Cuarenta y dos años después de la muerte de Francisco Franco, los coches de la dictadura son un libro abierto para entender ese periodo de la historia española. Lujo, comodidad, distinción, poderío. Los automóviles se convirtieron en la mejor tarjeta de presentación del régimen y en una suma de pretenciosidades. Sirven, incluso, para entender la política internacional española desde la monarquía de Alfonso XIII, aunque la historia adquiere tintes casi cinematográficos durante el franquismo.

¿Por qué el Gobierno dejó de comprar los vehículos a Alemania? ¿Qué provocó que al dictador dejasen de gustarle los descapotables para sus desfiles? Todas las respuestas están aquí. Franco murió el 20 de noviembre de 1975, pero la memoria de sus coches permanece intacta.

DEL CARROMATO Y EL BURRO A LOS HISPANO-SUIZA

La transición hacia los mejores coches se debió, en gran medida, a Alfonso XIII. El bisabuelo del rey Felipe VI fue siempre un enamorado de los coches y la velocidad, pasión que le llevó a patrocinar la primera empresa automovilística española, la Hispano-Suiza. “El monarca actuó de embajador de la compañía en el extranjero, promocionándola en ferias internacionales de principios del siglo XX y auspiciando su expansión nacional”, comenta Emilio Polo, historiador experto en vehículos clásicos.

Sin embargo, estos primeros coches oficiales echan el freno con la llegada de la Segunda República. Sus ideales socialistas chocaban frontalmente con unos vehículos tan lujosos, que llegaron a ser vistos como una provocación. Son los años 30, década convulsa que se salda con el final de la Guerra Civil.

Y aquí empieza el movimiento. A través de los coches oficiales comprados desde el 39 se pueden reconstruir décadas de la memoria de España. El inicio de los 40 está marcado por la autarquía, los aranceles, el hambre y la pobreza. Aunque, paradójicamente, Franco entra en Madrid a bordo de un flamante Hispano-Suiza descapotable. Todo indicaba que el parque de vehículos iba a discurrir por otro lado.

Así fue: Franco comienza a utilizar los coches oficiales como herramientas para hermanarse con sus amigos europeos y encarga a la alemana Mercedes-Benz una poderosa flota de vehículos. Son los años del auge del nazismo y de Hitler, que regaló al Generalísimo, por su 48 cumpleaños, un monstruo descomunal de seis ruedas que sólo alcanzaba los 67 kilómetros por hora y que llegaba a consumir 38 litros a los 100. Todo un caramelito con, incluso, una coqueta capilla portátil.

“Es un coche excepcional porque fue una serie muy limitada de 57 unidades, de las que una vino a España, otra fue a la Italia de Mussolini y otra se quedó para uso y disfrute personal del Hitler”, comenta Ignacio Bernal, coleccionista y especialista en vehículos históricos.

Coches régimen franquista

El Mercedes que Hitler regaló a Franco.

Pero la Historia avanza, Hitler cae en la Segunda Guerra Mundial y el régimen comienza a mirar a Estados Unidos. Franco se autoproclama “el azote del comunismo en Europa” y luce su título a bordo de flamantes Cadillacs blindados con cristales de cuatro dedos de grosor, planchas de acero… y descapotables. Aunque esa moda cambiaría rápidamente forzada por las circunstancias.

DEL DESCAPOTABLE AMERICANO AL ELEGANTE ROLLS INGLÉS

Franco queda estupefacto cuando escucha la noticia de que han asesinado a Kennedy durante un paseo en coche por las calles de Dallas y decide no utilizar ya ese tipo de carrocerías. Corre el año 1963, la Guerra Civil comienza a quedar atrás y los tecnócratas se han hecho con el poder económico y político del país. Aunque ya se había comenzado una campaña de acercamiento a Europa desde la década de los 50, es hora de mirar de nuevo a los vecinos cercanos con más intensidad e intentar integrarse en un continente que continúa dando la espalda a España. Y los automóviles volverán a servir de herramienta. “La flota de coches oficiales empieza a recibir flamantes Rolls-Royce como el Phantom IV. España se hace con tres, y dos de ellos siguen hoy en funcionamiento”, comenta Luis Miguel Mata, gerente del Museo de la Historia de la Automoción de Salamanca.

Coches régimen franquista

El dictador, en un Rolls-Royce Phantom IV.

Y un paso más, hasta la España de finales de los sesenta y principios de los setenta, la del desarrollismo. El régimen quiere presumir de poderío industrial, y encarga fabricar un despampanante Chrysler Imperial a Eduardo Barreiros, nombre propio de la industria automovilística española.

De Barreiros son también los Dodge Dart, cochazos de la España de los 60 por antonomasia y protagonistas de un suceso que deja sin aliento al país en 1973, cuando el Presidente del Gobierno Carrero Blanco salta por los aires a bordo de su Dodge oficial.

Pero Barreiros cae en desgracia por los recelos del Régimen Franquista, temeroso del poderío industrial del empresario y decidido a volver a mirar hacia Estados Unidos. Los últimos vehículos comprados son Cadillacs Fleetwood, Brougham y El Dorado, al estilo de otras dictaduras.

Coches régimen franquista

El franquismo también viajó en un Chrysler Imperial.

Muchos de estos vehículos, junto a motos Harley-Davidson o el Seat 600 regalado al Rey Felipe VI en 1977, son custodiados hoy por la Guardia Real, encargada de rendir honores y dar escoltas solemnes al Rey y a los miembros de su Familia. En la Sala de Vehículos Históricos y de Representación, en El Pardo, se encargan de exhibirlos como las joyas que son, de mantenerlos en perfecto estado y de garantizar que su funcionamiento es óptimo en las ocasiones de máxima solemnidad. “El Phantom IV, por ejemplo, fue utilizado por última vez el día de la Proclamación del Rey Felipe VI, y también sirvió como vehículo oficial el día de la Proclamación de su padre, el Rey Juan Carlos I”, señalan desde el Negociado de Comunicación de la Guardia Real.

Sin duda, la política del siglo XXI no es igual a la del siglo XX y aunque todavía de vez en cuando los coches oficiales siguen siendo noticia, hoy se habla de su necesidad o de su precio. No obstante, los vehículos históricos cuentan muchas más cosas: “A través de los coches de representación se pueden entender las relaciones internacionales de los países, pero el caso de España es singular por no haber sido una democracia durante tantos años”, asegura Keko Romero, periodista de automoción.

Son, sin duda, un peculiar manual de historia que nos enseña cómo antes no hacía falta firmar un tratado bilateral para granjearse un aliado. Una manera distinta de entender la política y las relaciones internacionales.