La tecnología lleva años empeñada en conseguir que objetos cada vez más grandes ocupen menos espacio. Los teléfonos plegables son quizá el ejemplo más evidente y el último y recientemente presentado iPhone Duo los ha vuelto a poner de moda: una pantalla considerable puede doblarse y terminar guardada cómodamente en un bolsillo. Pero trasladar esa misma filosofía al automóvil resulta bastante más complicado.
Eso no significa que nadie lo haya intentado. Algunos fabricantes y centros de investigación han desarrollado coches capaces de modificar físicamente sus dimensiones, ya sea estrechando la distancia entre sus ruedas o reduciendo su longitud para aparcar.
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No son simplemente vehículos pequeños. La gracia está en que cambian realmente de tamaño. Y estos cinco son probablemente los ejemplos más sorprendentes.
City Transformer CT-2: de coche a casi moto
El City Transformer CT-2 es la evolución del CT-1 que El Motor ya publicó hace unos años y probablemente sea el proyecto con mayores posibilidades de convertirse en un producto comercial. Este pequeño eléctrico puede modificar la anchura de sus vías para adaptarse al entorno.
En su configuración más estrecha ocupa aproximadamente un metro de ancho, mientras que puede ensancharse hasta alrededor de 1,30 metros para ganar estabilidad. Alcanza 90 km/h, dispone de 15 kW (20 CV) de potencia nominal y anuncia entre 120 y 180 kilómetros de autonomía. La compañía mantiene abiertas las reservas de una primera edición por 16.000 euros.
Triggo: solo 86 centímetros de ancho
El polaco Triggo lleva la misma filosofía todavía más lejos. Sus dos ocupantes viajan uno detrás del otro y su chasis de geometría variable permite cambiar la separación de las ruedas delanteras.
En carretera alcanza una anchura aproximada de 1,48 metros, pero en el modo destinado a circular lentamente y maniobrar puede reducirla hasta solo 86 centímetros. La intención es combinar la protección y comodidad de un automóvil con la facilidad para moverse y aparcar de una motocicleta.
Hiriko: el coche plegable español
España también tuvo su propio coche transformable. El Hiriko Fold nació en el País Vasco a partir de una idea desarrollada originalmente en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y llegó a presentar prototipos funcionales.
Su peculiaridad estaba en la forma de aparcar. El coche medía aproximadamente 2,5 metros de longitud, pero la parte posterior podía avanzar hacia el eje delantero mientras la carrocería se elevaba. Plegado, ocupaba alrededor de 1,5 metros de largo, lo que permitía colocar varios Hiriko en el espacio utilizado normalmente por un automóvil convencional. El ambicioso proyecto, sin embargo, nunca llegó a comercializarse.
Armadillo-T: se encoge más de un metro
Investigadores del instituto surcoreano KAIST presentaron en 2013 otro automóvil que parecía llevar demasiado literalmente el nombre de Armadillo-T. Como el animal cuando se enrolla, este pequeño eléctrico podía recoger buena parte de su estructura.
Medía 2,80 metros de longitud en posición normal, pero una vez plegado se quedaba en apenas 1,65 metros. La zona posterior se elevaba sobre el habitáculo y permitía que tres unidades ocuparan aproximadamente el espacio de aparcamiento de un coche convencional. Nunca pasó de la fase experimental.
EO Smart Connecting Car 2: encoge y se mueve de lado
Quizá el más espectacular sea el EO Smart Connecting Car 2, desarrollado por el Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial (DFKI). Este laboratorio sobre ruedas mide aproximadamente 2,58 metros de largo, pero puede encogerse hasta alrededor de 1,81 metros elevando parte de su estructura.
Y eso es solo el principio. Sus cuatro ruedas cuentan con motores eléctricos independientes de 4 kW (5,4 CV) y pueden orientarse de tal manera que el coche es capaz de desplazarse diagonalmente, moverse lateralmente o prácticamente girar sobre sí mismo. Aparcar en línea dejaría de ser una prueba de habilidad.
¿Por qué no tenemos coches plegables?
La diferencia entre plegar un teléfono y hacer lo mismo con un automóvil es enorme. En un coche hay que mover suspensión, ruedas, dirección, estructura, cableado y elementos mecánicos, garantizando además que el vehículo conserve su estabilidad y seguridad. Y ese desarrollo tiene un coste brutal.
Eso ayuda a explicar por qué, después de más de dos décadas de experimentos, los coches transformables siguen siendo una rareza. El CT-2 intenta finalmente convertir aquella idea futurista en un vehículo de producción. ¿Lo veremos en un futuro?
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Periodista especializado en motor desde hace más de 20 años, ha trabajado en diferentes gabinetes de prensa (Federación Española de Automovilismo o Circuito del Jarama) y medios especializados (Motor 16, Marca Motor o Auto Bild). Apasionado de coches, motos y, ahora también, de los cacharros con alas.
