Hay historias en el mundo del motor que no se escriben sobre el asfalto. Algunas permanecen ocultas durante décadas hasta reaparecer en condiciones sorprendentes. Es el caso de dos vehículos separados por tiempo, contexto y geografía, pero unidos por un mismo destino: acabar bajo el agua y convertirse en piezas únicas de la historia de las cuatro ruedas.
Por un lado, un Ford de 1941 encontrado en un portaaviones hundido en el Pacífico. Por otro, un Bugatti de los años 20 que pasó más de 70 años en el fondo de un lago europeo.
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Restos de la contienda
El primer hallazgo se produjo a más de 5.000 metros de profundidad, en el interior del USS Yorktown, un portaaviones estadounidense hundido en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial.
Durante una exploración submarina, un robot localizó una forma poco común en el océano: un coche civil. Se trataba de un Ford Super Deluxe Woody de 1941, un modelo icónico de la época por su diseño con paneles de madera.
A pesar del paso del tiempo, el vehículo seguía siendo reconocible. Se conservaban elementos como el parabrisas dividido o los parachoques cromados. La madera, uno de sus rasgos más característicos, había desaparecido.

Por qué estaba allí
El gran interrogante no era solo el hallazgo, sino su origen. La explicación más probable apunta a que el vehículo pertenecía a instalaciones navales en Pearl Harbor y fue embarcado durante reparaciones del portaaviones antes de su última misión.
En aquel momento, la producción civil estaba paralizada por el esfuerzo bélico, por lo que cualquier vehículo disponible tenía valor operativo. Cuando el USS Yorktown fue torpedeado y se hundió, el coche quedó atrapado en su interior.
Hundido por decisión administrativa
La segunda historia es completamente diferente. Nos lleva al lago Maggiore, entre Italia y Suiza, donde un Bugatti Type 22 de 1925 permaneció bajo el agua durante más de siete décadas. En este caso, no hubo accidente ni conflicto. El origen fue burocrático.
El coche fue importado sin pagar impuestos y, tras el abandono de su propietario en 1937, las autoridades suizas decidieron que debía ser destruido. Para evitar los costes de desguace, optaron por hundirlo en el lago. Una decisión que podía parecer práctica y que terminó convirtiéndose en histórica.
Reliquia submarina
El Bugatti permaneció a unos 50 metros de profundidad durante más de 70 años. Con el tiempo, su historia se fue transmitiendo entre buceadores, que comenzaron a visitarlo como si fuera una atracción. El coche, deteriorado por el agua, se convirtió en un objeto casi legendario.
En 2009, el vehículo fue recuperado. Su estado era muy precario, pero precisamente ahí residía su interés, ya que el lago acabó aumentando su valor. Fue adquirido por un coleccionista que no lo restauró. Mantenerlo tal y como había sido encontrado permitía conservar su historia y no borrar la huella de sus 70 años bajo el agua.
Dos historias, un mismo significado
A pesar de sus diferencias, ambos casos comparten una idea común: el automóvil puede adquirir un valor que va mucho más allá de su función original.
La historia del Ford Super Deluxe Woody del portaviones USS Yorktown, representa un contexto histórico concreto, ligado a uno de los episodios más importantes de la humanidad como es la Segunda Guerra Mundial.
Mientras que la del Bugatti Type 22 del lago Maggiore, uno de los clásicos de la marca, en cambio, refleja cómo una decisión puramente administrativa puede convertir un coche en leyenda y en un testimonio físico del paso del tiempo.
Al final, tanto el Ford como el Bugatti, no dejan de ser un barn find. Esto es, en esencia, un vehículo clásico que ha permanecido oculto durante años, generalmente décadas en un espacio cerrado, normalmente sin uso ni mantenimiento. Además, ambas historias elevan el nivel de estos hallazgos, generalmente de granero, garaje, almacén o cualquier propiedad privada, a un lago u océano.

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