Un pueblo de Zaragoza con 10 habitantes en invierno es el más pequeño del mundo con semáforos

Las señales visuales regulan el tráfico de la calle principal de la localidad, tan estrecha que no caben dos vehículos a la vez.

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Purujosa es un pueblo de Zaragoza con 30 habitantes y dos semáforos. | Google Maps

España alberga la ciudad de Europa con más semáforos por habitante: en Valencia hay uno por cada 720 personas. También cuenta con la localidad más pequeña regulada por este sistema: está en Aragón. 

Purujosa se ubica en un espolón rocoso sobre el río Isuela y el barranco de la Virgen. Para encontrarla en el mapa hay que buscar la comarca del Aranda, en la cara oculta del Moncayo, la menos conocida de esta cadena montañosa. No es esta la razón por la que, en su día, se ganó un hueco en el ‘Libro Guinness de los Récords’. 

Tampoco fue por las rutas senderistas o las de bicicleta o por la espeleología que se puede practicar en la última localidad de Aragón antes de llegar a Soria. Este pequeño municipio, con un censo oficial de 30 habitantes en 2023, tiene una superficie de 35,47 kilómetros cuadrados. Y a pesar del pequeño tamaño de su casco urbano, tiene dos semáforos que regulan una de sus empinadas calles

Un pueblo de 30 habitantes

Su presencia convirtió a Purujosa en el pueblo más pequeño del mundo regulado por estas señales de control de tráfico. Estos dispositivos se encuentran en la calle Mayor, la principal arteria del pueblo, que mide 500 metros de largo y acumula un considerable desnivel. 

Esta vía es, también, la única forma de acceso a Purujosa, razón por la que colocaron uno en cada sentido. ¿Cuál es objetivo de instalar un par de semáforos en un pueblo de 30 habitantes? La calle Mayor tiene varias curvas y, sobre todo, es muy estrecha: tanto que si dos vehículos coinciden en un punto, no caben. 

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Purujosa es un pueblo de Zaragoza con 30 habitantes y dos semáforos.

Dos semáforos en una calle de 500 metros 

La dificultad para circular por esta vía hizo que, en 2001, el alcalde de Purujosa en aquel momento, Santiago San Martín Ibáñez, determinase la instalación de dos semáforos para solucionar un problema que interfería en la rutina del pueblo. Bien es cierto que en invierno no llegan a la decena de habitantes, pero la población crece bastante en los períodos vacacionales. 

Ahora su uso está completamente normalizado, pero, al principio, hubo algún problema porque había quien no respetaba la luz roja. Cada semáforo no dura más de cuatro o cinco minutos: tiempo suficiente para que los vehículos de uno y otro sentido recorran la calle. La coordinación de las dos señales se lleva a cabo en una empresa especializada de Zaragoza. 

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