Cambié los neumáticos y días después uno empezó a perder aire: el culpable no era un pinchazo

No todas las pérdidas de presión tienen el mismo origen y algunas pueden aparecer justo después de pasar por el taller.

presión neumático
Vigilar rutinariamente la presión de los neumáticos es fundamental para evitar males mayores. | Getty Images

Cambiar los neumáticos suele ser una de esas operaciones que transmiten tranquilidad al conductor. Con las cubiertas nuevas, lo normal es olvidarse de ellas durante miles de kilómetros y limitarse a comprobar la presión de vez en cuando. 

Esa sensación de seguridad, sin embargo, puede desaparecer mucho antes de lo esperado. Basta con que se te encima el testigo de perdida de presión en una de las ruedas para que surjan las dudas sobre si el neumático ha sufrido un pinchazo o existe algún defecto en el montaje. 

Sin embargo, no todas las pérdidas de aire tienen su origen en un pinchazo. Hay averías que pasan prácticamente desapercibidas y que pueden aparecer incluso después de haber pasado por el taller, obligando a regresar antes de lo previsto para localizar el problema. 

Una pérdida de presión inesperada 

Eso fue lo que ocurrió apenas unos días después de sustituir las ruedas de un vehículo. Todo parecía funcionar con normalidad hasta que uno de los neumáticos comenzó a perder aire de forma gradual. La presión descendía poco a poco, sin llegar a desinflarse por completo, pero lo suficiente como para obligar a rellenarla de nuevo. 

Ante la posibilidad de que la cubierta hubiera sufrido un pinchazo, decidí volver a llevar el coche al taller para una revisión. Los mecánicos comprobaron el estado del neumático, inspeccionaron la llanta y descartaron cualquier perforación o daño que justificara la fuga de aire. 

Con el neumático y la llanta en buen estado la atención se centró en la válvula. Allí apareció el origen del problema: el obús tenía una pequeña grieta que dejaba escapar aire de forma constante, aunque casi imperceptible. 

¿Qué es el obús de la válvula del neumático?

Aunque muchos conductores desconocen su existencia, el obús de la válvula desempeña una función fundamental. Se trata del pequeño mecanismo situado en el interior de la válvula que permite introducir aire en el neumático durante el inflado y evita que vuelva a salir una vez finaliza la operación. 

Cuando esta pieza presenta desgaste, una fisura o simplemente deja de cerrar correctamente, el neumático comienza a perder presión lentamente. Es una avería sencilla de solucionar y de bajo coste, pero sus síntomas pueden confundirse fácilmente con los de un pinchazo lento. 

En muchos casos, el conductor únicamente percibe que debe inflar una rueda con más frecuencia de lo habitual. Como la pérdida de aire es progresiva, resulta difícil detectarla a simple vista y puede prolongarse durante días o incluso semanas. 

No siempre hay un clavo detrás de una fuga de aire 

La presencia de un tornillo, un clavo o un fragmento de cristal sigue siendo una de las causas más habituales de pérdida de presión en un neumático, pero está lejos de ser la única. Existen otros elementos que también pueden provocar fugas sin dejar señales evidentes. 

Uno de ellos es el propio sistema de válvula. Con el paso del tiempo, el caucho puede deteriorarse debido a la exposición al sol, la humedad o los cambios de temperatura. Además, el obús puede aflojarse o dañarse durante el uso, favoreciendo pequeñas pérdidas de aire. 

También puede producirse una fuga por un mal asentamiento entre el neumático y la llanta, especialmente cuando esta presenta corrosión, deformaciones o ha sufrido un golpe contra un bordillo. Incluso un montaje deficiente puede terminar provocando una pérdida gradual de presión. 

En otras ocasiones, el problema se encuentra en la propia estructura del neumático. Un impacto fuerte contra un bache o un socavón puede dañar la carcasa sin que el deterioro sea visible desde el exterior, permitiendo que el aire escape lentamente. 

Los efectos de circular con poca presión

Un neumático con menos presión de la recomendada modifica el comportamiento del vehículo desde el primer momento. Aumenta la superficie de contacto con el asfalto, genera más temperatura durante la marcha y acelera el desgaste de la banda de rodadura. 

Además, el coche pierde precisión en la dirección, aumenta la distancia de frenado y el consumo de combustible también se incrementa.  

Si el problema no se detecta a tiempo, la situación puede agravarse hasta provocar un sobrecalentamiento del neumático y aumentar el riesgo de sufrir un reventón, especialmente durante trayectos largos por autopista o cuando circula con una elevada carga. 

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