Aunque la promesa de los coches autónomos revoluciona el futuro de la conducción, la realidad es que aún dependemos de la destreza humana al volante. Para dominar un coche con cambio manual, la coordinación entre la vista, las manos y, sobre todo, los pies, es esencial. El dominio de los pedales es una parte fundamental para que el conductor tenga el control total del vehículo.
Retrocediendo en el tiempo, los pioneros de la automoción se enfrentaron al desafío de diseñar sistemas de control intuitivos. Los primeros automóviles, como el triciclo de Carl Benz, carecían de los pedales y volantes que conocemos hoy. En su lugar, una palanca situada a la izquierda del asiento cumplía la función de acelerador y freno. Una evolución muy distinta a la que conocemos hoy en día.
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Incluso el icónico Ford T, que democratizó el automóvil, presentaba una configuración diferente. Aunque incorporaba un volante para la dirección, el acelerador se accionaba mediante una palanca en el volante. La configuración de los tres pedales, tal y como lo conocemos hoy en día, fue evolucionando con el paso de los años, hasta llegar al esquema que conocemos hoy en día.
Cadillac Type 53
El primer coche que montó tres pedales, para que el conductor lo controlara de la misma forma que se hace hoy en día, es el Cadillac Type 53. Este vehículo, que salió de las cadenas de montaje de la firma estadounidense en 1916, se convirtió en el nuevo estándar para el resto de los coches que vinieron después. Atrás quedaban las palancas para embragar o acelerar. El conductor usaba sus pies para manejar el vehículo.
La marca anunció que era la forma más eficiente de conducir. Con un pie se manejaba el acelerador y el freno, y con el otro el embrague. Solo había que presionar hacia abajo el pedal del acelerador para que el coche se impulsara y, de la misma manera, empujando el pedal del freno, el vehículo se detenía. Por su parte, el Cadillac Type 53 disponía de tres marchas que se engranaban con la mano (moviendo una palanca) mientras se pisaba el pedal del embrague.

Embrague, freno y acelerador
La configuración de los tres pedales que montan los coches con cambio manual, que son solo dos, acelerador y freno en los automáticos, tiene un porqué. Mirando los pedales desde la posición del conductor, de izquierda a derecha, se ubica primero el embrague, después el freno y, por último, el acelerador. Esta combinación fue creada para que la pierna izquierda accionara el embrague y la derecha los dos restantes.
Es la manera más inteligente de conducir, ya que a la vez que se frena no se puede acelerar. El pie derecho se encarga de estas dos opciones antagónicas, mientras que el izquierdo solo se circunscribe al embrague.
Bien es cierto que, en conducción deportiva, sí que se puede usar el pie derecho para presionar conjuntamente el freno y el acelerador. Es el movimiento que se denomina, punta-tacón. En esta maniobra se presionan los tres pedales al unísono al reducir marchas. Mientras se pisa el freno con la punta del pie, se da un golpe al acelerador con el tacón para que las ruedas no se bloqueen al levantar el pie del embrague.
Pedal del freno más alto
Los tres pedales de los coches no son iguales en cuanto a la forma y también en cuanto a la altura a la que se ubican sobre el plano. Actualmente, el pedal del acelerador tiene una forma diferente a los otros dos y, además, está situado más bajo que el freno y el embrague. Con el paso de los años, los ingenieros han ido evolucionando la colocación de los pedales.
El cambio de forma del acelerador se debe a circunstancias ergonómicas, ya que es el pedal que más tiempo pasa accionado. A los conductores se les debe facilitar una mayor comodidad para favorecer el descanso del pie derecho, en, por ejemplo, viajes largos. Por eso su estructura y su mayor superficie de contacto tienen ese objetivo.
Además, el acelerador también está situado más abajo que los otros dos pedales, pero es por un tema de seguridad, no de comodidad. La lógica dice que para frenar se debe dejar de acelerar. Así, al situar el pedal del acelerador más abajo que el del freno, obliga al conductor que para llegar a este último debe de levantar completamente el pie del acelerador. Asimismo, esta diferente ubicación en altura impide pisar el freno al mismo tiempo que el pedal del acelerador.

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