La DGT explica qué hacer cuando el coche deja de obedecer en una curva: así se corrigen el subviraje y el sobreviraje

Una curva mal calculada, un volantazo o un frenazo inesperado pueden poner al conductor en apuros. Saber reaccionar marca la diferencia.

subviraje curva

En conducción hay situaciones que aparecen en apenas unas décimas de segundo y que pueden sorprender incluso a conductores experimentados. Entrar demasiado rápido en una curva, acelerar cuando no toca o reaccionar bruscamente ante un imprevisto puede provocar que el coche deje de seguir la trayectoria deseada.

Son escenarios poco frecuentes en una conducción tranquila, pero conviene conocerlos porque forman parte de la dinámica de cualquier vehículo. Entre ellos destacan el subviraje, el sobreviraje y la frenada de emergencia, tres situaciones que tienen algo en común: cuanto mejor sea la anticipación, menos probabilidades habrá de tener que enfrentarse a ellas.

Cuando el coche se va de frente

El subviraje es una de las pérdidas de adherencia más habituales. Se produce cuando el vehículo gira menos de lo que ordena el conductor. Aunque el volante esté orientado hacia el interior de la curva, el coche tiende a abrir la trayectoria y dirigirse hacia el exterior.

La sensación para quien está al volante resulta desconcertante: el conductor gira, pero el vehículo parece empeñado en seguir recto.

Este fenómeno suele aparecer cuando se entra demasiado rápido en una curva y los neumáticos delanteros son incapaces de generar el agarre necesario para mantener la trayectoria. También puede surgir tras una frenada tardía o una aceleración inapropiada que altere el equilibrio del vehículo.

La adherencia disponible no es infinita. Cuando la velocidad es excesiva para las condiciones del asfalto, de los neumáticos o del propio trazado, las ruedas delanteras comienzan a deslizar y el coche pierde capacidad de dirección.

La reacción instintiva de muchos conductores consiste en girar todavía más el volante. Sin embargo, es precisamente una de las respuestas menos eficaces. Cuanto mayor sea el ángulo de giro, mayor será también la exigencia a unos neumáticos que ya han superado su límite de adherencia.

Lo recomendable es levantar suavemente el pie del acelerador para reducir velocidad de forma progresiva y permitir que el eje delantero recupere agarre. Las correcciones deben ser suaves y evitando movimientos violentos tanto con el volante como con los pedales.

Los sistemas electrónicos de estabilidad ayudan a corregir este tipo de situaciones, pero tampoco pueden vencer las leyes de la física cuando la velocidad es claramente excesiva.

Cuando derrapa la parte trasera

El sobreviraje es el fenómeno opuesto. En lugar de perder agarre el eje delantero, es la parte trasera la que comienza a deslizar.

La consecuencia es que la zaga intenta adelantar al morro del coche. Si el conductor no corrige la situación a tiempo, el vehículo puede llegar a girar completamente sobre sí mismo.

Aunque históricamente ha sido un comportamiento más asociado a vehículos de propulsión trasera, puede aparecer en cualquier coche cuando las condiciones de adherencia son deficientes o se realizan maniobras bruscas.

Las aceleraciones excesivas en plena curva figuran entre las causas más habituales. También pueden influir frenadas intensas, firmes deslizantes, lluvia, neumáticos desgastados o cambios repentinos de apoyo.

Audi

La clave para evitarlo vuelve a estar en la suavidad. Entrar en la curva a la velocidad adecuada, acelerar de forma progresiva y evitar movimientos bruscos permite mantener el equilibrio del vehículo.

Si el sobreviraje ya se ha producido, la prioridad pasa por mantener la calma. La mirada debe dirigirse hacia el lugar donde se quiere llevar el coche y no hacia el obstáculo que se pretende evitar. Al mismo tiempo, conviene levantar el pie del acelerador de forma progresiva para favorecer que las ruedas traseras recuperen adherencia.

La corrección del volante ha de acompañar el movimiento del derrape para estabilizar el vehículo. Una vez recuperado el control, será necesario enderezar la dirección suavemente para continuar la trayectoria.

Son maniobras que exigen rapidez y coordinación, por lo que la mejor solución sigue siendo impedir que la situación llegue a producirse.

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El último recurso: la frenada de emergencia

La frenada de emergencia aparece cuando el conductor se encuentra de repente con un obstáculo y necesita detener el vehículo en la menor distancia posible.

Un peatón que irrumpe en la calzada, un vehículo detenido tras una curva o una retención inesperada pueden obligar a actuar de forma inmediata.

En estos casos, muchas personas siguen creyendo que deben bombear el pedal del freno o dosificar la presión. Sin embargo, en los vehículos equipados con ABS la actuación correcta consiste en pisar el pedal con toda la fuerza posible y mantener esa presión.

Las vibraciones que se perciben en el pedal son normales. Indican precisamente que el sistema antibloqueo está funcionando para impedir que las ruedas se bloqueen y el conductor pierda capacidad de dirección.

Mientras se frena, es importante sujetar firmemente el volante y mantener el control de la trayectoria. También conviene dirigir la vista hacia la zona libre por la que se pretende pasar y no quedarse fijado en el peligro.

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