BYD es el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo y parte de ello de se debe a su expansión reciente en Europa. La marca lleva tan solo unos años vendiendo sus vehículos en el Viejo Continente, pero a pesar de ello su primera internada en los mercados europeos fue hace más de una década. El protagonista fue un modelo desconocido por prácticamente todo el mundo, el BYD e6.
Ya su presentación fue una clara muestra de que se trataba de una época muy diferente a la actual. Se presentó al mundo en el Salón de Detroit de 2011 de cara a poder llegar a venderse en el mercado estadounidense en los años venideros, situación muy distinta a la presente, en la que los aranceles hacen que sea imposible vender allí coches de procedencia china.
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En el mercado español sí que se comercializó, aunque su éxito fue prácticamente nulo y su presencia meramente anecdótica. Se trataba de la primera mitad de la década de los 2010, un tiempo en el que aunque se empezaba a oír hablar de los coches eléctricos, eran todavía una rareza y sus ventas eran meramente testimoniales. Lo mismo ocurría con los coches chinos.
Que era un vehículo de otra época lo evidenciaba también el formato elegido. En lugar de ser un SUV, que por aquel entonces empezaban a ganar tracción y popularidad, el BYD e6 era un monovolumen medio, un tipo de carrocería que en los años siguientes prácticamente acabó por desaparecer.
Su diseño no resultaba particularmente llamativo, aunque, al contrario que otros modelos de baterías de la época, no se desmarcaba por una estética rara y diferenciadora, si no que no destacaba respecto a modelos equipados con motor de gasolina o diésel.
La parrilla estaba cerrada parcialmente y lucía el logo de BYD, a sus lados se encontraban sendos faros de tamaño bastante grande y, lógicamente, todavía sin tecnología LED; y en el paragolpes había una ancha entrada de aire. El pilar C estaba oscurecido para dar la impresión de techo flotante y en la parte trasera los pilotos eran independientes.
Medía 4,56 metros de largo, 1,82 metros de ancho y 1,63 metros de alto; con una distancia entre ejes de 2,83 metros y un peso de 2.370 kilos, lo que ya adelantaba el engorde que iban a provocar las mecánicas de cero emisiones. Presentaba una configuración interior de cinco plazas y su maletero tenía una capacidad de 450 litros.
La autonomía del BYD e6
Solo se vendía con una opción mecánica, un propulsor de 90 kW (122 CV) y 450 Nm de par máximo, que iba asociado al eje delantero. Gracias a ello era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en alrededor de 11 segundos y de alcanzar una velocidad máxima de 140 km/h.
Contaba con una batería de fosfato de hierro y litio con una capacidad bruta de 64 kWh. Combinada con un consumo homologado de 20,5 kWh, permitía una autonomía de 250 km, pero la marca china afirmaba que en condiciones favorables (como temperaturas suaves o conducción exclusivamente urbana) podía alcanzar los 300 kilómetros.
Uno de los aspectos llamativos es que, para ser un coche eléctrico de hace tiempo, ya disponía de una característica que hoy en día muchos modelos nuevos empiezan a incluir: la carga bidireccional. Era capaz de suministrar energía a 15 kW de potencia tanto a otros aparatos eléctricos como a la propia red.
El precio del BYD e6 fue otro de los factores que limitaron sus ventas. Costaba 54.895 euros, una cantidad elevada a día de hoy, pero todavía más hace una década, por un modelo de una marca china que por aquel entonces era una completa desconocida en España.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
