Fue en 1992 cuando Opel lanzó su primer modelo todoterreno, bautizado con el evocador nombre de Frontera. Yo llevaba poco tiempo independizado, trabajaba ya como periodista especializado en motor y las posibilidades del modelo de carrocería corta y tres puertas me cautivaron. Así que realicé un importante esfuerzo económico, como el joven profesional que era entonces, y me hice con una de las primeras unidades que llegaron al mercado español.
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Disfrute mucho con ese coche (incluso sin tener aire acondicionado, el presupuesto no me dada para tanto) y por este motivo me hizo especial ilusión que Opel decidiera recuperar, tres décadas después, la denominación para un nuevo modelo. En este caso se trata, cómo no, de un SUV de dimensiones compactas, con una longitud de 4,39 metros y muchas soluciones técnicas ya conocidas en otras marcas del grupo Stellantis, al que ahora pertenece la marca alemana.
El nuevo Frontera no me parece un coche tan emocional como el original, pero sí es un producto realmente válido y racional. Se vende en dos versiones híbridas autorrecargables y en otras tantas completamente eléctricas, con precios de partida en la motorización Hybrid de 110 CV de 22.700 euros, que arrancan en 23.900 euros en el caso de la variante de 145 CV (las libres de emisiones están disponibles desde 24.900 euros).

Son, por tanto, precios realmente interesantes para lo que ofrece el nuevo Opel Frontera, tanto en cuanto a polivalencia como eficiencia, tecnología, acabados o comportamiento. Un automóvil funcional, capaz de satisfacer las necesidades de movilidad de diferentes tipos de usuarios, ya que combina un tamaño contenido para un uso urbano con una habitabilidad suficiente para las familias, sin defraudar en viajes por carretera con comodidad y a un ritmo más que suficiente.
Con el sello del grupo
La carrocería elevada del Opel Frontera se identifica claramente con el estilo de otros modelos de Stellantis, algo que también ocurre con el ambiente de su habitáculo. Dispone, claro está, de su identidad propia, de los matices que lo diferencian de sus primos de grupo, con un resultado bastante convincente en términos generales.
La calidad de los materiales utilizados en el interior es correcta sin deslumbrar, así como su ensamblaje, mientras que el equipamiento está en la línea que se puede esperar de un coche de su posicionamiento de precio, sin carencias especialmente reseñables en el nivel de acabado GS (porque el básico Edition sí es algo más justo, ya que prescinde, por ejemplo, de una pantalla multimedia central que se sustituye por un soporte para teléfono móvil).

Es un interior cumplidor, equilibrado, en el que se evitan los alardes sin renunciar a lo esencial y realmente valioso. Las asistencias a la conducción son las obligatorias y alguna más, con la ventaja de que se pueden desconectar las más intrusivas de forma rápida y sencilla.
En cuanto a la habitabilidad, cumple con buena nota para sus dimensiones, con unos asientos cómodos que hacen muy llevadero el paso de los kilómetros, a lo que se añade un generoso maletero de 460 litros de capacidad y que cuenta con una tapa en el suelo que se levanta para alojar debajo pequeños objetos e incluso se puede retirar.
El equilibrio como virtud
El funcionamiento general del nuevo Opel Frontera sigue la tendencia señalada hasta ahora. Un vehículo muy equilibrado, que puede satisfacer a muchos conductores y que no presenta grandes exigencias de uso. Sus suspensiones son firmes, pero sin llegar a incomodas, y la carrocería no sufre excesivos balanceos en curva. Tiene un buen rodar, sin tendencia a reacciones extrañas siempre que se mantengan los límites propios de un coche de su tipología.
La unidad de pruebas montaba el motor híbrido de 145 CV, con cambio automático de doble embrague y seis marchas. El bloque es de tres cilindros y 1,2 litros, una configuración muy habitual en este tiempo y que combina con acierto rendimiento con eficiencia. Este último aspecto se ve reforzado por la presencia de un motor eléctrico que aporta 21 kW (29 CV) y que se alimenta mediante una batería que no llega al medio kilovatio útil (0,89 kW de capacidad total).

Esta hibridación se traduce en algunas ventajas significativas para el usuario, siempre relacionadas con el consumo de combustible. En ciudad se puede llegar a circular cortas distancias en modo completamente eléctrico, siempre que las exigencias prestaciones o de trazado no sean altas.
Y en cuanto al gasto de gasolina, la marca se refiere a un promedio de 5,3 litros por cada 100 kilómetros recorridos, aunque una utilización más real que la propia de las homologaciones apunta a medias que rozan los siete litros a los cien.
Con todo ello, el nuevo Opel Frontera hace honor a su estirpe, aunque poco tenga que ver con el modelo original. Es un digno sucesor en lo que se refiere a polivalencia de utilización y calidad suficiente a un precio interesante, justo lo que reclaman muchos usuarios que no llegan a las tarifas de otros modelos de posicionamiento superior. Y que, posiblemente, tampoco necesitan más lo que ofrece este SUV de planteamiento tan inteligente.
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