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Siete coches que vieron cambiar la historia de la humanidad

En algunos de los grandes momentos de la historia (de España y el mundo) ha estado presente, de un modo u otro, el automóvil.

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El Dodge de Carrero Blanco se conserva en Torrejón de Ardoz.

Uno de los coches más famoso de todos los tiempos es el Lincoln Continental en el que fue asesinado el presidente John Fitzgerald Kennedy en Dallas, en 1963. Pero aunque la muerte de JFK fue sin duda impactante, ha habido otros momentos que han representado un punto de inflexión en la historia moderna y en la que los automóviles han sido un factor clave.

Gräf & Stift Double Phaeton

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, la duquesa Sofía Chotek, fueron asesinados mientras recorrían las calles de Sarajevo en el asiento trasero de uno de los coches más lujosos de la época, un Gräf & Stift Double Phaeton de 1910, una limusina de seis plazas con un motor de cuatro cilindros que entregaba 32 CV.

El magnicidio provocó el estallido de una de las mayores matanzas de la historia, la Primera Guerra Mundial. El coche se conserva –rodeado de una leyenda siniestra– en el Museo Militar de Viena.

El coche en el que fue asesinado el archiduque de Austria.

Renault 8 CV

El 5 de septiembre de 1914 las fuerzas alemanas del Mariscal Von Kluck amenazaban París y la situación era desesperada en la capital francesa. Apenas quedaban vehículos para transportar tropas de refuerzo hasta la vecina localidad de Maunoury. El general Joseph Gallieni –gobernador militar de París– tuvo una idea: reunió a los 600 taxis Renault 8 CV de la ciudad y los utilizó para hacer llegar al frente más de 6.000 soldados. Circulaban a 25 km/h, cargados con cuatro o cinco soldados a la ida y con heridos a la vuelta. Los Taxis del Marne han pasado a la historia como los vehículos que hicieron ganar la guerra a Francia. Uno de ellos se exhibe en el Musee de l’Armée de les Invalides en París.

Uno de los Taxis del Marne.

De Dion-Bouton Limousine

Pese a no ser de los más conocidos, el asesinato de Alejandro I de Yugoslavia ha sido uno de los que más ha marcado el devenir de Europa en general y de los conflictivos Balcanes en particular. Alejandro I fue el hombre elegido por las potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial para pacificar la región. El 9 de febrero de 1933, durante una visita a Francia, un terrorista de la organización nacionalista croata Ustacha se subió al estribo del De Dion-Bouton donde viajaba y le disparó tres tiros a bocajarro que le causaron la muerte en el acto. Al magnicidio de Alejandro I le corresponde otro dudoso honor: fue el primero filmado por una cámara de cine que se encontraba justo en el lugar de los hechos.

El DeDion-Bouton de Alejandro I.

Marmon 34

En España también se registran algunos magnicidios. La convulsa Restauración vio morir a dos presidentes en sendos atentados anarquistas. A uno de ellos, Eduardo Dato, lo mataron el 8 de marzo de 1921 mientras transitaba por la madrileña plaza de la Independencia, donde se ubica la Puerta de Alcalá. Una moto con sidecar se situó junto a su coche y sus tres ocupantes acribillaron su automóvil, que recibió más de veinte disparos. Eduardo Dato, el hombre que había mantenido a España neutral durante la Primera Guerra Mundial fallecía desangrado minutos después. El Marmon 34 –carrozado como coche presidencial por Lamarca– se conserva en el Museo del Ejército de Toledo.

El coche en el que murió Dato.

Mercedes-Benz 320

Cuentan algunos historiadores que incluso Adolf Hitler consideraba a Reinhard Heydrich, el máximo responsable de la terrorífica Gestapo, un hombre “con el corazón de hielo”. La vida del hombre destinado a suceder al Führer terminó en Praga el 27 de mayo de 1942. Dos agentes checos formados por el servicio secreto británico ametrallaron su Mercedes Benz 320 al paso por el Puente Troja. Paradójicamente, Heydrich no murió a consecuencia de los disparos, sino de una septicemia causada por un trozo de tapicería del coche que le infectó la herida, ya que el líder nazi se negó a ser tratado por médicos locales. El coche, todavía con su impresionante banderín de las SS, se exhibe en el Museo Militar de Praga.

Reinhard Heydrich, el jefe de la Gestapo, fue acribillado en este Mercedes-Benz 320.

Dodge 3700 GT

Sin duda el magnicidio español por antonomasia. El 20 de diciembre de 1973, el Dodge 3700 GT que conducía al presidente Luis Carrero Blanco a su misa matinal reventó cuando un comando de ETA hizo estallar 75 kilos de explosivos a su paso por el número 104 de la calle Claudio Coello. La imagen del enorme automóvil volando por encima de los edificios colindantes –repetida en infinidad de documentales y películas– forma parte de la moderna historia de España. El Dodge se conserva en el Parque y Centro de Mantenimiento de Vehículos Rueda nº 1 de Torrejón de Ardoz (Madrid) y se puede visitar previa cita.

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El Dodge de Carrero Blanco se conserva en Torrejón de Ardoz.

Renault 4

La historia de Italia –y la de la Europa de los setenta– cambió para siempre el 9 de mayo de 1978 cuando Aldo Moro, el influyente líder de la Democracia Cristiana y dos veces primer Ministro del país apareció asesinado en el maletero de un modesto Renault 4 rojo. A modo de aviso, el coche con el cadáver de Moro –un hombre íntegro que pretendía plantar cara tanto a la mafia como al terrorismo de las Brigadas Rojas– fue abandonado en la Via Caetani de Roma, justo a medio camino entre la sede de la Democracia Cristiana y la del Partido Comunista Italiano. Una y otra eran las dos fuerzas políticas más potentes del momento, habían alcanzado un acuerdo histórico de colaboración y partidarias de la mano dura contra los brigadistas.

Aldo Moro, en el maletero de un Renault 4.

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