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Madrid |

La Administración estadounidense elimina los incentivos regulatorios que impulsaron esta tecnología en los vehículos nuevos y abre un debate que también mira a Europa.

Start Stop

Foto: Getty

Hay mecanismos de los coches modernos que el conductor asume como inevitables. Tecnologías que trabajan en segundo plano y que el conductor acepta como parte del funcionamiento normal del vehículo. Una de las más extendidas acaba de perder su respaldo normativo en Estados Unidos tras el giro en la política climática impulsado desde la Casa Blanca. 

La medida no supone su prohibición ni obliga a los fabricantes a eliminarla de sus modelos el sistema Start-Stop, pero sí desmonta la arquitectura regulatoria que la convertía en una herramienta útil para cuadrar las cifras oficiales de emisiones. Desaparecen los llamados créditos técnicos que permitían compensar CO₂ mediante soluciones aplicadas fuera de los ensayos convencionales de laboratorio. 

La decisión se enmarca en la revisión de las bases legales que sustentaban los estándares federales sobre gases de efecto invernadero. Desde Washington se argumenta que aquellas normas otorgaban un margen excesivo de actuación a la Agencia de Protección Ambiental. 

Cómo funciona realmente 

El objetivo del Start-Stop es reducir el consumo y las emisiones cuando el vehículo está completamente detenido. Al frenar hasta cero, en un semáforo o un atasco, la centralita ordena apagar el motor térmico. En cuanto el conductor pisa el embrague o libera el pedal del freno, el motor vuelve a arrancar de manera automática.  

El principio parece sencillo, un motor al ralentí sigue consumiendo combustible sin generar movimiento. Al eliminar esos segundos de funcionamiento en ciudad, se busca conseguir una reducción medible en las cifras de homologación.  

El sistema Start-Stop no es necesario en modelos electrificados.

Un estándar en Europa 

En Europa, esta función es habitual en prácticamente todos los turismos de gasolina y diésel desde hace más de una década. Su expansión coincidió con la entrada en vigor de normativas europeas más exigentes y con procedimientos de homologación que penalizaban especialmente el consumo en ciudad. 

Aunque muchos conductores optan por desconectarlo manualmente, su presencia de serie responde a la necesidad de ajustar cada gramo de contaminación en los objetivos de flota.  

En este contexto, la retirada de incentivos en Estados Unidos introduce ahora un elemento nuevo en la planificación industrial de marcas que desarrollan vehículos para ambos lados del Atlántico. 

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