En la última década, la frontera entre la industria del automóvil y la electrónica de consumo se ha vuelto cada vez más difusa.
Marcas nacidas en el universo de los móviles han dado el salto al coche eléctrico y en medio de ese cruce de caminos aparece una pregunta inevitable: ¿dará Elon Musk el paso inverso y entrará en el mercado de los móviles?
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De Xiaomi a Huawei
El ejemplo más evidente de esta convergencia es Xiaomi. La firma china, conocida globalmente por sus teléfonos, irrumpió en el sector del automóvil con el SU7, una berlina eléctrica que no solo presume de prestaciones competitivas, sino también de una integración total con su ecosistema digital. No se trata solo de fabricar coches, sino de extender el smartphone a cuatro ruedas.
Algo similar ocurre con Huawei, que ha optado por una estrategia híbrida: no fabrica coches directamente, pero participa en su desarrollo tecnológico a través de alianzas como HIMA, donde la conectividad, el software y la conducción inteligente son el verdadero núcleo del negocio. El caso del SAIC Z7 es un claro ejemplo de ello, aunque fuese un calco de un eléctrico alemán.

El caso de Apple
Frente a este empuje asiático, Apple representa el caso contrario. Durante años, el llamado Apple Car fue uno de los grandes secretos a medias del sector tecnológico. Sin embargo, el proyecto terminó diluyéndose sin llegar a materializarse en un vehículo comercial.
La compañía de Cupertino ha preferido mantenerse en su zona de confort: software, servicios y ecosistema. CarPlay sigue siendo su gran apuesta en el automóvil, una forma de estar presente sin asumir los riesgos industriales que implica fabricar coches.

El efecto Musk
Y entonces llegamos a Elon Musk. En internet, el supuesto Tesla Phone o Model Pi lleva años reapareciendo como un fantasma recurrente. Promesas de conexión gratuita vía satélite, carga solar o integración con Neuralink han circulado con fuerza en redes sociales.
Sin embargo, el propio Musk ha desmentido en varias ocasiones que Tesla o Starlink estén desarrollando un móvil. Su argumento es claro: el mercado está saturado y no tiene sentido competir directamente con Apple o Samsung.
Lejos de eso, su visión es más ambiciosa: “Conectividad directa, no hardware nuevo”. La idea es simple pero disruptiva: permitir que cualquier smartphone actual, sin modificaciones, pueda conectarse directamente a la red satelital.
Por qué Musk no quiere hacer un móvil (por ahora)
El rechazo del empresario a fabricar un teléfono responde también a una lógica empresarial. Desarrollar hardware de consumo implica cadenas de suministro, soporte global, sistemas operativos y una competencia feroz en márgenes ajustados.
Para Musk, la verdadera innovación está en la capa de conectividad, no en el terminal. Si Starlink logra integrarse con iOS y Android de forma transparente, el incentivo para lanzar un dispositivo propio desaparece.
Aun así, deja abierta una pequeña puerta: si los ecosistemas actuales limitaran el acceso a sus plataformas o aplicaciones, podría replanteárselo. No por ambición comercial, sino por control estratégico.

El futuro es el ecosistema
La historia reciente sugiere que la pregunta ya no es quién fabrica coches o móviles, sino quién controla la experiencia digital.
Xiaomi y Huawei lo han entendido al convertir el vehículo en una extensión del smartphone. Apple ha optado por el software como punto de acceso al automóvil. Y Musk, lejos de sumarse a la carrera del hardware, apunta a un nivel más profundo: la infraestructura global de conectividad.
En ese tablero, el teléfono de Tesla no solo no existe, sino que quizá nunca haga falta. Porque si cualquier móvil puede conectarse al espacio, el dispositivo deja de ser el centro y pasa a ser solo una pieza más de un ecosistema mucho mayor.
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