Conducir

Psicofármacos al volante: 1.300 muertes en la última década

Un estudio revela la relación entre los efectos secundarios de algunos fármacos y los siniestros viales ocurridos entre 2010 y 2019.

medicamentos

Los psicofármacos estuvieron presentes en 50.000 accidentes con víctimas de 2010 a 2019.

Si cualquiera va al armarito de las medicinas quizá encuentre alguna caja con un triángulo rojo y un coche impresos en ella. Indica peligro: los medicamentos se llevan tan mal con los vehículos que en la última década el consumo de psicofármacos estuvo presente en casi 50.000 accidentes con víctimas. Murieron 1.300 conductores.

La señal (impresa en el 25% de los medicamentos) no prohíbe nada, pero invita a la pruedencia. “Conducción: ver prospecto”, dice el icono, y no todos los automovilistas hacen caso. En 2019, el 12% de los automovilistas que murieron en accidente de tráfico dio positivo en este tipo de fármacos, según el último informe presentado por la Fundación Línea Directa, que augura un panorama peor para 2021: el 11% de los españoles reconoce consumir más medicinas peligrosas para la conducción a raíz de la pandemia.

El estudio, realizado en colaboración con la Fundación Española para la Seguridad Vial (Fesvial) y que analiza datos de 2010 a 2019, sostiene que los medicamentos “no son un enemigo para la seguridad vial siempre que se consuman de forma responsable”, pero señala algunos de ellos como especialmente conflictivos: ansiolíticos, antidepresivos, antipsicóticos, antiepilépticos, hipnóticos, antimigrañosos o antiparkinsionanos aparecen en la lista de los menos seguros para ponerse al volante.

Solo si se cumplen tres condiciones –indican los autores del estudio– se minimiza el riesgo: “Que haya prescripción médica, que [el uso del medicamento] responda a una finalidad terapéutica y que su consumo no afecte a la conducción”. De cualquier modo, la presencia de psicofármacos en los accidentes de tráfico más graves “empieza a ser preocupante”: en los últimos tres años, los positivos en estas sustancias (entre los automovilistas fallecidos en la carretera) han aumentado un 40%.

Este tipo de medicamentos pueden causar síntomas como somnolencia, mareos, visión borrosa, agitación, nerviosismo o cansancio, pero el informe no pretende demonizar a los automovilistas que los toman. Así lo matiza la presidenta de la Fundación Línea Directa, Mar Garre: “Hay que estar alerta, porque la presencia de psicofármacos en los accidentes mortales es un fenómeno al alza, pero los medicamentos por sí mismos no son los culpables de los accidentes, sino el comportamiento de los conductores. Debemos consumir fármacos solo con prescripción médica, respetar las dosis y contraindicaciones, leer el prospecto y consultar cualquier duda con el médico o farmacéutico”.

Esta circunstancia afecta también a los viandantes, ya que “uno de cada cinco peatones fallecidos en accidente de tráfico durante la última década se encontraba bajo los efectos de los psicofármacos en el momento del accidente”.

El reglamento de circulación no impide conducir después de haberse medicado, pero un automovilista puede ser sancionado por culpa de un fármaco en determinadas circunstancias: en caso de accidente o conducción temeraria, la presencia de medicamentos podría detectarse por un análisis de sangre; en ese supuesto, el conductor debe demostrar la prescripción médica, según recuerda el estudio. Si no lo hace, la sanción administrativa puede llegar a los 1.000 euros, más la retirada de seis puntos en el carnet.

La preocupación de los expertos es el desconocimiento: casi la mitad de los conductores (46%) no sabe qué significa el pictograma impreso en la cajita de pastillas, a pesar de que los envases lo incorporan “en su cartonaje” desde 2011, como recuerda la Agencia Española del Medicamento.

Y aún peor: tres de cada cuatro ignoran los posibles efectos secundarios de los medicamentos que consumen. De ahí que no extrañen, por otra parte, las irresponsabilidades que detecta el estudio: unos 4,5 millones de conductores confiesan haberse puesto al volante “tras mezclar alcohol y medicamentos” y otros dos millones “tras combinar medicamentos con drogas”. Además, más de un millón de automovilistas reconocen que siguen circulando “cuando sienten los efectos de la medicación que consumen”.

La culpa es del médico

Cuando se les afea el mal uso de los medicamentos al volante, muchos conductores culpan a otros. Dos de cada tres, según el estudio de la Fundación Línea Directa y Fesvial, sostienen que el médico no les informa “nunca o casi nunca” sobre los efectos de la medicación, porcentaje que alcanza el 76% en el caso de los farmacéuticos. El informe, no obstante, también recoge una confesión: más de la mitad de los automovilistas “no siempre lee el prospecto”. En este terreno son peores los hombres que las mujeres, así como los conductores de entre 35 y 44 años, con un mayor número de siniestros.
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