La llegada de la lluvia devuelve el protagonismo a un componente del coche que puede pasar meses prácticamente inadvertido. Las escobillas son fundamentales para mantener despejado el parabrisas y conservar una buena visibilidad cuando empeoran las condiciones meteorológicas.
Un chirrido al ponerlas en funcionamiento suele hacer pensar que ha llegado el momento de sustituirlas. Sin embargo, el ruido también puede deberse a suciedad acumulada o al endurecimiento de la goma, por lo que merece la pena comprobar su estado antes de comprar unas nuevas.
Más información
¿Por qué hacen ruido los limpiaparabrisas?
Las escobillas trabajan arrastrándose continuamente sobre el cristal. Cuando funcionan correctamente, la goma se adapta a la superficie y desplaza el agua de manera uniforme. El problema aparece cuando aumenta la fricción entre ambos elementos y el movimiento deja de ser completamente fluido.
Polvo, polen, restos de insectos, savia de los árboles o incluso residuos procedentes de algunos lavados pueden acumularse tanto en el parabrisas como en las propias gomas. También influye utilizar los limpiaparabrisas sobre un cristal demasiado seco, mientras que el sol, el frío y el uso terminan deteriorando el caucho con el paso del tiempo. Antes de recurrir a cualquier truco, por tanto, conviene empezar por lo más sencillo: limpiar cuidadosamente el parabrisas y las escobillas.

Vinagre y vaselina para las escobillas
Existe, sin embargo, un conocido remedio casero pensado para aquellas gomas que todavía se encuentran en condiciones razonables. Únicamente hacen falta vinagre, vaselina y un paño de microfibra, además de realizar el proceso con cuidado.
El primer paso consiste en limpiar las escobillas con agua y jabón neutro para eliminar la suciedad superficial. Para trabajar más cómodamente pueden desmontarse, siempre teniendo en cuenta cómo van fijadas para volver a colocarlas correctamente después.
A continuación, se vierte una pequeña cantidad de vinagre sobre un paño de microfibra y se pasa cuidadosamente por las gomas. Después hay que retirar cualquier resto del producto con otro paño limpio y esperar hasta que la superficie se encuentre completamente seca.
Entonces entra en juego el segundo ingrediente. Se aplica una pequeña cantidad de vaselina sobre el caucho y se distribuye por la superficie. La idea es dejar tiempo para que actúe antes de retirar cualquier exceso previo a volver a montar las escobillas.
El truco no hace milagros
Hay una diferencia importante entre intentar recuperar una escobilla sucia o endurecida y que hace ruido y prolongar artificialmente la vida de otra que ya está deteriorada. Si el caucho presenta daños, grietas o ha perdido su capacidad para limpiar correctamente, el remedio casero no sustituye a unas escobillas nuevas.
De hecho, si después de limpiar correctamente tanto el cristal como las gomas el chirrido continúa, una de las causas puede ser precisamente el desgaste, aunque también conviene comprobar que la escobilla esté correctamente colocada y mantenga un contacto uniforme con el parabrisas.
Tampoco debe olvidarse el líquido limpiaparabrisas. Hacer trabajar las escobillas sobre una superficie seca incrementa la fricción y puede acelerar su deterioro. Por eso, antes de utilizarlas para retirar suciedad acumulada, resulta recomendable humedecer previamente el parabrisas con el propio sistema del vehículo, así como antes de los meses de más precipitaciones accionar los limpiaparabrisas, comprobar su funcionamiento y observar el estado de las gomas. Si únicamente están sucias o han perdido algo de flexibilidad, una limpieza y el truco del vinagre y la vaselina pueden servir.

Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, X o Instagram
No lo copies aunque esté de moda este otoño: muchos conductores hacen esto con el limpiaparabrisas, pero es dañino para el coche y hasta peligroso
El gesto que haces con el limpiaparabrisas y que puede dejarte sin ver la carretera durante unos segundos