Aprovechando la pausa entre el GP de Países Bajos y el de Italia en el Mundial de Fórmula 1, Fernando Alonso ha salido de paseo con uno de los Aston Martin que tiene en su garaje particular y que, a tenor de lo visto en las diez primeras carreras, le da más alegrías que su monoplaza.
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En el arranque de la presente temporada de F1, que ha estrenado reglamento, el Aston Martin AMR26B se ha limitado a intentar estar presente: competir con el resto de la parrilla se antojaba imposible.
Las cosas han cambiado ligeramente desde la cita de Hungría, donde estrenaron coche. Tanto es así que en Zandvoort, gracias a algunas piezas y a un nuevo motor, Alonso empezó en la decimoctava posición y acabó noveno. Por segunda vez en 2026 sumaba puntos.
Otro Aston Martin de Adrian Newey
Una vez más, el asturiano se ha dejado ver por las calles de Mónaco a bordo de otro Aston Martin que lleva la firma de Adrian Newey: el Valkyrie, un auténtico prodigio tecnológico. En su interior ruge un V12 atmosférico de 6.5 litros firmado por Cosworth: con la ayuda de un motor eléctrico entrega 1.555 CV de potencia y llega a los 350 km/h. Acelera de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos.
La unidad de Fernando Alonso fue especialmente personalizada. Está pintada en el exclusivo color verde de la escudería y luce unos grafismos especiales que resaltan su cuidada aerodinámica.

Detalles personalizados en el interior
En el habitáculo se aprecia un uso masivo de la fibra de carbono y tampoco faltan detalles específicos relacionados con el piloto: su logotipo personal en los reposacabezas y un pedal de acelerador en color rojo con el dorsal 14 que luce el español en competición grabado en su superficie.
Llaman, también, la atención la ausencia de retrovisores tradicionales para evitar que interfieran en la aerodinámica del coche: son cámaras y proyectan las imágenes que recogen en unas pantallas ubicadas en los laterales.

Sin descuentos
En la planta de Gaydon (Reino Unido) sólo se han fabricado 150 unidades, que han requerido un trabajo de 2.000 horas para cada una de ellas. Sus propietarios han tenido que pagar un precio que ronda los 3,5 millones de euros, además de someterse a una exhaustiva prueba de conducción en el circuito de Silverstone.
Una cantidad que, según declaraciones del propio piloto en una entrevista televisiva, pagó íntegramente, ya que Aston Martin no hace descuentos a sus empleados.
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