Pisar el freno con fuerza cuando aparece un obstáculo de forma inesperada parece una reacción instintiva. Sin embargo, cuando llega el momento de realizar una frenada de emergencia, existe una gran duda: ¿hay que pisar también el embrague o basta con actuar sobre el pedal del freno?
Se trata de una de las maniobras más importantes en materia de seguridad vial, y saber cómo reaccionar durante esos pocos segundos puede marcar la diferencia entre evitar un accidente o acabar sufriendo una colisión.
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Detener el coche lo más rápido posible
Existen tres tipos de distancia que son fundamentales en la conducción: la distancia de seguridad, la distancia de reacción y la distancia de frenado. Al cumplir con los preceptos de cada una de ellas, se aumenta la seguridad exponencialmente y habrá menos posibilidades de sufrir accidentes.
La definición de la distancia de frenado según el diccionario es: “la distancia recorrida por un vehículo desde el instante de aplicación de los frenos hasta su detención total”.
Por tanto, se entiende que una frenada de emergencia se produce cuando aparece un riesgo inesperado en la vía y ya no existe margen para reaccionar de otra manera. Puede tratarse de un peatón que invade la calzada, un vehículo detenido tras una curva, un frenazo repentino o cualquier obstáculo inesperado. En estas circunstancias, la prioridad absoluta es reducir la velocidad lo más rápido posible sin perder el control del vehículo.
La primera reacción debe ser firme y decidida: pisar el pedal del freno a fondo y mantener la presión constante. En los vehículos equipados con ABS, las vibraciones que pueden sentirse en el pedal son completamente normales y forman parte del funcionamiento del sistema.
Pisar el embrague durante una frenada de emergencia
El principal motivo es evitar que el motor siga transmitiendo movimiento a las ruedas. Cuando el coche circula engranado, la mecánica mantiene una conexión física entre el motor y la transmisión. Si durante una frenada intensa las revoluciones caen por debajo del mínimo necesario, el motor puede terminar calándose.
Un vehículo calado pierde parte de su capacidad de respuesta y puede dificultar una maniobra posterior de evasión si todavía fuese necesaria. Por ese motivo, los especialistas de la revista de la DGT recomiendan pisar el embrague al mismo tiempo que el freno. De esta forma se desacopla el motor de las ruedas y se evita que la transmisión siga empujando el vehículo cuando se está intentando detener.

Tan importante como los pedales es la mirada
Muchas personas se centran exclusivamente en el freno y olvidan otro aspecto fundamental: la dirección de la mirada. En una situación de emergencia, el conductor debe mirar hacia la zona por la que quiere pasar y no hacia el obstáculo que intenta evitar.
Este comportamiento ayuda al cerebro a dirigir el vehículo de manera más eficaz y reduce el riesgo de movimientos bruscos e instintivos. Sujetando el volante con firmeza y evitando correcciones violentas se incrementan las posibilidades de mantener el control durante toda la maniobra.

La clave está antes de la frenada
Aunque conocer la técnica correcta es importante, los especialistas recuerdan que la mejor frenada de emergencia es la que nunca llega a producirse. Mantener una distancia de seguridad adecuada, adaptar la velocidad a las condiciones de la vía, anticiparse al tráfico y observar lo que sucede varios segundos por delante siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar accidentes.
Porque cuando el peligro aparece de repente, apenas existen décimas de segundo para reaccionar. Y en ese momento, saber que hay que pisar con decisión tanto el freno como el embrague puede marcar la diferencia entre un susto y una colisión.

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