Viajar en taxi es una de las opciones más cómodas cuando se llega a una ciudad desconocida, especialmente después de un vuelo o un trayecto largo. Sin embargo, un pequeño descuido puede terminar encareciendo la carrera.
No todas las facturas elevadas esconden un engaño. El tráfico, las calles cortadas o determinados suplementos pueden justificar un importe mayor, aunque existen algunas señales que deberían despertar las sospechas del pasajero.
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Una trampa que empieza antes de arrancar
Una de las prácticas que está generando quejas recientemente se ha detectado en Ámsterdam, concretamente en las inmediaciones de la estación central. Allí, varios conductores habrían utilizado una estrategia basada en rechazar determinados desplazamientos.
El primer taxi del punto de recogida declina una carrera corta por resultar poco rentable. Después aparece otro conductor dispuesto a llevar al pasajero, pero propone un precio cerrado muy superior al habitual.
Ante una situación así, conviene preguntar por el taxímetro antes de subir y comparar el importe solicitado con una estimación previa del trayecto.

El taxímetro supuestamente averiado
Otro método consiste en asegurar que el taxímetro no funciona una vez iniciado el desplazamiento. El conductor puede intentar entonces establecer una cantidad arbitraria al llegar al destino.
Si no existe un precio cerrado acordado previamente, el pasajero puede solicitar que se utilice el taxímetro. Si el conductor se niega, resulta más prudente buscar otro vehículo.
También puede aparecer una tarifa más cara en la pantalla. Los precios nocturnos, festivos o correspondientes a determinados vehículos pueden ser legales, pero deben aplicarse únicamente cuando se cumplen las condiciones establecidas.
En muchas ciudades, además, los precios deben estar expuestos dentro del automóvil o en sus puertas. Comprobarlos antes de iniciar el recorrido puede ayudar a detectar una anomalía.
El suplemento que aparece al final
Hay pasajeros que descubren el incremento de precio únicamente al llegar a destino. Es entonces cuando aparecen supuestos cargos por maletas, pasajeros adicionales, pago con tarjeta o recogida en el aeropuerto.
Estos conceptos pueden estar permitidos dependiendo de la ciudad, pero deberían figurar en la normativa tarifaria correspondiente. Que se comuniquen por primera vez al finalizar el servicio es motivo para pedir explicaciones.
Algo parecido ocurre con los precios cerrados. Si antes de subir se acuerda una cantidad, esta no debería cambiar posteriormente porque haya habido tráfico o porque el trayecto haya resultado más complicado.

El recorrido que se alarga sin necesidad
No siempre el problema está en la cantidad que marca el taxímetro. Otra posibilidad consiste en realizar un recorrido innecesariamente largo, aprovechando que el pasajero no conoce las calles.
Una obra, un atasco o una restricción pueden justificar un cambio de itinerario. La sospecha aparece cuando la desviación resulta difícil de explicar o no parece guardar relación con el tráfico.
El móvil permite comprobar aproximadamente la ruta mediante una aplicación de mapas y detectar desviaciones importantes mientras avanza el trayecto.
El truco del cambio
Existe además una práctica especialmente difícil de detectar cuando el pasajero está distraído. El conductor recibe, por ejemplo, un billete de 50 euros y después asegura que se le ha entregado uno de menor valor.
Para evitar la confusión, conviene decir en voz alta la cantidad entregada y revisar el cambio inmediatamente antes de guardar el dinero.
Con el pago mediante tarjeta también pueden aparecer problemas. El conductor podría introducir en el terminal un importe superior al mostrado en el taxímetro.
En otros países, además, puede ofrecerse una conversión a euros poco favorable. Antes de confirmar la operación hay que comprobar el importe y la moneda, además de solicitar el recibo.
Dónde hay que extremar la precaución
Los aeropuertos y las grandes estaciones reúnen varias circunstancias que pueden favorecer estas prácticas. El viajero suele estar cansado, desconoce las tarifas y los puntos oficiales de recogida y, en ocasiones, tiene dificultades para comunicarse.
Un conductor que aborda a los pasajeros dentro de la terminal para ofrecerles directamente un traslado merece especial precaución. Lo recomendable es seguir las señales hasta la parada oficial.
También hay que desconfiar de quienes llevan a los viajeros hasta vehículos situados fuera de las zonas habilitadas. En estos casos, el precio puede no quedar claro hasta que la carrera ya ha comenzado.

Qué hacer si algo no encaja
Si el importe final resulta inesperadamente elevado, lo primero es solicitar una explicación y preguntar por cada suplemento aplicado. Una discusión dentro del vehículo o en un lugar aislado, sin embargo, puede no ser la mejor opción.
Si existen amenazas o el conductor impide abandonar el automóvil, la prioridad debe ser ponerse a salvo y contactar con la policía local.
Para reclamar posteriormente, resulta útil conservar el número del taxi, la matrícula, la empresa, la hora, el recorrido, una fotografía del taxímetro y el justificante de pago. En las carreras contratadas mediante una aplicación, buena parte de estos datos suele quedar almacenada automáticamente.
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