El verano es una de las épocas más exigentes para cualquier vehículo. Las altas temperaturas exteriores, los largos desplazamientos, los atascos y el uso intensivo del aire acondicionado obligan al motor a trabajar en condiciones especialmente duras. Por eso, durante estos meses aumentan los casos de sobrecalentamiento, una avería que puede acabar provocando daños mecánicos de gran importancia.
Aunque los coches actuales cuentan con sistemas de protección cada vez más avanzados, ningún vehículo está completamente a salvo de este problema. Detectar las señales a tiempo puede marcar la diferencia entre una reparación sencilla y una factura de miles de euros.
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El sistema de refrigeración
La temperatura del motor está controlada por un circuito compuesto por refrigerante, radiador, termostato, bomba de agua, ventiladores y diferentes sensores.
Cuando alguno de estos elementos falla o el nivel de refrigerante desciende por una fuga, el calor generado por el motor deja de disiparse adecuadamente y la temperatura comienza a aumentar hasta niveles peligrosos.
Las altas temperaturas ambientales propias del verano agravan todavía más la situación, especialmente durante viajes largos o en circulación urbana con frecuentes paradas. Un sistema de refrigeración en mal estado puede acabar provocando daños en la culata, la junta o incluso el bloque motor.

La primera advertencia
Muchos conductores apenas prestan atención al indicador de temperatura del cuadro de instrumentos. Sin embargo, es una de las señales más importantes que ofrece el vehículo.
Si la aguja comienza a acercarse a la zona roja o aparece el testigo de temperatura del refrigerante, conviene actuar de inmediato. Estos avisos indican que el motor está funcionando por encima de los valores normales. Seguir circulando en esas condiciones puede provocar daños mecánicos severos en muy poco tiempo.
Vapor bajo el capó
Una de las imágenes más reconocibles de un vehículo sobrecalentado es la aparición de vapor saliendo desde la zona del motor.
En muchos casos, esto se produce porque el refrigerante alcanza temperaturas excesivas o porque existe una fuga en alguna parte del circuito. También es frecuente percibir un olor muy identificable procedente del compartimento motor. Ese aroma suele estar relacionado con pérdidas de líquido refrigerante. Cuando aparecen estos síntomas, lo recomendable es detener el vehículo lo antes posible en una zona segura.

Pérdida de potencia y modo de emergencia
Algunos modelos modernos incorporan sistemas de protección capaces de limitar el rendimiento cuando detectan un exceso de temperatura.
El vehículo puede perder potencia de forma repentina o activar lo que comúnmente se conoce como ‘modo seguro’ o ‘modo emergencia’. Aunque esta medida busca proteger la mecánica, sigue siendo una señal clara de que existe un problema que debe resolverse cuanto antes. Si el coche entra en modo de protección, continuar el viaje no suele ser la mejor opción.
Qué hacer si el motor empieza a calentarse
Si la temperatura comienza a subir durante la marcha, debes seguir varios pasos básicos:
- Apagar el aire acondicionado.
- Reducir el esfuerzo mecánico evitando aceleraciones bruscas.
- Buscar un lugar seguro para detenerse.
- Apagar el motor.
- Esperar a que se enfríe completamente antes de revisar cualquier componente.
Algunos expertos también aconsejan conectar la calefacción del habitáculo mientras se busca un lugar para parar. Aunque resulte incómodo en pleno verano, ayuda a extraer parte del calor acumulado en el motor. En ningún caso debe abrirse inmediatamente el tapón del radiador o del depósito de expansión cuando el sistema está caliente.

Qué pasa si el motor se sobrecalienta
El principal peligro del sobrecalentamiento es que puede derivar en daños mecánicos graves. Entre los más habituales están:
- Deformación de la culata.
- Rotura de juntas.
- Daños en el bloque motor.
- Pérdida de potencia o parada total.
En el peor de los casos, el coche se detiene completamente y no puede continuar circulando. Una avería grave derivada del sobrecalentamiento puede suponer reparaciones de varios miles de euros, especialmente si afecta a la culata o al bloque motor.
Por estas razones de peso, la mejor estrategia sigue siendo la prevención. Así que antes de afrontar las vacaciones conviene revisar lo más esencial: el nivel de refrigerante, el estado de los manguitos, el funcionamiento de los ventiladores y estado general del radiador.
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