El mercado de las dos ruedas asistió el año pasado al renacimiento de una leyenda. Royal Enfield presentó la nueva Bear 650, una atractiva motocicleta de estilo ‘scrambler’ que destila el alma de los años sesenta pero con componentes actuales. Su nombre no es casualidad: rinde un homenaje directo a la mítica Big Bear Run, una competición de gran dureza que se celebraba en el implacable desierto de Mojave (Estados Unidos).
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En la edición de 1960, un joven debutante de tan solo 16 años llamado Eddie Mulder, apodado ‘Fast Eddie’, asombró al mundo al cruzar la meta en primera posición a lomos de su Royal Enfield Fury 500. Se convirtió así en el campeón más joven de la prueba, completando la carrera con un amortiguador roto.
Para celebrar aquella hazaña, hoy se puede adquirir una edición especial denominada Two Four Nine, un guiño directo al dorsal 249 que lucía Mulder el día de su histórica victoria.

Fuerza bicilíndrica
El apartado mecánico de la Bear 650 está gobernado por la conocida plataforma bicilíndrica en paralelo de 648cc de la firma. El motor de cuatro tiempos e inyección electrónica desarrolla una potencia máxima de 47,4 CV a 7.150 rpm y un par motor de 56,5 Nm. Aunque comparte base con la Interceptor 650, los ingenieros han logrado incrementar el empuje en la zona media del cuentarrevoluciones.
Este rendimiento mecánico se ve potenciado gracias a un innovador sistema de escape dos en uno. La incorporación de un único silenciador lateral compacto no solo reduce el peso total del conjunto, sino que eleva la estética clásica del modelo.
La transmisión queda asociada a una caja de cambios de seis velocidades con embrague multidisco en baño de aceite, asegurando transiciones suaves tanto en ciudad como en rutas interurbanas.

Preparada para el ‘mal camino’
La Royal Enfield Bear 650 ha sido desarrollada bajo la premisa de ofrecer un control absoluto sobre cualquier terreno. Para lograrlo, la marca ha revisado y reforzado el chasis de doble cuna tubular de acero.
El esquema de suspensiones da un salto de calidad notable mediante la adopción de una horquilla invertida Showa de 43 milímetros de diámetro en el tren delantero, con un recorrido de 130 milímetros. En la zaga, monta un doble amortiguador de la misma firma japonesa con 115 milímetros de desplazamiento.

Esta configuración le otorga una generosa distancia libre al suelo de 184 milímetros. Su imponente línea se completa con una combinación de llantas de radios de 19 pulgadas delante y 17 detrás, calzadas con neumáticos mixtos que acentúan su faceta campestre.
En el apartado de frenos, equipa un disco delantero de 320 milímetros y otro trasero de 270 milímetros. Ambos están respaldados por un sistema de ABS de doble canal que permite la desconexión total en la rueda trasera para derrapar con total seguridad en pistas de tierra.

Tecnología moderna vestida de retro
A pesar de su marcada inspiración vintage, la dotación tecnológica es totalmente contemporánea. Destaca la instrumentación Tripper Dash, una pantalla TFT circular de 4 pulgadas que ofrece conectividad con el teléfono móvil, controles multimedia y navegación integrada mediante Google Maps.
El manejo de la pantalla se realiza de forma intuitiva a través de botones de y un joystick en la piña izquierda del manillar.
Además, es la primera vez que un modelo de dos cilindros de la marca incorpora iluminación led, presente en el faro principal, el piloto trasero y los intermitentes. Tampoco falta una toma de carga USB-C de 5V para conectar dispositivos electrónicos durante los desplazamientos.

A los mandos
En el caótico tráfico urbano, la Bear 650 sorprende positivamente por su agilidad. La postura erguida que propician su manillar ancho y sus estriberas retrasadas otorgan al piloto una visión privilegiada del entorno, ideal para moverse entre los coches. Aunque sus 214 kilos en orden de marcha penalizan las maniobras a baja velocidad, el exquisito tacto del embrague y del motor mitigan cualquier sensación de sobrepeso durante la conducción.
Es en los tramos revirados donde esta scrambler saca a relucir su verdadero potencial dinámico. La horquilla invertida Showa, ofrece una precisión milimétrica y un aplomo soberbio al trazar las curvas. Además, el bicilíndrico permite rodar en marchas largas con total fluidez gracias a una entrega de par contundente. No obstante, el amortiguador trasero muestra un tacto seco en tramos de asfalto roto y bacheado.

A la hora de afrontar trayectos de largo recorrido por vías rápidas, la estabilidad lineal a cruceros de 120 km/h es encomiable. El bloque empuja con suavidad, libre de vibraciones molestas en puños y estriberas. Sin embargo, la ausencia total de protección aerodinámica convierte el cuerpo del motorista en una vela contra el viento, lo que puede llegar a fatigar tras largas sesiones de conducción.
Lejos del pavimento, la Bear 650 se desenvuelve con soltura sobre pistas de tierra compacta y caminos forestales sencillos. La desconexión del ABS trasero invita a divertidos derrapes controlados, mientras la suspensión delantera absorbe con dignidad las protuberancias del terreno. Eso sí, conviene no olvidar que es una moto derivada de carretera; las zonas de arena suelta o los impactos fuertes hacen que la horquilla haga tope, evidenciando sus lógicos límites camperos.

Precios y disponibilidad en el mercado español
La gama comercial para España se segmenta en diferentes esquemas cromáticos, inspirados en los colores de aquellas carreras clásicas californianas.
La tarifa de acceso arranca en los 7.287 euros para la variante Boardwalk White. Un escalón por encima se sitúa el acabado Wild Honey, disponible por 7.387 euros. La denominación Golden Shadow sube hasta los 7.487 euros. Finalmente, los entusiastas que busquen la máxima exclusividad y homenajear al dorsal de Eddie Mulder podrán adquirir la versión especial Two Four Nine por 7.587 euros.
Con este despliegue, Royal Enfield demuestra que se puede ofrecer una auténtica moto de aventura con carácter, estilo inconfundible y tecnología moderna a un precio sumamente competitivo.
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