Las lluvias persistentes que están marcando el inicio de 2026 en buena parte de España han vuelto a sacar a la luz un problema conocido por los conductores: el mal estado del asfalto.
En numerosas carreteras, tanto secundarias como autovías principales, los baches se multiplican, aparecen grietas profundas, y en los casos más graves se producen cortes de carril o restricciones de circulación por motivos de seguridad.
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Este fenómeno no es nuevo, pero si más visible tras semanas de lluvia continuada. Las precipitaciones intensas, combinadas con bajas temperaturas y un firme ya fatigado están acelerando un deterioro que afecta directamente a la seguridad y el bolsillo de los conductores.
Por qué aparecen tantos baches tras varios días de lluvia
El proceso es tan técnico como inevitable si no se actúa a tiempo. El agua se filtra por las pequeñas fisuras del pavimento y alcanza las capas inferiores del firme. Con el paso constante de los vehículos, esas capas pierden estabilidad y acaban desprendiéndose.
Cuando a esa humedad se suman descensos bruscos de temperatura, el agua acumulada se expande al congelarse, ensanchando las grietas existentes hasta transformarlas en socavones de mayor tamaño
Un problema estructural que viene de lejos
Aunque la climatología actúa como detonante, el deterioro actual de muchas carreteras no debe explicarse únicamente por la lluvia. Los últimos análisis técnicos sobre la red viaria española señalan años de insuficiente inversión en mantenimiento, lo que ha dejado el asfalto en una situación especialmente vulnerable.
Más de la mitad de las carreteras presentan daños graves o muy graves, con miles de kilómetros que necesitarían actuaciones urgentes. La consecuencia directa es una red que envejece mal: el pavimento se rompe antes, los parches se multiplican y las reparaciones temporales no siempre resisten el siguiente temporal.
En comunidades especialmente castigadas por el clima, como Andalucía, Galicia, Castilla y León o Aragón, la situación es todavía más evidente. En algunos puntos, el deterioro ha obligado a realizar intervenciones urgentes y a restringir la circulación para evitar riesgos mayores.
Riesgos para el coche y para la conducción
Circular por una carretera con baches no solo resulta incómodo. Los impactos pueden provocar reventones de neumáticos, llantas deformadas, daños en la suspensión o desajustes en la dirección. En autopistas y autovías, donde la velocidad es mayor, el riesgo aumenta si el conductor no puede anticipar el obstáculo.
Además, un firme en mal estado obliga a una conducción más defensiva y estresante. Cuando el conductor debe centrarse en esquivar irregularidades del asfalto, se reduce la atención al tráfico, lo que incrementa la probabilidad de incidentes.
Qué hacer cuando el asfalto no acompaña
En este contexto, la prevención se vuelve clave. Adaptar la velocidad, aumentar la distancia de seguridad y extremar la atención en zonas encharcadas son medidas básicas. Los charcos profundos pueden ocultar baches de gran tamaño, y atravesarlos sin reducir la marcha pueden salir caro.
El mantenimiento del vehículo también juega un papel esencial. Tener los neumáticos en buen estado y con la presión correcta ayuda a absorber mejor los impactos y reduce el riesgo de daños mayores. Aun así, no siempre es posible evitar el golpe.
Si un bache provoca daños evidentes en el coche, la normativa española permite reclamar al titular de la vía, siempre que se demuestre que el desperfecto es consecuencia directa del mal estado de la carretera. Fotografías del punto afectado, testigos y facturas de reparación suelen ser elementos decisivos en este tipo de reclamaciones.
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