Pruebas

El Mazda CX-5, un SUV que pone rumbo a la categoría ‘premium’

La nueva entrega del todocamino japonés representa un salto adelante significativo respecto a su predecesor.

Mazda CX 5

El todocamino japonés es ahora más solvente que nunca. / Mazda

Cuatro de cada diez ventas de Mazda en el mercado español en los últimos cinco años han sido de su todocamino CX-5. El SUV japonés supone un pilar fundamental para la empresa en todo el mundo y, por ello, su renovación se presentaba como una tarea primordial. Un desafío que sus diseñadores e ingenieros han superado con incuestionable éxito, ya que el nuevo modelo representa un significativo paso adelante que le permite posicionarse a un nivel muy próximo al de rivales de segmento de las marcas denominadas premium.

No se trata de un producto revolucionario en la mayoría de los aspectos, pero sí que son multitud los detalles que lo hacen claramente superior al precedente. Para empezar, aunque la estética apunta al continuismo, gana empaque gracias a un frontal imponente, con una gran parrilla que facilita su identificación desde esa perspectiva.

Mazda cx 5

El interior refleja el avance en calidad general.

La carrocería de 4,5 metros de longitud acoge un interior de habitabilidad bastante correcta para un uso familiar, incluyendo un maletero de 506 litros que cuenta, por primera vez en Mazda, con un portón de apertura automática y las ventajas que ello aporta. El avance más apreciable se produce en términos de calidad general, con un salpicadero de nueva factura, buenos materiales en los acabados y una magnífica insonorización del motor, así como de las filtraciones que podrían llegar al habitáculo procedentes de la rodadura del vehículo.

Casi el 70% de los CX-5 que se venden en el mercado español son ya de gasolina, así que la marca tiene mucha confianza en este tipo de motorizaciones, como la 2.0 Skyactiv de 160 CV combinada con un cambio manual de seis relaciones y tracción integral. Sin embargo, algunos conductores pueden echar de menos la elasticidad y par de un buen propulsor turbodiésel, que además de consumir algo menos no exige estar tan pendiente de la marcha en la que se circula para tener en todo momento una respuesta brillante en aceleración o reprís. En autovía o autopista este problema es poco apreciable (a menos que el coche circule a plena carga), pero en carreteras de montaña o reviradas sí que condiciona algo más la conducción.

Se trata de un coche estable a la vez que confortable, un equilibro que se agradece para rodar con seguridad en cualquier tipo de trazado. La carrocería, aun siendo grande y pesada, no balancea más de la cuenta y dirigir al CX-5 a la trazada deseada es sencillo con los cambios de los que se beneficia su dirección, ahora más precisa y directa. Como la mayoría de los SUV actuales, no está ideado para incursiones ambiciosas fuera del asfalto, pero con casi 20 centímetros de altura libre al suelo puede rodar por caminos sencillos, sobre todo considerando la disponibilidad de un sistema de tracción integral.


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