevadas, esa temperatura puede acercarse e incluso superar los 100 ºC.

El calor no suele provocar un reventón
Los expertos coinciden en desmontar uno de los mitos más extendidos entre los conductores. No es el calor ambiental el que provoca un reventón, sino la suma de varios factores que terminan sometiendo al neumático a un esfuerzo excesivo.
Una presión incorrecta, un desgaste avanzado, daños internos, exceso de carga o una velocidad mantenida durante mucho tiempo hacen que la temperatura interior aumente por encima de lo previsto. Es esa combinación la que incrementa considerablemente el riesgo de fallo.
En otras palabras, un neumático moderno está preparado para soportar jornadas con temperaturas exteriores cercanas a los 45 grados, siempre que se encuentre en buen estado y mantenga la presión indicada por el fabricante.
El error que muchos cometen
Ante temperaturas extremas, todavía hay conductores que deciden reducir la presión pensando que así compensarán la dilatación provocada por el calor. Los fabricantes llevan años advirtiendo de que esa práctica resulta contraproducente.
Cuando un neumático circula con menos presión de la necesaria, la carcasa se deforma más en cada giro. Esa flexión adicional genera todavía más temperatura en el interior de la rueda y acelera el deterioro de sus materiales.
El resultado es un mayor desgaste, un aumento del consumo de combustible y una pérdida progresiva de estabilidad, especialmente durante frenadas intensas o cambios bruscos de trayectoria.

El equipaje también influye
Durante las vacaciones es habitual viajar con el maletero completamente lleno y todas las plazas ocupadas. Ese incremento de peso obliga a los neumáticos a soportar una carga adicional que puede superar media tonelada entre vehículo, pasajeros y equipaje.
Si además la presión no se adapta a esa nueva carga, la deformación del neumático aumenta y también lo hace la temperatura de funcionamiento. En esas circunstancias, la distancia de frenado se alarga y disminuye la capacidad de mantener la trayectoria.
Por ese motivo, los fabricantes recomiendan consultar la tabla de presiones específica para vehículos cargados, una información que suele encontrarse en el marco de la puerta del conductor o en el manual del automóvil.
Un neumático de calidad marca diferencias
Las altas temperaturas ponen a prueba los compuestos con los que está fabricada cada rueda. Los modelos de mayor calidad utilizan materiales capaces de mantener mejor su elasticidad, ofrecer más adherencia y resistir el sobrecalentamiento durante trayectos prolongados.
En ese contexto, los neumáticos All Season han dejado de ser una opción exclusivamente asociada al invierno. Sus compuestos permiten trabajar con eficacia tanto sobre pavimento muy caliente como durante las tormentas intensas que cada verano aparecen con mayor frecuencia.
Además de mejorar la evacuación del agua y reducir el riesgo de aquaplaning, ofrecen un comportamiento equilibrado cuando el vehículo circula cargado, una situación habitual en los desplazamientos vacacionales.
Cinco minutos pueden evitar muchos problemas
Los especialistas coinciden en que la mejor protección frente al calor no consiste en conducir más despacio únicamente, sino en realizar una sencilla revisión antes de iniciar el viaje. Comprobar la presión en frío, inspeccionar visualmente las ruedas y verificar el desgaste apenas requiere unos minutos.
También aconsejan evitar sobrecargar el vehículo, respetar los límites de velocidad y realizar pausas en trayectos muy largos para reducir el esfuerzo continuado de los neumáticos. Son pequeños gestos que ayudan a que trabajen dentro de su rango de temperatura previsto incluso cuando el verano aprieta con fuerza.
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