Hubo un tiempo, y no hace mucho, en el que conducir un superdeportivo implicaba mucho más que acelerar. Había que coordinar el embrague, elegir la marcha adecuada, escuchar el motor y acertar con cada cambio. Era una experiencia que exigía concentración, pero precisamente por eso resultaba tan especial.
Después llegaron las cajas automáticas, las levas detrás del volante y la electrónica. Los cambios se hicieron más rápidos, las aceleraciones mejoraron y los cronómetros demostraron que las máquinas podían hacerlo mejor que cualquier conductor. Poco a poco, el tercer pedal desapareció de los deportivos más exclusivos.
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Parecía una evolución irreversible. Sin embargo, una pequeña firma italiana, Silvestri Automobili, acaba de demostrar que todavía hay quien piensa justo lo contrario. Su primer modelo renuncia a las levas como elemento principal y recupera una configuración que muchos creían reservada a los coches clásicos: embrague, palanca manual y tres pedales.
Vuelta al cambio de marcha manual
El protagonista es el Silvestri MN 40 Tributo, un nuevo superdeportivo italiano desarrollado como homenaje a Nicola Materazzi, el ingeniero que estuvo detrás de modelos tan legendarios como el Ferrari F40, el Lancia Stratos o el Bugatti EB110.
El coche podría haber seguido el camino habitual. Un cambio automático de doble embrague habría permitido acelerar más rápido y mejorar las cifras de prestaciones. Sin embargo, sus creadores han preferido priorizar algo mucho más difícil de medir: las sensaciones al volante.

Por eso la transmisión principal es una caja manual de siete velocidades, acompañada de un embrague convencional y una palanca de recorrido abierto, una solución que prácticamente ha desaparecido en este segmento. Como alternativa existe una caja secuencial con levas, pero el verdadero protagonista del proyecto sigue siendo el cambio manual.

Un V12 que parece llegado de otra época
La filosofía del coche no termina en la transmisión. Bajo la carrocería de fibra de carbono se esconde un motor V12 atmosférico de 6,8 litros, instalado en posición central y desarrollado por un especialista italiano.
Entrega 888 CV, desarrolla 800 Nm de par y es capaz de alcanzar las 9.500 rpm, una cifra que ya resulta excepcional incluso entre los deportivos más exclusivos. En una época dominada por los turbocompresores y la electrificación, apostar por un gran motor atmosférico supone casi una declaración de principios.
La potencia llega exclusivamente al eje trasero, reforzando esa idea de conducción directa que busca implicar al conductor en cada aceleración, cada reducción y cada cambio de marcha.

Más importante que las prestaciones es la experiencia
Curiosamente, la noticia no está en que este coche acelere muy rápido. Hoy existen numerosos hiperdeportivos eléctricos e híbridos capaces de ofrecer cifras incluso superiores.
Lo realmente llamativo es que sus creadores han decidido recuperar una forma de conducir que parecía condenada a desaparecer. Con una caja manual, cada cambio depende del conductor. Hay que sincronizar el movimiento de la mano izquierda, el pie izquierdo y el acelerador para que todo ocurra en el momento exacto.
Ese pequeño esfuerzo es precisamente lo que muchos aficionados echan de menos. No hace el coche más rápido, pero sí consigue que cada kilómetro resulte más participativo y que el conductor tenga la sensación de formar parte de la mecánica.

Una tendencia que empieza a reaparecer
Durante muchos años, las propias marcas reconocían que casi nadie compraba un superdeportivo manual. Los clientes preferían la comodidad de las cajas automáticas y las prestaciones que ofrecían los sistemas de doble embrague.
Sin embargo, esa tendencia empieza a cambiar. Algunos fabricantes han vuelto a ofrecer versiones manuales en determinados modelos dirigidos a los conductores más puristas, convencidos de que la experiencia de conducción puede ser tan importante como una décima menos en la aceleración de 0 a 100 km/h.
El Silvestri MN 40 Tributo lleva esa filosofía un paso más allá. No intenta ser el más tecnológico ni el más eficiente. Su objetivo es recordar una época en la que conducir un deportivo exigía habilidad y concentración, y en la que cada cambio de marcha formaba parte del placer de ponerse al volante.
Silvestri Automobili solo fabricará 15 unidades del MN 40 Tributo, de las que 13 estarán destinadas a clientes y dos permanecerán en manos de la propia compañía. Una producción casi artesanal que convierte al modelo en una pieza de colección incluso antes de iniciar su fabricación. El precio no ha sido revelado.
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