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Estrena un Porsche y horas después se queda sin él y sin carnet por no poder soplar en un control de alcoholemia 

Madrid |

Lo que comenzó como una comprobación rutinaria acabó teniendo unas consecuencias que su propietario difícilmente podía imaginar.

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Un conductor reacciona ante un alcoholímetro.

Estrenar coche suele ser uno de esos momentos que cuesta olvidar. Para un conductor italiano de 54 años también lo fue, aunque la alegría le duró bastante menos de lo que probablemente había imaginado. 

Poco después de salir del concesionario con su nuevo Porsche, se encontró con un control rutinario en la carretera. Lo que ocurrió durante los siguientes minutos terminó convirtiendo aquel estreno en un serio problema. 

Una prueba de alcoholemia que nunca llegó a terminar 

Todo comenzó la noche del 24 de abril de 2026. Cuando circulaba por la provincia italiana de Pordenone, los Carabinieri detuvieron al conductor y le solicitaron que realizara una prueba de alcoholemia. 

El hombre accedió e intentó soplar en el aparato en varias ocasiones. Sin embargo, cada esfuerzo terminaba con fuertes ataques de tos y el aire llegaba de forma parcial y discontinua, por lo que el dispositivo no conseguía obtener una medición válida. 

La situación levantó las sospechas de los agentes, que interpretaron aquellos intentos fallidos como una posible forma de evitar el examen. El episodio terminó tramitándose como una presunta negativa a someterse al control. 

Hay un detalle importante: nunca llegó a obtenerse una tasa de alcohol. El problema no surgió por un resultado positivo del etilómetro, sino porque fue imposible conseguir una muestra de aire suficiente para efectuar la comprobación. 

Una persona sostiene un alcoholímetro.

El motivo estaba en su historial médico 

La versión del propietario era muy diferente. Aseguraba que en ningún momento se había negado a colaborar, sino que una enfermedad respiratoria que padecía desde hacía años le impedía mantener la espiración necesaria para completar correctamente el test. 

Su explicación tampoco apareció semanas después como argumento para recurrir. Al día siguiente presentó documentación médica que acreditaba sus problemas respiratorios, aunque inicialmente los certificados aportados no fueron considerados suficientes para justificar lo sucedido. 

Las consecuencias llegaron poco después. El 27 de abril se ordenó la retirada de su permiso y el secuestro administrativo del Porsche Macan que acababa de adquirir. Tres días más tarde, la Prefectura estableció una suspensión del carnet durante un año. 

En apenas unas jornadas había pasado de recoger su nuevo vehículo a no poder conducirlo y enfrentarse a un procedimiento por lo ocurrido durante el control. Para revertir la situación necesitaba demostrar que realmente existía una limitación física detrás de aquellos intentos frustrados. 

Dos médicos estudiaron lo sucedido 

La defensa recurrió a una valoración de un médico forense. Su análisis determinó que las dificultades experimentadas eran compatibles con una patología alérgica y asmática que el hombre padecía desde hacía tiempo y que podía explicar los episodios de tos. 

Pero el procedimiento no se resolvió únicamente con el informe solicitado por el afectado. La Fiscalía encargó otra evaluación independiente a otro médico forense para determinar si aquella enfermedad podía justificar realmente lo ocurrido durante la prueba. 

El segundo especialista llegó esencialmente a la misma conclusión. Los problemas para proporcionar una muestra adecuada resultaban compatibles con el asma y no permitían sostener que hubiese existido una voluntad deliberada de eludir el examen. 

Los nuevos elementos modificaron el rumbo del caso. El fiscal solicitó el archivo del procedimiento penal y el juez de instrucción aceptó la petición el 6 de julio. 

Un conductor durante un control de alcoholemia.

Recuperó el coche y el permiso 

Mientras se resolvía la vertiente penal, también avanzaba el procedimiento administrativo. El juez de paz había suspendido provisionalmente las medidas el 26 de junio mientras se completaban las comprobaciones necesarias sobre el estado de salud del conductor. 

Finalmente quedaron anulados el acta levantada durante aquella intervención, el secuestro administrativo del vehículo y la suspensión del carnet. Más de dos meses después del incidente, el propietario pudo volver a disponer de ambos. 

No poder soplar no siempre significa negarse 

El asunto cuenta además con precedentes en Italia. La Corte de Casación ya había abordado situaciones en las que determinadas enfermedades impiden proporcionar correctamente el aire necesario para realizar un control mediante etilómetro. 

En una resolución de 2012, la Justicia italiana consideró relevante que existiera una afección respiratoria acreditada capaz de explicar objetivamente por qué el conductor no podía completar las espiraciones requeridas por el aparato. 

Eso no convierte cualquier intento fallido en una justificación. La jurisprudencia también permite considerar una negativa aquellos casos en los que el conductor actúa deliberadamente para impedir que pueda obtenerse una muestra válida. 

La diferencia reside precisamente en las circunstancias de cada episodio. En este caso, la existencia de una enfermedad previa y las posteriores valoraciones forenses permitieron acreditar el origen de las dificultades que habían aparecido durante aquel control. 

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Ruth García Perfil de Ruth García en Linkedin

Nació en Madrid y desde pequeña soñaba con conducir. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y amplió su formación en Barcelona con un máster en Periodismo Deportivo en la Universitat Pompeu Fabra. Especializada en motor y también en competición, combina la redacción con la radio y la cobertura de grandes premios de motociclismo. 

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