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Por qué no va a bajar el diésel pese a las nuevas medidas del Gobierno 

Madrid |

Lo que está ocurriendo fuera de España deja poco margen para el alivio y podría prolongar esta situación durante meses.

diésel

El diésel lleva semanas avanzando en una única dirección. Las subidas se han sucedido durante septiembre y llenar el depósito vuelve a representar un desembolso considerable para millones de conductores. 

Octubre llega acompañado de medidas para intentar contener esa escalada. Sin embargo, detrás del precio que aparece en los surtidores están ocurriendo varios movimientos que ayudan a entender por qué el descenso puede tardar en llegar. 

El diésel ya cuenta con la máxima rebaja 

Las nuevas ayudas a los carburantes ya están en marcha. El descuento sobre el Impuesto de Hidrocarburos será de 20 céntimos por litro en octubre, se reducirá a 13 céntimos en noviembre y quedará en seis céntimos durante diciembre. 

En el caso del diésel, la aplicación de la rebaja máxima está respaldada además por la cláusula de salvaguarda, que refuerza las ayudas cuando el encarecimiento interanual de un carburante supera el 15%. 

Los últimos datos justifican ampliamente su activación. En agosto, el diésel acumuló un incremento interanual del 30,3%.

Pero hay un detalle fundamental: para los coches diésel esta rebaja no comienza en octubre. El gasóleo superó el límite un mes antes, con un incremento interanual del 15,7% en julio, por lo que los 20 céntimos ya se están aplicando durante septiembre. 

Eso cambia por completo el efecto de la medida. Mantenerla evita que aumente la carga fiscal sobre cada litro, pero no introduce un descuento adicional respecto al que actualmente encuentra el conductor al repostar. 

¿Por qué el diésel es más caro que la gasolina?  

El comienzo de octubre sí ha dejado un pequeño descenso en los surtidores. El precio medio del diésel se sitúa ahora alrededor de 1,93 euros por litro, ligeramente por debajo de los aproximadamente 1,94 euros registrados al cierre de septiembre. 

La bajada, sin embargo, resulta todavía limitada. La gasolina presenta actualmente un precio medio de 1,849 euros por litro, por lo que repostar diésel cuesta alrededor de 8,1 céntimos más por cada litro. 

La diferencia se aprecia mejor al llenar el depósito. En uno de 50 litros, repostar diésel supone unos 96,50 euros, frente a los 92,45 euros de la gasolina: aproximadamente 4,05 euros más en una sola visita a la estación de servicio. 

Esta distancia no se explica únicamente por los impuestos. Aunque ambos carburantes cuentan ahora con una rebaja de 20 céntimos, sus precios pueden evolucionar de manera diferente porque dependen también del coste y la disponibilidad de cada producto refinado. 

Europa tiene un problema con el diésel 

El mercado internacional atraviesa una fuerte tensión en el suministro de destilados. Las dificultades en diferentes refinerías y la reducción de algunos flujos comerciales han limitado la cantidad de gasóleo disponible justo cuando varios mercados intentan reforzar sus reservas antes del invierno. 

Los futuros europeos del diésel han alcanzado durante septiembre máximos históricos y han llegado a situarse en más del doble de los niveles registrados al comienzo de 2026. Es una evolución mucho más intensa que la experimentada por el propio petróleo. 

Esta diferencia resulta esencial. El precio de un litro de gasóleo no depende exclusivamente del barril de crudo, sino también de cuánto cuesta transformarlo y de la cantidad de producto refinado disponible en cada momento. 

Las refinerías se han convertido en el cuello de botella 

El mercado dispone de petróleo, pero convertirlo en suficiente diésel está resultando más complicado. Buena parte de la capacidad mundial de refino se encuentra ya muy utilizada, por lo que resulta difícil compensar rápidamente cualquier interrupción importante. 

Los márgenes europeos del diésel reflejan esta tensión. El denominado ‘crack spread‘, una referencia utilizada para medir la diferencia entre el valor del combustible refinado y el petróleo empleado para producirlo, alcanzó los 98 dólares por barril a comienzos de septiembre. En junio estaba en 44,75 dólares. 

En apenas tres meses, por tanto, esa referencia se ha más que duplicado. Es uno de los motivos por los que una eventual caída del Brent no tiene por qué traducirse inmediatamente en un descenso equivalente en las estaciones de servicio. 

Menos producto llega a Europa 

A las dificultades de producción se suma una reducción de las importaciones. Los cargamentos de diésel procedentes de Oriente Medio hacia Europa se encaminan en septiembre hacia su nivel más bajo de los últimos seis años. 

Los envíos se sitúan alrededor de los 110.000 barriles diarios, frente a los 191.000 registrados durante agosto. Esa diferencia obliga al mercado europeo a buscar producto en otros lugares y aumenta la competencia por los cargamentos disponibles. 

También Rusia ha perdido capacidad para colocar combustible en el mercado. Los ataques sufridos en diferentes refinerías han provocado interrupciones de producción y nuevas restricciones sobre sus exportaciones. 

Uno de los últimos episodios afectó a la refinería de Moscú, que tuvo que detener parte de sus operaciones después de un ataque registrado el 20 de septiembre. Las instalaciones produjeron alrededor de 3,2 millones de toneladas de diésel en 2024. 

El invierno añade otra dificultad 

El calendario tampoco favorece una rápida normalización. La llegada de los meses fríos incrementa la demanda de determinados destilados, mientras los países intentan reconstruir unas reservas que llegan al invierno en una situación ajustada. 

Responsables de la industria energética esperan que las dificultades de suministro se mantengan durante los próximos meses. Algunas previsiones apuntan incluso a que la tensión del mercado podría prolongarse durante parte de 2027. 

Una recuperación de las refinerías afectadas, el aumento de las exportaciones o una caída de la demanda podrían cambiar este escenario. También ayudaría un descenso sostenido del petróleo, siempre que fuese acompañado por una normalización del mercado de productos refinados. 

Hasta que alguno de esos factores cambie, los 20 céntimos permiten contener la factura de los conductores españoles, pero el rumbo del diésel seguirá dependiendo en gran medida de un mercado internacional que, por ahora, continúa sometido a una fuerte presión. 

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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