Hay expresiones relacionadas con el automóvil que seguimos utilizando aunque ya casi nadie recuerde de dónde vienen. Ocurre con palabras como inyección, catalizador o gasolina sin plomo. Y también con un término que todavía genera dudas entre muchos conductores: la gasolina catalizada.
Al escucharlo por primera vez, lo normal es pensar que se trata de un combustible especial. Quizá una gasolina con más octanos, algún tipo de aditivo exclusivo o incluso una versión prémium disponible solo en determinadas estaciones de servicio.
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Pero la realidad es mucho más simple. La llamada gasolina catalizada no es una gasolina diferente. En realidad, es la gasolina sin plomo que utilizan los vehículos equipados con catalizador, es decir, prácticamente todos los coches de gasolina que circulan hoy por las carreteras.
Todo empezó con el fin de la gasolina con plomo
Durante décadas, la gasolina con plomo fue habitual en numerosos países. Ese plomo ayudaba a mejorar el comportamiento del combustible en motores antiguos, pero tenía un inconveniente enorme: resultaba incompatible con los modernos catalizadores.
Este componente, situado en el sistema de escape, utiliza metales como el platino, el paladio o el rodio para transformar parte de los gases contaminantes en otros mucho menos perjudiciales. Sin embargo, el plomo acaba inutilizando esas reacciones químicas y deteriora el catalizador de forma irreversible.

Por ese motivo, la llegada del catalizador obligó también a eliminar el plomo de la gasolina. Fue un cambio que marcó un antes y un después en la industria del automóvil y que terminó convirtiendo la gasolina sin plomo en el estándar que conocemos actualmente.
Entonces, ¿por qué se sigue llamando gasolina catalizada?
La explicación es más histórica que técnica. Cuando comenzaron a venderse los primeros coches equipados con catalizador, era importante diferenciar claramente el combustible que podían utilizar. De ahí nació la expresión gasolina catalizada, que simplemente indicaba que aquella gasolina era compatible con estos nuevos sistemas anticontaminación.
Con el paso de los años, la gasolina con plomo desapareció de las estaciones de servicio y la distinción dejó de tener sentido. Sin embargo, el nombre ha sobrevivido y todavía hoy aparece en conversaciones, manuales antiguos o búsquedas en internet.
En realidad, cualquier gasolina 95 o gasolina 98 que cumple la normativa actual es apta para un vehículo equipado con catalizador, siempre que sea el combustible recomendado por el fabricante.

El catalizador sigue siendo una pieza fundamental
Aunque el protagonismo lo acaparen hoy los coches híbridos y los coches eléctricos, el catalizador continúa siendo uno de los elementos más importantes en cualquier motor de gasolina.
Su misión consiste en reducir de forma muy significativa las emisiones de monóxido de carbono, hidrocarburos y óxidos de nitrógeno, tres de los contaminantes más perjudiciales generados durante la combustión.
Para hacerlo necesita alcanzar una elevada temperatura de funcionamiento, motivo por el que resulta menos eficaz durante los primeros minutos tras arrancar el coche.
Además, trabaja en coordinación con la sonda lambda, que analiza la cantidad de oxígeno presente en los gases de escape para que la centralita ajuste la mezcla de aire y combustible con la máxima precisión.

¿Tiene algo que ver con las gasolinas prémium?
Es fácil confundir ambos conceptos, pero no son lo mismo. Las llamadas gasolinas prémium incorporan paquetes específicos de aditivos desarrollados por cada compañía petrolera. Su objetivo suele ser mantener más limpios los inyectores, reducir la formación de depósitos o mejorar determinados aspectos del funcionamiento del motor.
Sin embargo, todas las gasolinas comercializadas deben cumplir los mismos requisitos legales de calidad y la diferencia entre unas y otras no está en que sean o no «catalizadas».
Por eso, utilizar una gasolina prémium no convierte a un coche en «más catalizado» ni significa que su catalizador vaya a funcionar de forma distinta.

Un término que ha sobrevivido
La gasolina catalizada es uno de esos conceptos que permanecen en el lenguaje incluso cuando el contexto que los hizo nacer prácticamente ha desaparecido.
Hoy ya nadie busca una manguera específica con ese nombre al llegar a la gasolinera. Sin embargo, la expresión sigue apareciendo una y otra vez porque recuerda el momento en el que la industria del automóvil dio uno de sus mayores pasos para reducir las emisiones contaminantes.
Al final, la respuesta es mucho más sencilla de lo que muchos imaginan: si conduces un coche de gasolina moderno y repostas el combustible recomendado por el fabricante, ya estás utilizando la llamada gasolina catalizada, aunque probablemente nunca la hayas visto escrita en el surtidor.
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