La Dirección General de Tráfico (DGT) ha iniciado una de las campañas de vigilancia más intensas y determinantes del año. Desde ayer y hasta el próximo domingo 19 de julio de 2026, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil multiplicarán los controles de alcohol y drogas en toda la red viaria española.
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Esta iniciativa, que cuenta además con la participación activa de las policías autonómicas y locales en los cascos urbanos, busca blindar las carreteras en una época donde los desplazamientos vacacionales aumentan el riesgo de forma exponencial.
La campaña no surge de la casualidad, sino de una urgente necesidad estadística. El alcohol se mantiene sólidamente como el segundo factor concurrente más habitual en las tragedias viales de nuestro país. De hecho, estuvo presente en el 28% de los siniestros mortales registrados en 2024 en el ámbito de la DGT, cobrándose la vida de 273 personas. La administración busca sacudir las conciencias de los conductores en un momento crítico del verano.
Endurecer la vigilancia
A pesar de las constantes campañas de sensibilización, los datos más recientes indican una tendencia persistente e inquietante: el consumo de sustancias psicoactivas, lejos de disminuir, gana terreno en el asfalto. Durante el año 2024, el número de fallecidos en siniestros de tráfico donde al menos un conductor dio positivo en alcohol se incrementó notablemente. Estamos hablando de una subida del 9% en comparación con el año anterior y un estremecedor repunte del 24% con respecto a los niveles de 2019.
Los análisis forenses corroboran esta dura realidad de manera incontestable. Según la Memoria de hallazgos toxicológicos en víctimas de siniestros de tráfico del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF), el 34% de los conductores fallecidos y sometidos a autopsia dio positivo en alcohol, mientras que un 16,4% arrojó resultados positivos en drogas.
Lo más alarmante es que el 23% de estos fallecidos presentaba una tasa de alcohol en sangre superior a 1,20 g/l, un nivel que reduce drásticamente cualquier capacidad de control sobre el vehículo. La gran mayoría de los positivos se detecta en controles preventivos (un 88,8%), lo que confirma la eficacia de estos operativos para retirar de la circulación de forma inmediata a los conductores de riesgo antes de que ocurra una tragedia.

La perspectiva científica y la alianza social
Álvaro Gómez, director del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de la DGT, defiende con rotundidad que las acciones preventivas en carretera son totalmente indispensables. “La evidencia científica demuestra que la única tasa de alcohol realmente segura al volante es la tasa cero”, sostiene firmemente, alineándose con las directrices de los principales organismos internacionales de salud pública y seguridad vial que exigen reducciones en los límites permitidos.
Países de referencia como Suecia y Noruega implantaron una tasa equivalente a 0,1 mg/l en aire espirado ya en 1990, logrando reducir los siniestros mortales en un 8% y bajando un 16% los casos de conducción bajo los efectos del alcohol.
A esta lucha se une de nuevo la Federación Nacional de Lesionados Medulares y Otras Discapacidades Físicas (ASPAYM) con su histórica campaña “No corras, no bebas… no cambies las ruedas”. Voluntarios con lesiones medulares sufridas en accidentes acompañarán a los agentes de la Guardia Civil en los controles viarios para concienciar de tú a tú a los conductores retenidos.
Mayte Gallego, presidenta de la organización, recuerda que las tragedias suelen surgir por “un exceso de confianza que termina por jugarnos una mala pasada y que puede cambiarnos la vida en un instante para siempre”.

La frontera entre la multa y el código penal
Conducir bajo la influencia del alcohol o las drogas es un viaje directo hacia graves problemas administrativos y judiciales. En 2025, la Fiscalía de Seguridad Vial registró la condena de 47.103 conductores por delitos relacionados con la conducción bajo el efecto de estas sustancias.
La ley española castiga con dureza estas infracciones, elevándolas a la categoría de delito penal cuando la tasa supera los 0,60 mg/l en aire espirado o 1,2 g/l en sangre. Las multas administrativas varían entre los 500 y los 1.000 euros, acarreando además la pérdida de 4 a 6 puntos del carné de conducir. Para los menores de edad y conductores noveles, las restricciones son todavía más estrictas.
En definitiva, la seguridad en carretera no admite términos medios ni atajos. El incremento de la mortalidad asociado al consumo de sustancias prohibidas evidencia que no se puede bajar la guardia. Esta intensiva campaña de la DGT, que concluye el domingo 19 de julio, es un recordatorio directo de que los errores al volante se pagan caros, a veces con la propia vida o la de los demás.
Al final del día, la meta de alcanzar las cero víctimas en carretera pasa inevitablemente por asumir de manera colectiva un compromiso innegociable: si se conduce, la tasa de alcohol en el organismo debe ser estrictamente cero.
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