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El primer coche ecológico de la historia: la revolución olvidada de Henry Ford

Madrid |

Fabricado con materiales de origen vegetal, prometía ser más ligero y sostenible décadas antes de que existieran los coches eléctricos.

Coche Soja Ford

El coche de soja de Ford. © Henry Ford Museum

Cuando se habla de movilidad sostenible, la mayoría piensa en coches eléctricos, baterías de última generación o combustibles alternativos. Sin embargo, la idea de construir un automóvil más respetuoso con el medio ambiente no nació en el siglo XXI. De hecho, uno de los proyectos más sorprendentes de la historia del automóvil fue presentado hace más de 80 años por Henry Ford.

El fundador de Ford Motor Company no solo revolucionó la industria con el Ford T y la producción en cadena. También dedicó buena parte de su tiempo a investigar materiales alternativos que permitieran reducir la dependencia del acero y aprovechar recursos procedentes de la agricultura. El resultado fue el Soybean Car o coche de soja, un automóvil experimental que muchos consideran el primer coche ecológico de la historia.

Un vehículo fabricado a partir de plantas

La historia comenzó en la década de 1930. Criado en una granja de Michigan, Ford siempre había mostrado un enorme interés por el mundo agrícola. Convencido de que la industria y el campo podían avanzar juntos, impulsó diversos proyectos destinados a encontrar usos industriales para cultivos como la soja, el maíz, el trigo o el cáñamo.

Años después, aquellas investigaciones desembocaron en la creación de un prototipo con una carrocería fabricada mediante materiales de origen vegetal. El vehículo fue presentado oficialmente en 1941 y llamó la atención de todo el país por una razón evidente: gran parte de sus paneles no estaban hechos de metal.

Henry Ford estaba convencido de su potencial

El empresario defendía que aquellos materiales no solo eran más sostenibles, sino también más resistentes. Durante algunas demostraciones públicas llegó incluso a golpear paneles de plástico y acero con un hacha para mostrar la capacidad de absorción de impactos del nuevo material.

Además, sostenía que la industria automovilística podría reducir significativamente el consumo de acero mediante este tipo de soluciones. En una época marcada por la incertidumbre internacional y la escasez de determinadas materias primas, la propuesta resultaba especialmente interesante. Ford llegó a pronosticar que, con el paso de los años, numerosos componentes de los automóviles se fabricarían utilizando productos obtenidos directamente del campo.

El momento hacha.

El misterio de su composición

Pese a la fama que alcanzó el proyecto, todavía hoy existe cierta incertidumbre sobre la composición exacta del material utilizado en la carrocería.

Algunas fuentes sostienen que estaba formado principalmente por fibras vegetales mezcladas con resinas sintéticas, mientras que otras apuntan a que el elemento principal era la fibra de soja combinada con resinas fenólicas. Lo que sí parece claro es que el componente vegetal tenía un papel protagonista en la fórmula, algo extraordinariamente innovador para comienzos de los años cuarenta.

Más ligero que cualquier rival

Uno de los aspectos que más impresionó durante su presentación fue el peso. El automóvil contaba con una estructura tubular de acero sobre la que se instalaban catorce paneles plásticos. Gracias a esta solución, el conjunto pesaba alrededor de 900 kilos.

Eso suponía aproximadamente 450 kilos menos que muchos automóviles convencionales de la época. Una diferencia enorme incluso para los estándares actuales. La reducción de masa implicaba además menores consumos y mejores prestaciones, dos argumentos que hoy siguen siendo fundamentales para cualquier fabricante.

El coche de plástico, fabricado a partir de la soja, de Henry Ford.

La guerra acabó con el proyecto

Pese al interés generado, el Soybean Car nunca llegó a la producción en serie. La entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial a finales de 1941 provocó que los recursos industriales se destinaran prioritariamente al esfuerzo bélico. Muchos proyectos experimentales quedaron paralizados y el automóvil de soja fue uno de ellos.

Tras el conflicto, la situación cambió por completo. La abundancia de petróleo barato impulsó el desarrollo de nuevos plásticos derivados de hidrocarburos y el interés por los materiales agrícolas fue desapareciendo poco a poco. Con el tiempo, el único prototipo construido terminó desapareciendo y el proyecto quedó prácticamente olvidado, pero ello no quita que fuese una idea tan revolucionaria como adelantada a su tiempo.

El chasis multitubular del coche de soja de Ford.

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