Los neumáticos son el único elemento que mantiene el contacto a los coches con el asfalto. Por tanto, juegan un papel clave en materia de seguridad, lo que significa que llevar las ruedas adecuadas puede suponer la diferencia entre salir airoso de una mala situación o acabar en un accidente.
Los que usan los coches de calle adoptan tecnologías que se han desarrollado en el mundo de la competición, pero no son exactamente iguales a los que se usan en circuito por varios motivos. Y es que, ¿qué pasaría si un automóvil convencional montase las ruedas de, por ejemplo, un Fórmula 1?
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Desde la red de talleres Vulco, especializada en neumáticos, explican por qué, aunque en primera instancia podría parecer una buena idea, a la hora de la verdad, no tendría sentido.
Hasta hace no mucho, era algo directamente imposible de hacer, porque los F1 utilizaban llantas muy pequeñas, que no se encontraban en modelos de calle. Sin embargo, desde el paso al uso de calzado de 18 pulgadas, se trata de un diámetro muy común en los vehículos que se pueden ver en carretera. Así, a nivel teórico, si sería posible instalar los neumáticos de un Fórmula 1 en un automóvil convencional, pero el resultado no sería bueno.
Los problemas de un coche de calle con neumáticos de F1
Aunque en el mundo de la competición se utilizan distintos tipos de neumáticos, en F1 el modelo más conocido es el de los ‘slick’, es decir, ruedas completamente lisas. Éstas han sido concebidas para interactuar con el asfalto del circuito, que tiene unas características específicas, y para funcionar de manera óptima tienen que estar expuestas a unas condiciones muy concretas de temperatura, carga y velocidad.
Por norma general, un turismo no es capaz de generar esas condiciones, así que tendría que enfrentarse a diversos problemas.
El primero es que no tendría suficiente agarre. Los compuestos de estos neumáticos necesitan temperaturas muy altas para ofrecer su adherencia óptima, temperaturas que un coche normal no puede generar, así que la tracción brillaría por su ausencia y sería muy difícil que el coche “agarrase”
En el mismo sentido, al no ser capaz de generar tampoco las fuerzas en curva y frenada para la que fueron diseñados, también deslizaría en curvas, lo que sería un peligro.
Por último, lo más obvio: en un neumático sin ningún tipo de dibujo, no hay hendiduras que permitan evacuar el agua si el suelo está mojado, por lo que con lluvia el riesgo de aquaplaning sería mucho mayor, por no decir directamente que estaría casi asegurado.
¿Y si un Fórmula 1 montara neumáticos de calle?
Tampoco sería una situación especialmente provechosa si fuera a la inversa, con un monoplaza montado las ruedas de un vehículo convencional.
Lo más obvio es que, sometidos a unas velocidades y unas potencias muy superiores a las habituales, su desgaste sería prematuro y, no solo eso, sumado a las cargas laterales que experimentarían, se deformarían en muy poco tiempo, poniendo en peligro su integridad estructural.
Esa gran potencia también sería difícil de digerir a la hora de acelerar, lo que llevaría a una considerable limitación de la tracción. Tampoco serían capaces de asumir la fuerza de las frenadas, lo que en su conjunto derivaría en una pérdida de prestaciones prácticamente total.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
