Miles de personas obtienen cada año el permiso de conducir gracias al trabajo de los profesores de autoescuela. Son quienes se sientan en el asiento del copiloto durante las prácticas, corrigen errores, evitan accidentes y enseñan a desenvolverse en el tráfico real. Sin embargo, pese a la enorme responsabilidad que asumen cada día, pocos conocen cuánto cobran realmente por su trabajo.
Para conocer mejor la realidad de esta profesión, hablamos con José Manuel, profesor en una autoescuela de Madrid, que explica no solo cuánto puede llegar a ganar un instructor, sino también los sacrificios que hay detrás de ese sueldo y las dificultades de una ocupación que exige una gran concentración durante toda la jornada.
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El salario base
Cuando se pregunta cuánto cobra un profesor de autoescuela, la cifra suele estar lejos de lo que muchos imaginan. Según explica José Manuel, el salario base es de 1.400 euros mensuales repartidos en 12 pagas. Una cantidad que, en su opinión, no refleja la responsabilidad que implica el puesto.
A partir de ahí, incrementar el salario depende principalmente de acumular horas de trabajo. Para alcanzar unos ingresos cercanos a los 2.000 euros mensuales, asegura que es necesario trabajar alrededor de nueve horas diarias. Eso supone impartir unas 11 o 12 clases prácticas al día, una carga de trabajo que considera muy exigente. «El desgaste es muy elevado», explica.
Los 3.000 euros existen, pero tienen letra pequeña
Es cierto que algunos profesores consiguen superar los 2.000 euros mensuales. Sin embargo, esa realidad tiene un coste.
José Manuel explica que para acercarse a los 3.000 euros al mes es necesario realizar jornadas de alrededor de once horas diarias al volante, algo que considera difícilmente sostenible a largo plazo.
Además, cree que estas cargas de trabajo pueden afectar incluso a la calidad de la enseñanza. «Es imposible enseñar correctamente a partir de la octava hora», asegura. La concentración que exige supervisar constantemente a conductores sin experiencia convierte cada jornada en un ejercicio continuo de atención.
Una gran responsabilidad
Cuando en El MOTOR le preguntamos sobre si el salario está a la altura de la responsabilidad que asumen los profesores de autoescuela, la respuesta es clara. José Manuel considera que no. Y pone varios ejemplos para justificarlo.
A diferencia de otras profesiones consideradas de riesgo, explica que no existe ningún tipo de complemento específico relacionado con la peligrosidad del trabajo. Sin embargo, recuerda que pasan gran parte de su jornada en circulación abierta, acompañando a personas que precisamente están aprendiendo a conducir.
«Si no estás muy atento, las probabilidades de tener un accidente, aunque sea pequeño, son altas», señala. La situación, insiste, se vuelve especialmente delicada cuando las prácticas se desarrollan en carretera y el alumno circula con nervios o miedo.
La conciliación tampoco es sencilla
Sobre el papel, la mayoría de profesores trabajan de lunes a viernes. Pero la realidad no siempre es tan simple.
José Manuel asegura que es habitual ver a compañeros impartiendo clases los domingos o incluso en festivos. Recuerda especialmente una imagen que le llamó la atención este mismo año: un profesor dando clase el día de Año Nuevo alrededor de las dos de la tarde.
«Eso dice mucho del profesor, pero también de la profesión», ya que en su opinión, algunas situaciones no deberían producirse y sería conveniente establecer límites más claros para garantizar el descanso de los trabajadores.
Lo peor y lo mejor
El principal desafío es que enseñar a conducir implica repetir constantemente las mismas indicaciones y corregir una y otra vez errores que para el profesor son evidentes, pero que para el alumno forman parte del aprendizaje. «Hay cosas que puedes repetir más de 500 veces a una misma persona durante el proceso», comenta.
A ello suma la presión psicológica que aparece cuando una persona suspende varias veces el examen práctico y empieza a perder confianza en sí mismo. También lamenta el escaso respeto que, en ocasiones, reciben los coches de autoescuela por parte de otros conductores.
Pero no todo son inconvenientes, ya que el aspecto más gratificante de la profesión compensa todo. Para él, la mejor recompensa es que un alumno apruebe a la primera. Después de semanas de formación y decenas de horas compartidas dentro del coche, considera que parte de ese éxito también pertenece al profesor.
Una profesión poco conocida
Desde fuera, muchos conductores recuerdan únicamente sus clases prácticas y el examen de conducir.
Pero detrás de cada permiso hay un profesional que pasa horas gestionando nervios, evitando errores y velando por la seguridad tanto del alumno como del resto de usuarios de la vía.
Y aunque los salarios pueden aumentar considerablemente a base de acumular horas, la realidad descrita por quienes ejercen esta profesión muestra que los ingresos más elevados suelen ir acompañados de largas jornadas y un importante desgaste físico y mental.
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Historiador de formación, periodista deportivo de vocación y apasionado del motor por elección. Terminé contando carreras en vez de guerras. Entre libros, crónicas y gasolina he ido encontrando el camino. Ahora intento comunicarlo sin levantar el pie del acelerador.
