Hay coches que pasan horas aparcados sin hacer nada más que esperar a su próximo trayecto. Tesla quiere cambiar precisamente eso y convertir ese tiempo muerto en una oportunidad de negocio para sus propietarios.
La idea de Elon Musk no es nueva, pero ahora tiene algo que hasta hace poco parecía lejano: los robotaxis de Tesla ya circulan en Estados Unidos y empiezan a poner a prueba ese modelo.
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Una idea que Tesla lleva años persiguiendo
El concepto apareció ya en el ‘Master Plan Part Deux’ de Tesla, publicado en 2016. La compañía planteaba entonces que los propietarios pudieran añadir sus vehículos a una flota compartida mediante la aplicación, de manera que estos generasen ingresos mientras sus dueños estuvieran trabajando o de vacaciones.
La propuesta iba incluso más allá. Tesla pretendía combinar una flota propia con los vehículos de sus clientes para crear una red mucho mayor sin tener que comprar todos los automóviles que prestasen servicio.
Una década después, esta función todavía no está disponible de forma general para los propietarios de Tesla. Sin embargo, Musk ha vuelto a defender el planteamiento y ha explicado que el modelo sería similar al de Airbnb, con coches que entrarían y saldrían de la red según las necesidades de sus propietarios.
El Cybercab acerca la idea a la realidad
La diferencia respecto a 2016 es que Tesla ya tiene vehículos autónomos transportando pasajeros. El servicio Robotaxi comenzó su despliegue en Austin y se ha extendido a otras ciudades estadounidenses, mientras que el Cybercab representa la apuesta específica de la compañía por un vehículo concebido para funcionar sin conductor.
El Cybercab tiene dos plazas y carece de volante y pedales. Tesla lo plantea como un vehículo completamente autónomo destinado a formar parte de una futura red de transporte.
Por eso, los trayectos que ya se están realizando en Austin son algo más que una demostración tecnológica. También sirven para comprobar si la fórmula puede resultar competitiva desde el punto de vista económico.
Un viaje de 15 minutos por menos de la mitad
Una de las primeras comparaciones que ha llamado la atención procede precisamente de Austin. El 4 de septiembre, un usuario compartió los precios de tres trayectos de unos 15 minutos: 21 dólares en Uber, incluyendo la propina; 16,99 dólares en un Tesla Model Y; y 9,65 dólares en un Cybercab.
En ese caso concreto, el robotaxi costó menos de la mitad que el viaje en Uber. La diferencia resulta llamativa, aunque conviene no convertir una experiencia individual en una tarifa oficial: Tesla todavía no ha publicado una tabla general de precios para sus Cybercab y el coste puede variar según el trayecto y las condiciones del servicio.
El dato permite hacerse una idea del reto que tiene por delante la compañía. Cuanto menor sea el precio para el pasajero, mayor tendrá que ser la eficiencia de toda la operación para que el negocio resulte rentable.
La promesa de pagar la cuota del coche
Ahí aparece la parte más ambiciosa del planteamiento de Musk. Si los vehículos de los clientes terminan formando parte de esa red, el propietario podría obtener ingresos durante las horas en las que normalmente tendría el coche aparcado.
Tesla tendría que gestionar aspectos como los desplazamientos, la carga, el mantenimiento y la disponibilidad del vehículo, además de establecer cómo se repartirían los ingresos generados.
Musk ha llegado a asegurar que está muy confiado en que los ingresos obtenidos por un propietario podrían superar la cuota mensual del vehículo. Pero se trata de una previsión sobre un modelo futuro, no de una cantidad garantizada ni de una función que los clientes puedan activar actualmente desde la aplicación.
La NHTSA pone el foco en el Cybercab
Mientras Tesla avanza con las primeras unidades, también han aparecido obstáculos regulatorios. La NHTSA, el organismo estadounidense encargado de la seguridad vial, abrió en septiembre una investigación relacionada con la certificación de hasta 1.000 Cybercab.
El análisis se centra, entre otros aspectos, en la configuración de estos vehículos y en la ausencia de elementos tradicionales como el volante y los pedales. La investigación llega cuando el despliegue comercial todavía se encuentra en una fase inicial.
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Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo.
