El verano cambia por completo el ritmo de las carreteras. Millones de conductores se desplazan durante estas semanas y las estaciones de servicio se convierten en una parada habitual antes de continuar el viaje.
Ese aumento de actividad también ofrece más oportunidades a quienes buscan aprovechar un momento de confianza. En Francia, varios conductores han sufrido un mismo engaño relacionado con los surtidores.
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Fraude en las gasolineras
No es la primera vez que las estaciones de servicio aparecen relacionadas con este tipo de prácticas. En los últimos años se han conocido distintas modalidades dirigidas a conductores, desde peticiones de dinero hasta métodos relacionados directamente con el funcionamiento de los surtidores.
El procedimiento del que han alertado medios franceses destaca precisamente por su sencillez. No requiere dispositivos sofisticados ni conocimientos especiales: se aprovecha de una operación de pago que no ha quedado correctamente cerrada.
Además, el momento elegido no es casual. Las gasolineras con mucha actividad permiten que una persona pueda abandonar el lugar sin comprobar durante unos segundos qué sucede en el puesto que acaba de utilizar.

¿Cómo comienza la estafa?
El primer paso resulta difícil de interpretar como una amenaza. Un desconocido se acerca a un conductor que está repostando y le pide que pague con su tarjeta una pequeña cantidad de combustible.
La persona asegura que no dispone de tarjeta y ofrece entregar el importe correspondiente en efectivo. Al tratarse de una suma reducida, la propuesta puede parecer un simple favor entre conductores.
La víctima introduce o acerca su tarjeta al terminal y autoriza el pago. Después recibe el dinero prometido y entiende que la operación ha terminado.
Pero ese es precisamente el momento que aprovecha el estafador.
El surtidor se convierte en la clave del engaño
El delincuente puede evitar que el proceso quede completamente finalizado. La manguera permanece asociada a la operación anterior y permite continuar sirviendo combustible.
Cuando el primer conductor se marcha, el responsable vuelve a utilizar el surtidor para repostar su propio vehículo. El nuevo combustible queda entonces vinculado a la autorización que acababa de realizar la víctima.
El conductor ya no está presente para advertir lo que ocurre. El problema aparece después, cuando consulta el movimiento bancario y descubre que el importe cargado es muy superior al que esperaba.
En los casos recogidos por medios franceses, el límite de autorización podía alcanzar los 150 euros, aunque la cantidad inicialmente solicitada al conductor fuera mucho menor.
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Hay estaciones que resultan más atractivas
La información publicada sobre esta modalidad apunta además a un detalle relevante. No cualquier estación resulta igual de interesante para quienes utilizan este procedimiento.
Los delincuentes pueden buscar establecimientos abiertos durante las 24 horas y aquellos en los que el pago mediante tarjeta resulta imprescindible. El motivo es sencillo: necesitan que el conductor pueda completar la operación sin que intervenga un empleado.
Este escenario facilita que una persona pueda acercarse al surtidor, realizar la petición y desaparecer después sin mantener contacto con el personal de la estación.

El método también ha evolucionado
La fórmula no permanece necesariamente igual. Las informaciones más recientes sobre este tipo de fraude describen una variante en la que ya no es imprescindible convencer a otro conductor para iniciar la operación.
El objetivo vuelve a ser el mismo: conseguir que la manguera no quede correctamente colocada después de un repostaje. Para ello, los delincuentes pueden intervenir en el soporte del surtidor e introducir pequeños objetos que impiden que la pistola encaje como debería.
Si el sistema interpreta que el repostaje todavía no ha terminado, la siguiente persona puede encontrarse con una operación que no se ha cerrado correctamente.
Este cambio demuestra que el método puede adaptarse al funcionamiento de cada estación y que un simple vistazo al surtidor antes de pagar puede ser importante.
Cómo evitar el timo
La primera medida es también la más sencilla: no utilizar la tarjeta propia para repostar el vehículo de un desconocido, aunque prometa entregar inmediatamente el dinero en efectivo.
Si se produce una situación de este tipo, lo recomendable es avisar al personal de la estación y no continuar con una operación cuyo funcionamiento no se controla.
También hay que comprobar que la manguera está correctamente colocada y que la pantalla del surtidor muestra que el repostaje anterior ha finalizado.
Guardar el recibo permite además disponer de una prueba de la operación realizada. Revisar los movimientos de la tarjeta después de repostar puede servir para detectar rápidamente cualquier importe que no corresponda con el combustible adquirido.

Un cargo que no corresponde
El problema puede descubrirse cuando el conductor ya está lejos de la gasolinera. En ese caso, conviene actuar cuanto antes y guardar toda la información disponible sobre el repostaje.
El justificante, la hora aproximada, el surtidor utilizado y cualquier otro detalle pueden ayudar a reconstruir lo ocurrido. Si se dispone de información sobre el vehículo implicado, como su matrícula, también puede resultar útil para una eventual denuncia.
La recomendación es comunicar el incidente a la estación de servicio y contactar con la entidad bancaria para informar del cargo que no se reconoce.
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