Durante años, tener coche propio ha sido sinónimo de comodidad, independencia y, en ocasiones, ahorro frente a otras alternativas de transporte. Sin embargo, hay un país que está empezando a vivir una situación que rompe con esto por completo, puesto que para muchos ciudadanos resulta ya más económico desplazarse en taxi que utilizar su propio vehículo de combustión.
Según datos del Ministerio de Transportes de China recogidos por Reuters, los viajes en taxi y plataformas de movilidad alcanzaron los 3.050 millones durante el pasado mes de mayo. La cifra supone un crecimiento del 6% respecto al mismo periodo del año anterior, coincidiendo con el encarecimiento del petróleo derivado de las tensiones geopolíticas en torno al estrecho de Ormuz.
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Las tarifas bajan en China
Lo más llamativo es que el aumento de la demanda no se ha traducido en trayectos más caros. Al contrario. Mientras los precios de la gasolina han subido en los últimos meses, las tarifas de muchos servicios de taxi y ridesharing han seguido cayendo. De hecho, algunos conductores aseguran que los precios han descendido entre un 10% y un 15% en apenas medio año debido al incremento de la competencia entre operadores.
La explicación está en la combinación de dos factores. Por un lado, la desaceleración económica ha impulsado a muchos ciudadanos a buscar ingresos como conductores de plataformas de movilidad. Por otro, el acceso cada vez más barato a vehículos eléctricos ha reducido significativamente los costes operativos de estos servicios. El resultado es una oferta cada vez mayor de vehículos disponibles y una presión constante para reducir las tarifas.

Flota electrificada
La clave del fenómeno está en el extraordinario nivel de electrificación alcanzado por el transporte urbano chino. Según datos oficiales, aproximadamente la mitad de los 1,3 millones de taxis que operan en el país son ya eléctricos. En algunas de las grandes ciudades, la proporción se acerca incluso al 100%.
Esto significa que una parte muy importante del sector no depende directamente de las oscilaciones del petróleo para desarrollar su actividad. Mientras los conductores de vehículos de combustión sufren el incremento del precio de la gasolina, las flotas eléctricas mantienen costes energéticos mucho más estables. La electrificación se ha convertido en una especie de escudo frente a las crisis energéticas internacionales.

Menos gasolina y más viajes
Los efectos ya son visibles en el consumo energético del país. Reuters señala que China consumió en mayo un 10% menos de gasolina y un 14% menos de diésel que un año antes, pese a que el transporte por carretera continuó creciendo y los desplazamientos durante las festividades alcanzaron niveles récord.
La expansión de las plataformas de movilidad también está desempeñando un papel fundamental. Didi, la principal aplicación de transporte bajo demanda del país, incorporó el año pasado otros dos millones de vehículos híbridos o eléctricos a su red. Con ello, la compañía supera ya los ocho millones de automóviles libres de combustibles fósiles, que realizan aproximadamente el 75% de todo el kilometraje de la plataforma.

Cambio de hábitos
Las ventajas económicas son evidentes. Una conductora entrevistada por Reuters reconocía que, con los actuales precios de la gasolina, prefiere utilizar un taxi para los trayectos más largos porque evita buscar aparcamiento y ahorra combustible, a parte de la cuestión relacionada con el mantenimiento.
A ello se añade un factor cada vez más importante en las grandes ciudades: la comodidad. El usuario evita conducir en entornos congestionados y no tiene que preocuparse por encontrar una plaza de aparcamiento, uno de los problemas habituales en muchas áreas urbanas chinas.
La gran pregunta ahora es si este fenómeno es temporal y desaparecerá cuando se estabilicen los precios de la energía o si por el contrario es una tendencia a futuro y acabará transformando la movilidad urbana, incluida la de los países europeos entre los que se encuentra España.

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