Durante años, lo habitual era que el litro de diésel costara más que el de gasolina. Era una diferencia que los conductores podían comprobar fácilmente cada vez que llegaban a una estación de servicio.
Ahora el escenario se ha dado la vuelta. La diferencia entre ambos carburantes se ha reducido hasta cambiar de signo y la gasolina ha pasado a situarse por encima del gasóleo.
Más información
La gasolina ha subido más que el diésel
La diferencia actual puede parecer pequeña, pero resulta mucho más llamativa cuando se compara con el comienzo del verano. El 1 de julio, la gasolina tenía un precio medio de 1,442 euros por litro y el diésel se situaba en 1,505.
En aquel momento, el gasóleo costaba 6,3 céntimos más por litro que la gasolina. Ahora ocurre justo lo contrario: la gasolina está 2,7 céntimos por encima.
En apenas poco más de dos meses, el precio de la gasolina 95 ha aumentado unos 40,1 céntimos por litro, mientras el diésel lo ha hecho en torno a 31,1 céntimos respecto a aquellas referencias.

Las ayudas fiscales al diésel y gasolina
El cambio no se explica únicamente por la evolución del mercado. Desde el 1 de septiembre, el diésel disfruta de una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, mientras la gasolina cuenta con cinco céntimos.
La diferencia se debe a la cláusula de salvaguarda incluida en las medidas aprobadas para hacer frente al encarecimiento energético. El mecanismo se activó porque el precio del gasóleo había aumentado un 15,7 % interanual en julio, por encima del umbral del 15 % establecido por el Gobierno.
La gasolina, en cambio, registró una subida del 7,3 %, por lo que no alcanzó ese límite. Su descuento continuó reduciéndose según el calendario previsto y quedó situado en cinco céntimos.
El resultado es una situación poco habitual: el carburante que tradicionalmente era más caro recibe ahora una ayuda fiscal mayor, mientras la gasolina afronta una bonificación mucho más pequeña.
¿Cuánto cuesta llenar un depósito de gasolina o diésel?
La diferencia se entiende mejor cuando se lleva al coche. Con un depósito de 50 litros, llenarlo con gasolina 95 al precio actual supone unos 92,15 euros.
En el mismo automóvil, si utilizara diésel y tuviera un depósito de idéntica capacidad, la factura sería de aproximadamente 90,80 euros.
La diferencia es de apenas 1,35 euros por repostaje, pero puede crecer con el número de visitas a la gasolinera. Para un conductor que recorra muchos kilómetros al año, unos pocos céntimos por litro terminan acumulándose.
Además, el depósito real cambia mucho según el modelo. En coches con capacidades de 60 o 70 litros, la distancia entre ambas facturas sería mayor aunque se mantuviera exactamente la misma diferencia por litro.
El Brent también tiene parte de culpa de la subida
La fiscalidad explica buena parte del giro, pero el precio del combustible empieza bastante antes de llegar al surtidor. Uno de los principales factores es la cotización del petróleo, especialmente el Brent, la referencia utilizada en Europa.
El barril volvió a superar los 90 dólares y se mueve ahora alrededor de los 95-98 dólares por las nuevas tensiones entre Estados Unidos e Irán y el riesgo de interrupciones en el estrecho de Ormuz. Cuando el crudo aumenta, también lo hace el coste de obtener los productos refinados que después terminan en las estaciones de servicio.
Sin embargo, el precio de la gasolina o el diésel no se mueve al mismo ritmo que el Brent. Entre el petróleo y el surtidor intervienen el refino, el transporte, el almacenamiento, la distribución y los márgenes comerciales.
En las últimas semanas, además, el mercado europeo de la gasolina ha soportado una presión adicional por la situación de las refinerías y por la reducción de determinados inventarios.

Qué puede pasar en octubre
La situación actual tampoco tiene por qué mantenerse. Las ayudas extraordinarias están previstas hasta el 30 de septiembre, por lo que el inicio de octubre puede volver a cambiar la fotografía.
Además, la evolución de la bonificación dependerá de que vuelva a activarse o no la cláusula de salvaguarda. Para ello, el precio de alguno de los carburantes tendría que registrar una subida interanual superior al 15 % en el periodo de referencia establecido.
Si se vuelve a superar ese umbral, el mecanismo permitiría mantener o ampliar la protección prevista para ese carburante. Si no ocurre, las ayudas seguirían el calendario fijado y el descuento extraordinario desaparecería.
Pero el impacto dependerá también de dónde esté entonces el Brent y de cómo evolucionen los mercados de productos refinados. Un petróleo más barato podría amortiguar parte de la subida, mientras que un nuevo repunte tendría el efecto contrario.
Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, X o Instagram
Gasolina en España: por qué no bajará en septiembre y cuándo podría caer el precio en el surtidor
El MIT pone fin al debate: ¿contamina más un coche eléctrico o uno de gasolina?